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Crítica: Juegos secretos ("Little children")

Perdidos
en la inmadurez


Bajo la tranquila apariencia de un Barrio Residencial norteamericano cualquiera, en el que las madres no tienen más preocupaciones que acordarse de llevar la merienda de sus niños cuando van con ellos al parque, escondidos en el sustrato más oculto de las relaciones matrimoniales de parejas aparentemente bien avenidas, encontramos deseos, frustraciones e inseguridades que gobernarán las vidas de los personajes que protagonizan Juegos secretos ("Little Children").

En ese Barrio residencial cualquiera, los relojes avanzan a un ritmo excesivamente lento. O almenos así lo percibe Sarah, personaje interpretado por Kate Winslet, una mujer joven que ve como su vida pasa con la mayor monotonía imaginable, inmersa en un matrimonio infeliz, hasta que conoce a un joven padre que llama la atención de todas las madres del barrio. Sarah y Brad se conocen de manera inesperada y divertida en el parque donde suelen llevar a sus niños. Ambos están casados con sus respectivas parejas pero la insatisfacción de ella en su matrimonio y la inmadurez de él les conducen a una vorágine de emociones que parece en algunos momentos que puede escapárseles de las manos.

El director, Todd Field (conocido por “In the Bedroom”, nominada en 5 categorías a los Oscars) muestra una infalible habilidad de hurgar en los sentimientos más íntimos de los personajes que viven en ese aparentemente apacible barrio y los pone al descubierto, a la vista del espectador.

La Historia narrada a modo de cuento, con la constante presencia de una voz en off quizá a ratos excesiva pero imprescindible al fin para describir a la perfección lo que en ocasiones no consiguen explicar las imágenes. Aunque hay escenas como la que transcurre durante la cena en casa del matrimonio de Brad y que no necesitan más que de miradas para ser comprendidas. La puesta en escena está perfectamente calculada mediante una acertada combinación de silencios, palabras y el sonido de una locomotora de vapor que presagia los momentos decisivos de la trama.

Pero aunque el título de Juegos secretos puede llevar a engaño al destacar la relación adultera sobre el resto de personajes, el tema de la pedofília juega también un papel importante en esta historia. El drama empieza tras la puesta en libertad de un exhibicionista, un pedófilo que escandaliza a todo el vecindario llegando incluso a situaciones realmente rocambolescas (veáse la escena de la piscina). De la historia se desprende una crítica a la doble moral basada en prejuicios que se evidencia con la relación que mantienen el inspector de policía y el pervertido. El pedófilo Ronald (excelentemente interpretado por Jackie Earle Haley, ganador del Oscar 2006 a mejor actuación secundaria por esta película) se nos muestra como un personaje frágil, víctima de la sobreprotección de su anciana madre, hasta el punto de que se ve incapaz de afrontar la vida sin ella.

La película nos habla del deseo, de cómo puede llegar a dirigir nuestra vida hasta hacernos perder el control o cómo podemos reprimirlo por considerarse aberrante o inmoral por el resto de la sociedad. Una historia sobre lo que escondemos para no dañar a otras personas, o lo que debemos sacrificar para nuestra felicidad personal. Pero sobretodo de personajes que están (o se sienten) perdidos en una existencia que no les satisface. Personas a las que les falta algún aliciente en sus vidas, algo que les libere de cárcel monótona en la que están inmersos, algo que dé un sentido pleno a sus vidas vacías.


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