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Simular, una necesidad, una cultura

Nota de Lalo Zanoni en su newsletter "Teik Away"




El mercado de Obras de arte falsificadas no para de crecer en todo el mundo. En China se subastan por millones de dólares obras que resultan falsas. Es Tan Grande la demanda de este tipo de piezas que cientos de miles de chinos trabajan en la industria de la falsificación. Algunas obras tienen una calidad asombrosa y para averiguar si son verdaderas tienen que mandarlas a estudiar por expertos. Es un proceso que puede tardar meses y además es muy costoso. Mejor dejarlas en el living.
Muchas de esas obras se usan para hacer regalos empresariales después de millonarias licitaciones. Un soborno que ya tiene nombre. Los chinos le dicen "yahui", que significa "soborno elegante".

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Nuestros presidentes se sientan en el "Sillón de Rivadavia". Pero en realidad no es el que perteneció a Bernardino Rivadavia. Es más, el de Rivadavia nunca existió. Nunca tuvo un sillón especial.
El actual, donde se sienta Alberto Fernández, se usa desde la primera presidencia de Julio Argentino Roca y data de 1885.

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Los partidos de fútbol de ahora se juegan sin público, con las tribunas vacías. Se ponen banderas e incluso llegaron a poner cartones con fotos de los hinchas y personas hechas por animación, como en los videojuegos. Pero lo que más me impresiona es el ruido ambiente que le ponen a las transmisiones por tele. Cuando alguien hace un gol, se escucha a la hinchada gritar gol. O cuando la pelota pasa cerca del arco, se escucha "uhhhh". El otro día Messi metió un gol en la Bombonera y la hinchada gritaba "Messsiii, Messsssi".
Pero en la cancha no hay nadie. Era un parlante.

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Leí que varias aerolíneas de Asia y Australia están ofreciendo vuelos reales pero a ninguna parte. Despegan, vuelan un rato y un par de horas después, aterrizan en el mismo aeropuerto de partida. La idea es un éxito y los pasajes se agotan en pocas horas. Los pasajeros sienten algo parecido a la emoción de entrar a un aeropuerto, hacer el checkin, subirse a un avión, comer la comida a bordo y aterrizar. Flight Simulator.

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En Las Vegas hay hoteles temáticos. Por ejemplo, adentro del Venetian, hay un paseo para recorrer los canales de Venecia. Los gondolieri, vestidos con remeras a rayas rojas y blancas, te hablan en italiano y te llevan a remo en un góndola hasta una Plaza San Marcos que imita a la original. Suena la canzonetta de fondo y todo es bajo techo pintado de celeste con nubes. Afuera, a pocas cuadras, está el hotel Paris. En la entrada hay una Torre Eiffel de 165 metros de alto. De noche se ilumina y los turistas se sacan fotos con la torre atrás.

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El mercado de ropa falsa es cada vez más grande. Mueve millones de dólares y detrás hay verdaderas mafias muy bien organizadas. En las calles de Europa o en el barrio chino de New York venden carteras Louis Vuitton, Prada, Gucci, Channel, Birkin. Las compran la gente de clase media-alta que no llega a comprar una original. Muchos de ellos no dicen cartera trucha sino "réplicas" o "imitaciones".
En Beijing, China, recorrí un mercado infinito de puestos de ropa, zapatillas y carteras truchas. Era tan grande que adentro te perdías, cada puesto era igual al otro y vendían lo mismo. Los vendedores te persiguen durante una hora si le preguntás how much. El regateo puede terminar en un par de zapatillas All Star por 1 dólar. No exagero. Me llevé dos bolsas llenas de ropa "de marca" por 20 dólares.
Ese día me enteré que había distintos niveles de imitaciones. Con un colega mexicano -hoy amigo-, nos llevaron a una especie de VIP donde había relojes. Imitaciones de mucha calidad. Rolex, Omega, Tag, Cartier, etc. Nos explicaron que son idénticos y hay que ser casi un experto para darse cuenta que son falsos. Imitan hasta el peso exacto de los originales. Las copias podían valer 500 dólares o más. Los compraban empresarios y gente con plata.

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En el siglo pasado existían "las lloronas": personas que iban a los velorios y a los entierros a llorar a un muerto por unos pesos. Además de una cuestión de status social (cuanto más llanto y dolor, más importante era la persona), las lloronas cumplían una función muy importante: catalizar el llanto de los demás. Ver y escuchar el dolor ayuda a que uno se afloje y se anime a expresar también el suyo. El llanto -como la risa- es contagioso.

La simulación como ordenamiento social. Como válvula de descompresión. Todos, en alguna medida, necesitamos simular.

¿Vos qué simulás?
 
 
Fuente: Teik Away 17 


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