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Split, una casa de verano en Dalmacia

Tras nuestro paso por Bosnia y Herzegovina, era momento de volver a Croacia, más precisamente a Split, la ciudad más importante de la región de Dalmacia. Si bien no es la ciudad costera por excelencia de este país (laureles que le corresponden a Dubrovnik), sí es un puerto digno de mención. Solía, en su momento, ser la casa de verano del emperador romano Dioclesiano, y sin dudas se nota. El casco antiguo de la ciudad, que parece ser toda la ciudad cuando se está en la rambla, es impresionante, con callejuelas y edificaciones únicas. Por suerte, Split ofrece aún más que eso.

Split nos recibe

Sí, debemos reconocer que nuestra idea original era ir a Dubrovnik (hoy por hoy famosa por ser King’s Landing o Desembarco del Rey, de la megaproducción Game of Thrones) pero lo cierto es que dicha ciudad es terriblemente costosa y, encima, se encuentra bastante alejada del resto de Croacia (para el que no sepa, Croacia de hecho está dividido en dos, y Bosnia y Herzegovina se interpone entre la zona donde se encuentra Dubrovnik y el resto del país). Tuve la oportunidad de conocer dicha ciudad hace casi un lustro, y es definitivamente algo que recomiendo (es una ciudad amurallada como pocos, con muros altísimos perfectamente conservados), pero no por más de unos pocos días (para no terminar en la quiebra).

Ahora sí, a lo que nos compete. A Split llegamos desde Mostar por medio de un micro. Los trenes son bastante limitados en Bosnia, y la única forma de ir a Croacia por ese medio es yendo a Zagreb (bastante más al norte). Una vez que llegamos, tuvimos que caminar bastante para encontrar nuestro hostel, ubicado en las afueras del centro (y encima estaba en un quinto piso, por lo que llegamos demolidos a la puerta). Así empezaron nuestros cuatro días en la ciudad.

La plaza central del casco antiguo, siempre repleta de gente

Obviamente, lo primero que hicimos fue recorrer el casco antiguo, que cuenta con estatuas y torres de corte romano (ojo, también vimos un par de centuriones vestidos a la antigua usanza). Una de las cosas más interesantes que tiene es un túnel construido con piedras que se transformó en la calle principal de mercaderes. Ahí podés encontrar todas las chucherías típicas de turista.

Un hermoso túnel de chucherías

El casco en sí se compone por unas cuantas manzanas, y termina justo en la rambla, donde se avizora por primera vez el azulísimo mar. Toda la costa croata se jacta de una de las aguas más hermosas que se puedan encontrar, aunque, lamentablemente, son bastante frías. Tampoco podemos ignorar que las playas croatas son bien rocosas. El que espere playas de arena blanca, que busque en otro lado. Acostarse sin reposera o entrar descalzo al mar son ideas que muy pronto harán que odies vacacionar acá. Por suerte, se venden baratitas zapatillas elásticas en todos los puestos callejeros (cosa que súper recomendamos comprar).

La rocosa playa nos presenta el desafío de entrar al agua sin lastimarse

Una de las maravillas del lugar es el lecho submarino, el cual despliega una increíble fauna y flora incluso bien cerca de la costa. Sumergirte con antiparras y quedarte ahí quieto implica verte rápidamente rodeado de hermoso peces plateados (los cuales, por una razón u otra, te van a seguir si no te movés muy rápido). Para apreciar un poco más esta naturaleza, tomamos un tour en un “casi submarino” (es decir, un bote que parece submarino y cuya mitad inferior tiene ventanas siempre debajo del agua). Desafortunadamente, bien no la pasamos, ya que por el movimiento del “submarino” se puede ver muy poco y lo único que conseguimos fue un mareo estrepitoso (no veíamos la hora de volver a la orilla).

¿No se supone que sea amarillo?

 

Bajo el mar la vida es más sabrosa… excepto cuando estás mareado por el bamboleo

Caminar por la “costa” (que es más artificial que natural, con caminos y piedras por doquier) nos lleva tarde o temprano a algún camino sinuoso entre el bosque y el mar, para luego alcanzar otra “playa” pedregosa. En el camino se puede ver alguna que otra pared de ruina. También hay sectores costeros con piedras inmensas, entre las cuales a veces hay playitas privadas que los turistas aprovechan para bañarse y pasar el día sin ser molestados por nadie.

Los caminos costeros de Split

Aprovechamos nuestra estadía en esta ciudad para visitar el parque nacional de Krka, el cual se encuentra a casi 100 kilómetros al noreste. Es un parque donde pequeñas cascadas se roban el protagonismo, y donde te podés bañar en un escenario que no tiene nada que envidiarle a La Laguna Azul. Peces, rocas submarinas, flora acuática y las cascadas cercanas crean una imagen de ensueño, en el cual te dan ganas de quedarte todo el día. Caminar por el parque es recorrer un bosque inmenso, y llegar a él es navegar ríos y lagos bañados por el sol. Sin dudas, Krka es un destino obligatorio para todos los que se encuentren por la zona. Como dato curioso, podemos agregar que las rocas de Krka son las que se utilizaron para construir el túnel de mercaderes de Split.

Rumbo a Krka

 

La majestuosidad de las cascadas krkenses (o como se diga)

 

Uno de los mejores lugares para bañarse, sin dudas

Nuestro próximo destino sería Hvar, una isla del Mar Adriático cercana a Split. Allí veríamos dicho mar desde una imponente fortaleza, y sentiríamos la paz que solo una isla puede ofrecer. No se pierdan nuestro artículo sobre ella.

¿Querés ver más fotos de Split? Encontralas en nuestro Facebook, por medio del siguiente link: Álbum de Split, Croacia.

Ah, y no te olvides de Krka: Álbum del parque nacional Krka, Croacia.

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