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113 años del amor más grande y perpetuo

Tags: boca amor volver

En esta sección les presentaremos una serie de escritos que reflejan la pasión por Boca Juniors. En esta entrega, el cumpleaños 113 del Club.

El día que muera, si me toca hablar con el señor de los tiempos y me pregunta por qué volvería a vivir, diría que por Boca. Mi Amor más grande y perpetuo por algo.

Lo que a todos nos reaviva, lo que nos mantiene certeros de que el amor existe. El primero, el más fiel, el que no claudica. Porque es el que trasciende en tiempo y espacio; porque es la mano apretada del viejo, que nos llevó por primera vez al Templo. Es la camiseta regalada por un tío fana, la pelota que el abuelo guardó para nosotrxs. Es la pasión hecha Club, la eternidad en cada grito sagrado, la inmortalidad en los momentos que nos queda guardados. Cada lágrima, cada sufrimiento, cada sueño perdido. En la primera, sin dejar de amar; la segunda sin dejar de dar todo; el tercero, para volver a soñar.

Boca es ese anhelo alocado de 5 pibes, que debemos respetar. Esas ganas de unir al pueblo bajo una bandera, de pertenecer a algo que nos represente y de la mejor manera. Muchas veces pienso que ellos querían vivir “A lo Boca” y por eso se juntaron en la Plaza Solís. Es obligación en estos 113 años, los que aún estamos, estar a la altura de las circunstancias. Querer revelarnos como los 5 fundadores. Tener ese fuego interior, para saberse capaces de forjar un sentimiento inexplicable. Sana, Baglietto, Scarpatti y los hermanos Farenga. Saber esa línea de memoria es algo que hay que exigirse. Para ganar el primer partido: el de la esencia.

Hoy festejamos, porque pese a todo seguimos alentando. Porque Boca es la raíz de la que no nos podemos despegar. La conjunción perfecta de familia, afectos, barrio, amigos, infancia, crecimiento… vida. Porque va más allá de 90 minutos. Cerati cantó: “El fin de amar es sentirse más vivos”. Y por eso vamos domingo a domingo a nuestro ritual. Por eso lloramos lágrimas irracionales, en las malas sin dejar de seguir yendo; por eso se nos agiganta el alma y la sonrisa cuando ganamos. Porque entendemos que detrás de eso, está el amor. Sí. Es pasión, es locura, es adrenalina, es sufrimiento, es sentir. ¡Es sentir señoras y señores! Es sentir que estamos vivos, cada vez que hablamos de Boca, que experimentamos, que respiramos, que nos reconocemos en Boca.

Estos 113 años nos obligan a volver a las bases. Queremos festejar siendo parte de la historia grande. Esa que no solamente nos ha hecho llenar vitrinas, sino canchas en todos los países. La que nos destaca por sobre el resto. La que empezó en un barrio que todos creían de mala muerte, pero que dio nacimiento a los mejores días. Al Club más conocido a nivel mundial, el más envidiado por muchos, el más respetado por todos.

Tenemos que volver a ser Boca. Y de ese compromiso se llena este aniversario. Tenemos que volver a ese banco de la Plaza, “defender la alegría como una trinchera”, sabiendo que esa alegría es un emblema mundial. Y que no tiembla, sino que late. Late por los miles que la pueden llenar cada domingo, pero también por lxs que no pueden llegar e igual la siguen defendiendo. Es defender nuestra casa, pese a todo y frente a todos. Porque nuestras historias se escriben desde las tribunas de La Bombonera. Porque la memoria que tiene, es indestructible. Es una avalancha de felicidad, mientras nos vamos elevando.  

Tenemos que erigirnos como los continuadores de la historia, de la gloria. Porque así podremos mirar a nuestros hijos a la cara y abrazarlos en cada gol. Sabiendo que allí se transmitirá mucho más, que el desahogo por una pelota que cruce la línea de cal.

Porque siempre hay que volver a Boca. Inclusive cuando muchos quieren lo contrario. Cuando muchos se dejan llevar por las modas, los ídolos de cartón, dirigentes que no enorgullecen a La Boca. Por más que nos quieran robar la identidad y busquen cómo venderles almas al diablo.

Por Boca festejamos. Por Boca queremos seguir haciéndolo. Por cada una de sus estrellas que nos iluminan, por  sentir algo que otros no pueden. Porque no tenemos explicaciones, porque por más que las demos, nadie nos comprende. Y es tan lindo, que pase eso…

Porque necesitamos alegrías perpetuas, porque nos merecemos una Copa, una final que sea de nuevo de las nuestras; pero también, mirar al costado y reconocernos en el que está ahí saltando. Como escribí alguna vez: “Es reinventarnos en la esperanza cuando todo parece que se nos va de las manos: los que manejan, los que lucran, los que no saben lo que significa estar de este lado”.

Por estos colores tenemos que festejar, hoy, mañana cuando nos ilusionemos por la Copa y cuando no esté nada más en juego que nuestro orgullo. Allí, tendremos que exponer nuestras armas, nuestra alma, la garra, el haber sido los primeros en cruzar las fronteras del país, el convertirnos en una manera de ser y de jugar. Discriminados por los intolerantes, juzgados por los insensibles, basureados por los que siempre quieren todo acomodado. Maltratados, por los que no pudieron conocer la gloria, viniendo desde tan abajo.

Y seremos los sucios, los tramposos, los sinvergüenzas. Seremos la escoria, la mala manera. Eso se lo dejemos a los que no pueden con su genio. A los pobres desde siempre, por más que usen apodos tan diferentes. Porque nosotros vamos a seguir festejando. Porque nosotros estamos festejando. La emocion del pibe que va por primera vez a la cancha, la primer camiseta que se transforma en piel, la película imborrable de cuando gritamos el primer gol. Porque somos la lucha de las mujeres, la historia de nuestros abuelos, la ilusión de los que vienen. Somos nuestra historia que debe ser contada, pero reescrita constantemente. El 10 en la espalda de nuestras emociones, el aguante de Caffarena hecho carne, los bombos y las trompetas de la gente que pone la fiesta. Ser el Jugador N° 12, que ayuda a ganar partidos, y a la muerte que siempres está ahí, queriendo acechar.

Por eso festejamos. Porque este amor no desciende, porque seguimos caminando con Boca como el faro. Inclusive en los momentos más oscuros. Por eso es importante este cumpleaños. Para volver a ser lo que somos, siempre volviendo al azul y oro que nos representa. Sabiendo lo que significa llevar esta camiseta.

Porque esto pasa desde hace 113 años. Esto de estremecernos, esto de ser inigualables, esto de estar más vivos cuando te nombramos Boca Juniors querido. Por eso, el día que muera, si me toca hablar con el señor de los tiempos y me pregunta por qué volvería a vivir diría que por Boca. Mi amor más grande y perpetuo por algo.



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