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El barquito chiquitito - Antonio Tabucchi


 "(...) “Pero, ¿dónde está la poesía?.” Después, como si se avergonzara de su pregunta, dio media vuelta y se precipitó escaleras abajo, saltando los escalones de dos en dos."







Tabucchi, Antonio. El barquito chiquitito.
Madrid: Anagrama, 2018


Il piccolo naviglio. Traducció de Carlos Gumpert.
Col·lecció Panorama de Narrativas, 980


::: Què en diu la contraportada...
Esta es la segunda novela de Tabucchi, publicada en 1978, poco después de Piazza d’Italia. Ambas forman una suerte de díptico «preportugués», en el que el joven escritor está buscando su voz definitiva y explorando los resortes de la novela.

El barquito chiquitito es por tanto un libro seminal, que tras su publicación estuvo muchos años descatalogado e injustamente olvidado. Cuando se recuperó, el autor escribió para la ocasión un prólogo en el que dice: «No había vuelto a leer este libro desde que lo escribí, y hasta yo mismo me sorprendo. (...) Aquí está la Historia con mayúsculas, desatinada muchacha que acarrea jubilosa duelos y malandanzas; la historia sin mayúsculas de nuestro país, por el cual sigo sintiendo la nostalgia de lo que habría podido ser y no es (...). Y, sobre todo, está el fenotipo de muchos personajes míos que vendrían después: un personaje derrotado pero no resignado, obstinado, tenaz.»

Este personaje es aquí Sesto, y la Historia con y sin mayúsculas es la de la Italia del siglo XX, recreada en la novela a través de la familia de Sesto, desde la generación de los abuelos. Aparece en estas páginas una Italia rural y de pequeñas ciudades de provincias, un pueblo que vive de una cantera, la llegada de la electricidad y los primeros coches, dos guerras, dos hermanas gemelas amadas por un insulso burgués que tendrá con una de ellas un hijo ilegítimo, el hermanastro legítimo de este... Uno de estos hermanos se hará fascista, y el otro, maestro de escuela, acabará prisionero de los nazis; en la posguerra el fascista se pasará a la Democracia Cristiana, y así llegaremos a los convulsos sesenta, con una chica llamada Rosa en honor de Rosa Luxemburgo cuyo destino será acaso tan trágico como el de la líder espartaquista...

Tabucchi retrata la evolución de Italia a lo largo de un siglo convulso en una obra temprana pero nada primeriza ni titubeante (...).

::: Com comença...
Tendrían que pasar muchos años desde el principio de esta historia, cuando Leonida (o Leonido) estaba cruzando a nado un torrente gélido, antes de que Capitán Sesto se pusiera a recorrer en sentido contrario toda su ruta.

::: Moments...
(Pàg. 27)
Cuando Capitán Sesto, al final de su historia, se puso a pensar en quién había llevado antes que él su aritmético nombre, regresó con su imaginación a una lejana tarde de agosto refrescada por una tormenta veraniega, cuando el primero de todos los Sestos de esta historia, imponiéndose a las angostas vísceras maternas, se asomó al horizonte de este mundo.

(Pàg. 30)
(...) el bosque ya se mostraba tupido, acolchado por hojas húmedas y rojizas, humeante al alba; y el camino se volvía escarpado y reluciente de escarcha, oponiéndose a los cascos del caballo, escapándosele por debajo, marchándose por su cuenta, convertido en cinta que saltaba los despeñaderos del monte y volaba derecha hacia los muros grises que almenaban el cielo incierto.

(Pàg. 55)
(...) esas estaciones y ese tiempo, que en esta historia pasan con ilícito apresuramiento, pasaban en cambio lentos, allí y en aquel tiempo. Pasaban lentos llevándose consigo la costumbre que todo lo vuelve soportable y crea otros sistemas de vida, legítimos a su manera y auténticos y vivibles.

(Pàg. 69) 
(...) Y mientras tanto pasaban las semanas y discurría el mundo: África Oriental era italiana o no tardaría en serlo, y los daguerrotipos acartonados retrataban carrozas refulgentes, sin caballos y con timón de guía, llamadas automóviles. Era el progreso (...).

(Pàg. 95)
No se hace uno adulto hasta que no se piensa en la infancia con nostalgia, aunque haya sido una infancia de piedras; en ese momento esta se nos aparece como un planeta perdido en el tiempo, inalcanzable y presente aún, como una fotografía que nos retrata pero de la que hemos salido irremisiblemente, y nos damos cuenta de que ser adulto es solo haber desaprendido a ser niño.

(Pàg. 106)
(...) ese tiempo acabaría por llegar, porque el tiempo siempre tiene prisa, aunque no lo demuestre, y sabe engullir años y años de un bocado.

(Pàg. 161)
Su silencio era una cápsula sin paredes pero más resistente sin embargo que el hormigón del ingeniero Zanardelli; desde allí podía mirar hacia fuera a su gusto, pero por el contrario nadie podía mirar hacia adentro. Protegido por su campana de silencio, Sesto empezó a registrar en su archivo de los recuerdos recordables, perfectamente salvaguardado de toda indiscreción, pequeños signos, rayitas, ganchitos y círculos, burbujitas de tinta, palitos y guioncitos; aprendió a conjugar todos esos signos, a separarlos cuando era oportuno, a quebrarlos con dos pequeñas líneas cuando llegaba al final de la página, a dejarlos correr como trenes. Y después volvió a leerlos, pero solo mentalmente.

(Pàg. 165)
(...) el pequeño Sesto dejó que el tiempo discurriera a su lado sin sumergir en él ni in dedo siquiera. Se limitaba a verlo discurrir, preservado por la inocencia del silencio que lo mantenía fuera del tiempo, y que podía mirar como una fotografía que entendemos pero que no nos concierne.

(Pàg. 167)
Hay que ver qué lentos pasan los años cuando se están viviendo, y lo rápido que pasan cuando ya los hemos vivido.

(Pàg. 177)
(...) cuando uno es joven, parece como si el tiempo no existiera, porque no se le ve transcurrir: el tiempo pasa para los demás, no para quien lo mira desde fuera y se siente inmune a él.

(Pàg. 178)
(...) Y comprendió también con esa sensación de pánico y de asombro propia de un poeta sin poesía, que él no era más que un punto de un tiempo en progresión, resultado y principio, adición y suma; y sintió ganas de alargar la mano hacia el río de las cosas para pescarse a sí mismo, para aferrar ese barquito chiquitito llamado Sesto Degli Angeli (...).

(Pàg. 179) 
Pero ¿cómo explicar lo que buscaba, cómo pedir consejo acerca de lo que quería? Balbuceó confusamente, entrando como un ciclón en aquella habitación atiborrada de hojas desde la que se veían los tejados de Florencia; farfulló, tropezó con sus propias palabras, se confundió, empezó a toser, se miró los zapatos, que estaban inmóviles en un pavimento que discurría, miró a su amigo Sócrates, que discurría en una habitación que discurría, miró por la ventana los tejados, que discurrían en un mundo que discurría, y preguntó en voz baja: “Pero, ¿dónde está la poesía?.” Después, como si se avergonzara de su pregunta, dio media vuelta y se precipitó escaleras abajo, saltando los escalones de dos en dos.

(Pàg. 213)
Es curioso cómo consigue la memoria deformar la realidad no solo cuando le prestamos poca atención y esta, vaga e incierta, pasa a nuestro lado como un sueño soñado con los ojos abiertos, sino también cuando se trata de una realidad despiadada e hiriente, que nos agrede y nos hace vivir con cruel exhaustividad, sin darnos tregua.

(Pàg. 225)
(...) había un tal Sesto; mejor dicho, varios Sestos; un único, ininterrumpido Sesto, igual que él, siempre de regreso.

::: Què en penso...
Que un servidor és un incondicional de l'obra de Tabucchi no us ha de sorprendre. La seva rotunditat amb el tractament de la Història i del Temps, la seva brillant manera de nodrir-se d'altres autors i textos, la nostàlgia que conté la seva narrativa,... conformen un segell molt característic i cértament únic. 

Per això, encara que El barquito chiquitito sigui la novel·la d’un escriptor en formació publicada molt més tard del que es mereixia, és una nova mostra del mestratge de l’italià i la confirmació que Tabucchi actua com a clar referent en la narrativa de molts autors posteriors.

Un barquito chiquitito relata les vivències dels diversos membres d’una nissaga familiar durant bona part del segle XX. En paral·lel a aquestes petites històries en minúscula, Tabucchi fa tota una feina d’orfebreria literària explicant la gran Història (en majúscules) de la Itàlia contemporània als personatges.

Antonio Tabucchi centra la narració en Sesto, una mena d’alter ego del propi escriptor, que recull en forma de memòries l’itinerari dels diversos membres de la família. Un Sesto que és el capità d’una nau, metàfora de la nissaga familiar, que recorre la Història.

Tabucchi basteix la novel·la amb–permeteu-me la llicència- una narrativa en espiral, és a dir: una prosa que itera volgudament fets i situacions, mostrant-nos diferents aproximacions i enfocaments als mateixos. És així com la postmodernitat treu el nas en aquesta novel·la.

Però també amb recursos que –si llegiu la resta de la obra de Tabucchi- veureu que seran recurrents: narrativa difuminada i etèria (com de somni, com de nostàlgia); tractament de l’acció de manera fragmentada; importància del transcurs del Temps,...

Amb tot, el record de García Márquez flota en determinats moments però fineix tant aviat Tabucchi estableix la seva pròpia estètica en una narrativa de frase llarga;  en una prosa que fluctua del realisme a la poètica mitjançant la fantasia i el realisme màgic.

És cert que en certs moments, sobretot pel lector que arriba de nou en nou al món literari de Tabucchi, un pot tenir un empatx de descripcions; experimentar vertigen davant la fragmentació de l’acció; o angoixar-se pels finals no acabats... Però és d’aquesta manera que l’italià caracteritza la seva esplèndida obra. El barquito chiquitito, ens permet ser testimonis de com començava a fer-ho.

::: Altres n'han dit...
Las lecturas de Guillermo, La Nación (A. Patat), Eugenia Almeida, ABC (M. Monmany), La Capital (S. Riestra), Finanza & Lambrusco, Le Temps (M. Sabbatini)

::: Enllaços:
Antonio Tabucchi, context i importància, la Història (amb majúscula) com a personatge, l'estilisme i l'estètica definitòria.



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