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The Man in the High Castle - La Columna de Logan.



Noviembre va a ser un mes difícil de olvidar para el televidente fan de la acción y la ciencia ficción. Al estreno de la Jessica Jones de Netflix sumado al de The Expanse de Sy-Fy Channel y NBC se le suma la serie que voy a reseñar el día de hoy: The Man in the High Castle, la superproducción de Amazon que adapta en una sola maxi-serie de 10 episodios la novela homónima de 1962 del escritor norteamericano Philip K. Dick. El piloto de la misma fue puesto al aire a comienzos de este año, el 15 de enero, pero el resto de la temporada recién fue ofrecida para su consumo on-line el 20 de noviembre pasado, en su totalidad, como corresponde, y siendo así, hoy aquí en Tierra Freak podemos analizarla completa, sin necesidad de spoilear vueltas de tuercas fundamentales de la trama.


La Novela

Dentro de la vasta y nutrida bibliografía de Philip K. Dick, que incluye 44 novelas publicadas y más de un centenar de cuentos cortos, The Man in the High Castle ocupa un lugar preferencial, no solo en su historial sino también en el catálogo clásico de lectura obligatoria de todo fan del género. ¿Por qué? Porque esta novela, sin llegar a ser la primera que aborda esta temática, es sin duda alguna la que terminó de definir los parámetros de una ucronía, es decir, una historia alternativa que transcurre en un mundo paralelo al nuestro desarrollado a partir de un punto en el pasado en el que algún acontecimiento se desarrolló de manera distinta a como sucedió en realidad. En la historieta, por ejemplo, Watchmen, el galardonado comic de Alan Moore y Dave Gibson es una ucronía, en televisión un buen ejemplo de esto es otra adaptación de una novela que fue reseñada por el camarada Morholt, la Jonathan Strange and Mr. Norrell que adaptó el debut literario de Susanna Clarke, y en el cine, para citar dos producciones que no les resulten tan ajenas, podemos postular la Red Dawn (1984) protagonizada por Patrick Swayze que tuvo su remake en el 2012 esta vez con el protagónico de ChrisThorHemsworth, o también la reciente Inglourious Basterds (2009) de Tarantino.

The Man in the High Castle transcurre en la década del ’60, en un mundo en el cual las fuerzas del Eje (Alemania, Japón, Italia y sus aliados) resultaron vencedoras de la 2da guerra mundial, y siendo así, terminaron ocupando varios países importantes, como por ejemplo Estados Unidos, que termina siendo un reflejo a escala reducida de la posición de las potencias mundiales en el mundo: la costa este de este país está ocupada por los Alemanes, la costa oeste por los Japoneses, y el centro es un territorio neutral que de todos modos tiene “focos” de ocupación germana o nipona.

El punto de divergencia entre The Man in the High Castle y el mundo real es el asesinato del presidente yanquie Franklin D. Roosevelt en 1933, un hecho que termina hundiendo al país de manera mucho más profunda en la gran depresión económica de esa década y no le permite recuperarse, lo que lo condiciona para poder colaborar con los aliados en la guerra que se estaba librando en Europa. Siendo así, Inglaterra y el resto del viejo continente se ven impedidos de poder hacerle frente al Eje, y terminan siendo derrotados, con las consecuencias ocupacionales, sociales y económicas de dicha derrota. Una vez finalizada la guerra, el Führer queda incapacitado por una sífilis cerebral, y el mando recae en manos del canciller Martin Bormann, quien llevó adelante genocidios masivos de judíos y negros (estos últimos sobre todo en África), pero puso especial énfasis en mantener los lazos políticos con sus aliados. Alemania se termina posicionando como una potencia mundial con un poderío armamentístico formidable, y con innovaciones tecnológicas que incluso le permitieron comenzar a avanzar en la exploración del espacio, mientras que Japón se ha dedicado a la conquista de Asia y Sudamérica con resultados dispares, logrando obtener parte de China y Rusia. Durante el transcurso de la novela el canciller Bormann fallece, y es reemplazado por dos jerarcas nazis llamados Joseph Goebbels y Reinhard Heydrich, los cuales compiten por el liderazgo del Tercer Reich, tensan las relaciones con Japón y terminan precipitando todo hacia una guerra fría entre estas dos potencias.

Si bien el apartado político ocupa gran parte del desarrollo de esta novela, The Man in the High Castle es una de las obras de Dick que más énfasis le pone al desarrollo de los personajes, y por eso se la considera, también, una de sus producciones más personales… no en vano terminó siendo la única que ganó el premio Hugo, en 1963. La lista de personajes protagonistas es bastante larga, pero se terminan destacando un espía Sueco de apellido Abwehr que viaja a los estados unidos del pacífico (la parte yanquie ocupada por Japón) para advertirles de un posible ataque nuclear germano en las tierras orientales, una instructora de Yudo llamada Juliana Frink que viaja al estado de Colorado para relacionarse con la resistencia y se termina involucrando románticamente con un espía Nazi llamado Joe Cinnadella, un funcionario japonés llamado Nobusuke Tagomi que está a cargo de dirigir la ocupación nipona en U.S.A. e intenta anticiparse a los movimientos poco honorables de sus aliados alemanes, y finalmente Frank Frink y Ed McCarthy, dos obreros yanquies que terminan desarrollando joyas artísticas que causan un efecto shockeante en muchos de los que tienen acceso a las mismas.

Paralelo a esto, dentro de la ficción de esta novela existe un libro prohibido por el Tercer Reich, la novela The Grasshopper Lies Heavy, supuestamente escrita por Hawthorne Abendsen, el cual se sospecha es el “hombre en el castillo” al que hace referencia el título de la obra, y la misma plantea una ucronía dentro de la ucronía ficcional de Dick: narra los eventos que se sucedieron tras la derrota del Eje, los cuales se asemejan bastante a lo que sucedió en nuestra realidad (salvo que los aliados son derrotados sin la asistencia de U.S.A. y la entrada ocupacional a Berlín la hace el ejército de Inglaterra, país que años después se termina proyectando como una potencia mundial), pero además plantea la posibilidad a los lectores de que la realidad que están viviendo bien podría ser una mentira. Wake Up, motherfuckers!!! Si, los Wachowski no descubrieron la pólvora con Matrix, querido lector. 

El desdoblamiento de la realidad, las conspiraciones paranoicas, el espionaje, las traiciones, el honor, el valor de la cultura en el desarrollo de una sociedad, la lujuria, la obsesión, todos estos elementos juegan un papel fundamental en el entramado de esta obra que despliega un delicado y orquestado puzle sociológico Dickiano que termina sorprendiendo y abrumando por partes iguales, y que por fin tiene una digna adaptación live-action.

La serie de Amazon

Demás está decir que la decisión de los productores de desarrollar esta obra en solo 10 capítulos y no extenderla más de lo necesario es meritoria y digna de un aplauso, es el formato idóneo para este tipo de lecturas y es lo que muchos hubiéramos querido para la adaptación de historietas como V for Vendetta y Watchmen, y tristemente ya no podremos tener. Además, a diferencia de lo que ha sucedido otras veces –no me hagan citar nuevamente las obras de Alan Moore- se haya respetado a rajatabla la década en la cual se desarrolla la ficción de The Man in the High Castle para su versión televisiva (1960) nos ofrece una garantía anticipada de la calidad que tendrá el producto final, pero por sobre todas las cosas le proporciona un clima noir delicioso, que acompañado de una dirección exquisita y una puesta en escena descomunal nos termina entregando un producto atípico incluso para el estándar televisivo actual.

Porque, si convenimos que ya de por sí es difícil retratar exteriores ambientados en décadas pasadas, imaginen el trabajo extra que lleva hacer lo mismo pero adecuando todo a una ucronía con una ocupación Nazi en Norteamérica, ¿no? Los exteriores de los ’60 con pancartas publicitarias gigantes enarbolando el Nazismo en medio de la 5ta avenida de New York, las fachadas de los comercios de los “Estados Unidos del Pacífico” que denotan una ocupación japonesa por sus carteles sobrecargados de kanjis, etc… todo un trabajo magnífico en pos de ofrecer el clima más verosímil posible para esta ucronía fantástica que nos plantean los productores.

En esta versión televisiva, entonces, el protagonismo recae, al menos al comienzo, en tres personajes: la Juliana Crain caracterizada por Alexa Davalos, una estudiante avanzada de aikido que vive en San Francisco con su pareja y, culpa de su hermana, se ve involucrada en una encomienda para la resistencia, el Joe Blake de Luke Kleintank, un camionero espía nazi que se termina involucrando sentimentalmente con Juliana y tiene por delante una peligrosa misión que pondrá en jaque sus creencias, y finalmente el Frank Frink de Rupert Evans, que comienza siendo novio de Juliana y desempeñándose como trabajador en una fábrica, y producto de lo que le sucede luego del “viaje” de su novia, y las terribles consecuencias que esto termina teniendo en su entorno familiar, decide unirse a la resistencia.

Un par de escalones más abajo –no por el desempeño que tengan los actores con sus respectivos personajes sino por el peso protagónico que tienen los mismos, al menos al inicio, en las sub-tramas- está el espléndido John Smith (si, se llama así, posta) de Rufus Sewell, el Obergruppenführer líder del servicio secreto Nazi establecido en New York,  y el Nobusuke Tagomi de Cary-Hiroyuki Tagawa, ministro japonés que lleva adelante la dirección de la ocupación nipona en tierras occidentales.

En esta adaptación, el Führer todavía sigue vivo, pero llegan informes de su calamitoso estado de salud y su pronta muerte, y aquí también la disputa por la conducción del Tercer Reich recaerá en manos de dos psicópatas que casi seguro terminarán arruinando los lazos diplomáticos establecidos hasta ahora entre Alemania y sus aliados, y precipitará todo a un desenlace funesto bañado en sangre. El libro prohibido de la novela original de Dick fue reemplazado por un elemento mucho más “sobrenatural” y difícil de comprender: una serie de cintas que contienen un material documental sobre la victoria de los aliados por encima del Eje. Por supuesto que en esta ucronía eso no puede ser un documental, muchos sospechan que son solo una concatenación de escenas muy bien montadas por elementos de la resistencia, pero el nivel de verosimilitud de las mismas es tan alto que el Tercer Reich prefiere no arriesgarse y puso todos sus recursos para recuperar y destruir las mismas.

Si bien al comienzo de la serie los productores no entraron en detalles sobre cómo se generó esta ucronía y cuáles fueron las consecuencias directas e indirectas, a medida que avanza la misma nos vamos enterando de todo el panorama geopolítico, y lo que no se explicita en palabras se sugiere con imágenes, para no redundar en ningún punto, como por ejemplo las nuevas mentalidades que surgen de las personas que viven en este pedazo de la historia humana, bajo este nuevo contexto. Todos los elementos imperantes de la obra original fueron dispuestos de manera natural y armoniosa, y el relato avanza episodio a episodio con paso firme, lo que probablemente hace de esta una de las mejores adaptaciones literarias que este medio nos dio, aún cuando la misma no esté inspirada en un Best-seller. La dirección de actores, el casting, la puesta en escena, los FX’s, y sobre todo los pequeños detalles, todo en su conjunto nos da una obra magnánima y ambiciosa que es casi imposible deje a alguien disconforme, pero sobre todo es difícil de creer que termine decepcionando a los lectores de la novela, dado que además la misma está plagada de “guiños” sutiles que solo pueden ser detectados por quienes conocen la obra original.

The Man in the High Castle es, sin lugar a dudas, una de esas pequeñas joyas que nos da este medio que justifica el tiempo que invertimos en el mismo, y que, al menos en nuestro país, no gozó de la promoción necesaria para que la misma sea divulgada y esparcida virtual y viralmente como amerita. Pero por suerte siempre estará quien escribe estas líneas para animarlos a que se metan de lleno en esta apetecible ucronía de Amazon y, en algunos casos, descubran una nueva dimensión de la grandeza del escritor de esta obra, Philip K. Dick. Nos leemos la semana que viene, acá, en Tierra Freak.


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