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Cinco días en el Marañón. (Parte III)


Nuestra aventura de cinco dias, a orillas del río Marañón, llega a su fin. Después de más de 24 horas sin dormir y viajando en una canoa motorizada llegamos a Cuniníco. Se produce el ansiado encuentro entre mi Primo y su madre. Mi primo toma una decisión inesperada luego de hablar con su madre y de llegar a un acuerdo con su ex – pareja.
(Para seguir el hilo de este relato le recomendamos leer las partes I y II).

Día 4. El reencuentro
Son las dos de la mañana y a lo lejos se ve el parpadeo de las primeras lámparas de kerosén de Cuninico. La esposa de Don César corre a recibirnos en el atracadero. En la sala nos esperan los abrazos de mi tía y de mi madre, y en la cocina un guiso de gallina de chacra. A las tres de la mañana mi cuerpo ya no puede cargar conmigo y me rindo al sueño. En la sala, mi tía Nelly y su hijo hablan de muchas Cosas, demasiadas.

La mañana es un completo ajetreo. La tía Nelly ha convencido a mi primo para que tanto él como sus hijos vayan a Lima y empiecen una nueva vida. El primo esta ahora metido en la ansiosa tarea de rematar todas sus posesiones: su casa en el pueblo al compadre, su chacra de plátanos a su comadre, sus redes y arpones para pesca a una viuda, sus mesas y sillas las compro yo y se las regalo a Don Cesar, la escopeta a un vecino de buena puntería, y el remo de balso, me lo compro también para llevarlo a Tarapoto.

Por la tarde comprendo que es inútil tratar de fotografiar a los inquietos delfines. Maldigo la lentitud de mi cámara y me doy al oficio más productivo de charlar con mi nuevo amigo. Don Mauro Alvarado, es un amable oso de bigotes y mirada franca, quien me cuenta de sus tiempos en “la petrolera” como trabajador de la transnacional Hally Burton. Me cuenta también que tiene familiares en Tarapoto a quienes casualmente conozco.

Día 5. Urarinas
Vamos hasta Urarinas, la capital del distrito, para hacer todos los trámites legales que le permitan a mi primo llevarse a sus hijos hasta Lima. La madre de los niños esta de acuerdo y me sorprende gratamente la diplomacia con que se trata el espinoso asunto, así como la predisposición del juez para resolver el tema de la mejor manera. Queremos partir a Yurimaguas esa misma noche, pero esperamos en vano la llegada de alguna motonave. Don Mauro nos invita, como consuelo y despedida, un poco de masato caliente con “ponche” , y nos quedamos charlando hasta muy tarde sobre política y sueños.

La despedida
Una motonave, pintada en blanco y celeste, llega al puerto recién cerca de las diez de la mañana. Está mucho más limpia y tiene mejor comida abordo que la que tomamos en Yurimaguas. Nos subimos y desde la cubierta nos despedimos agitando los brazos. Nos despedimos de Cuninico, y del corazón grandes de Don César y su familia.

En la motonave la gente trata de adivinar y desatar los hilos de consanguinidad de nuestro extraño grupo: dos mujeres de más de cincuenta; dos jóvenes de treinta; un muchacho de doce años; un niño de siete; y una niña de año y medio. Dejan de mirarnos cuando uno de los ayudantes de la nave pesca un bagre descomunal con una cuerda para amarrar caballos.

Cuando llego a casa, dos días después, casi no puedo con mi alma. Durante el viaje de retorno no podía quitar de mi mente a Cuninico y a su gente. A los amigos que hicimos y a su dura lucha por salir adelante. Tampoco puedo olvidar el dato que me dieron sobre el empresario español que habría construido una carretera de setenta kilómetros en el mismísimo corazón de la reserva natural Pacaya-Samiria. La carretera sería utilizada para sacar caoba del parque, con la bendición y complicidad de la gente de INRENA.

Me dan asco las historias de corrupción y el bullicio electoral que encuentro en Tarapoto. Cierro las ventanas, apago la radio y le digo a mi mujer: - Prométeme que me ayudarás a deshacerme de las cosas inútiles que tenemos y a tratar de llevar una vida más sencilla. Ella me mira, sonríe, y me dice con maldad fingida: -¿Eso incluye botar tus libros y tus discos de Silvio Rodríguez?
-Mujer, estaba hablando de cosas inútiles, no de productos de primera necesidad.

Fin.


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