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The Devils (Ken Russell, 1971)


Ficha técnica

De toda la filmografía del polémico director Ken Russell destaca sobretodo una película, The Devils, filme que contiene todos los excesos y virtudes de su cine y que se ha convertido en todo un mito y película de culto. Gran parte de sus controvertidas imágenes tuvieron que ser eliminadas para no obtener la clasificación de película X. Estas escenas se perdieron, y no fue hasta en el año 2004 que se pudo ver una copia casi íntegra en el "National Film Theatre" de Londres, versión que el mismo Ken Russell daba por imposible. El crítico Mark Kermode fue quién encontró en el 2002 la escena de la violación de Cristo, así como el resto de escenas descartadas. Así, por fin se puede ver en todo su esplendor la representación cinematográfica que hizo Ken Russel del caso de las monjas ursulinas cuya supuesta posesión diabólica en el convento francés de Loudun fue uno de los sucesos más famosos de la época de Luis XIII y el Cardenal Richelieu. La película está basada en un ensayo de Aldous Huxley, The Devils of Loudun, publicada en 1952, que se basó en el suceso real para escribirlo. Anteriormente Jercy Kawalerowicz ya hizo una película sobre el tema, “Madre Juana de los ángeles” (Matka Joanna od Aniolow, 1962), aunque se basaba más en lo que ocurrió después de estos acontecimientos.






La película de Ken Russell, aunque tenga como base el tema de la posesión de las monjas, se centra principalmente en el personaje de
Grandier, el sacerdote al que el Cardenal Richelieu acusa de hechizar a las monjas. Para ello se basa en que las eclesiásticas tienen fantasías sexuales con él, llegando alguna de ellas hasta a consumar el acto. La madre superiora es quien está más obsesionada con el sacerdote, y es a ella en principio a quien se le acusa de estar poseída por el diablo. Mediante unas torturas sexuales salvajes se le obliga a que confiese El personaje del padre Grandier está brillantemente interpretado por Oliver Reed, actor fetiche de Ken Russell que ha trabajado en varias de sus películas.



Las razones de toda esta conspiración son que Grandier, después de la muerte del gobernador Saint-Marthe, asume los poderes de la ciudad protestante de Loudoun, situada en una fortaleza. El Cardenal Richelieu llega a la ciudad con un grupo de hombres con la idea de derrumbar los muros , para tener un mayor control sobre ella. Grandier se opone a ello alza al pueblo contra los invasores, amenazando de muerte al Cardenal, exigiéndole un decreto real del que no dispone. Richelieu inventará todos estas historias sobre el sacerdote para demostrarle al Rey Luis XIII que Grandier está poseído por el diablo y así poderlo eliminar de su camino y seguir con su lucha particular contra los protestantes. Su fin es conseguir una Francia donde Iglesia y Estado sean una misma cosa y eliminar todos los auto-gobiernos de las pequeñas ciudades.


Aunque toda la historia de por si ya tiene el suficiente interés como para mantener ocupado al espectador, lo que más llama la atención en esta película es la forma en la que nos lo muestra Ken Russell. En la escena inicial ya vemos el peculiar estilo de este director con una representación del nacimiento de Venus, interpretada por un Luis XIII travestido, mostrándonos claramente las tendencias sexuales de este. Recordemos que siempre ha existido la polémica sobre la presunta homosexualidad y misoginia del antiguo Rey de Francia. Ken Russell no tarda ni un minuto en ofrecernos su visión al respecto. En dicha representación, rodeando al católico Cardenal Richelieu, se encuentran numerosos transexuales, ofreciéndonos un extravagante paisaje.




En una escena posterior vemos a la madre Jeanne en el convento viendo como Grandier ofrece los oficios por la muerte del Gobernador. Los deseos hacia él le impregnan de un sentimiento de culpa, que no es mostrado en una secuencia onírica, con aire bastante surrealista. Este estilo es el que usará Ken Russell durante todo el filme para mostrarnos la culpabilidad de la religiosa. Una de las más impactantes es cuando ve la imagen de Cristo siendo clavado en la cruz, luego este se transforma en Grandier y va volando hacia la ella, esta le lame todo el cuerpo y luego realiza el acto sexual delante de todo el público que presentaba la crucifixión. El personaje de Jeanne, la madre superiora, está interpretado por Vanessa Redgrave. Su papel es impresionante, ofreciéndonos una actuación que pone los pelos de punta. Su expresión, con la cabeza torcida es algo que uno nunca podrá olvidar.




Para demostrar la posesión diabólica de la madre Jeanne, el Cardenal Richelieu se hace con los servicios de un exorcista y cazador de brujas, el padre Barre. Un sacerdote con un aspecto que parece más del siglo XX que del XVII. Después de no poder sacarle nada mediante las torturas lo que hace es coger a todas las monjas del convento para fusilarlas. En el último momento les dice que todavía pueden salvarse, aceptando ante el rey que el espíritu de Grandier las ha poseído. Así las monjas hacen una representación de posesión colectiva frente al rey en una de las escenas más delirantes que se ha rodado jamás. Todas las monjas, desnudas, gritando, revolcándose por el suelo, acariciando cirios como si fueran penes y acabando con una orgía en la que fornican con la figura de cristo en la cruz mientras un sacerdote y varias monjas se masturban contemplando las escena.




Paralelamente a todo esto Grandier vive una historia de amor con una mujer con la que se casa en una ceremonia que oficia él mismo. Las monjas al enterarse de ello harán una especie de representación de la boda, disfrazándose como la pareja. La madre Jeanne al ver tal escena siente unos celos terribles y la locura empieza a apoderarse de ella. Su frustración hará que al final denuncie al sacerdote. Los dotes de Don Juan del padre Grandier quedan bastante claros ya que anteriormente se nos muestra otra relación que tuvo con una mujer a la que deja embarazada.





Los aciertos estéticos de The Devils son muchos. Realmente lo que hace que está película destaque es el diseño de producción, tarea que llevó a cabo Derek Jarman. El convento fue diseñado por él y la sensación que causa ver todas esas baldosas blancas es deslumbrante. Los decorados en general son impresionantes y le otorgan una estética única, añadiendo algún toque moderno en los vestuarios o en algunos elementos escenográficos. Aun así también se nota la mano del director en la puesta en escena, sobretodo en el barroquismo de algunos escenarios y los excesos estéticos que ha usado en numerosos de sus filmes.

ESCENA DE LA PROFANACION DE CRISTO


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