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INOCENCIA MALICIA

Nadie es inocente de su malicia. (Anónimo)

Cuando debemos valorar una situación, Podemos Hacerlo de muchas maneras, si bien es verdad que hay dos actitudes que priman sobre las demás.

Podemos hacerlo con candor, con sencillez. Confiando en los demás o en lo demás. Pensar que solo imperan buena voluntad e inocencia.

O podemos hacerlo con malignidad, algunos dirían picardía. Pensando que nada es lo que parece y que en realidad todo está cargado de malas intenciones, de malicia. ¿No se dice, piensa mal y acertarás?

Es verdad que cuando pensamos en la mayoría de los casos que hemos vivido, y los analizamos con sosiego y perspectiva, la malicia triunfa holgadamente sobre la inocencia.

¿Por qué?

Porque somos humanos pecadores para quienes el obrar mal es innato y el actuar bien es farragoso por no decir improductivo.

Porque el camino más corto de la concupiscencia mental es el más fácil y porque somos unos indolentes congénitos.

Sencillamente por hacer tan real este dicho: se cree el ladrón que todos son de su condición.

La inocencia y la malicia no son opciones que desarrollamos en nuestra mente, no. Son estados del alma. Impoluta o corrupta según nuestros comportamientos. No son casualidades sino causalidades. Se manifiestan como resultado de nuestros valores, creencias, de nuestro interior innato. Y eso no se aprende, ni se enseña. Eso se vive en base a nuestra fe o no fe, en base a nuestra educación o no educación.

Cuando vamos al colegio a todos nos instruyen igual pero cada un interiorizará las enseñanzas a su manera, con inocencia, con malicia o con ambas. Esa actitud nos hará desarrollar aptitudes en consonancia con nuestras convicciones.

No tener valores, de una cierta forma, sí es tener uno, solo uno. El de destruir todo aquello que tuvimos en su día, con la inocencia de nuestro corazón virgen, justo antes de que empezara a corroerse.

La inocencia, hoy en día, es considerada como una debilidad que solo se reconoce cualidad en los niños. Porque los hombres debemos ser fuertes, contundentes, ajenos a lo ingenuo, maliciosos si queremos sobrevivir en esta selva espiritual y mental que es este mundo. Con más serpientes que águilas imperiales.

Cuando era joven y tenía que valorar una situación, un reto, ya sea profesional o personal, lo calculaba todo, me anticipaba a cualquier escenario posible. Y, la verdad, sobresalía en ello. Pero llego el momento de la verdad donde toda la malicia del mundo no es suficiente para amortiguar el golpe. Me prejubilaron con todos los honores posibles e imaginables y yo me creí que todavía estaba en posesión de mi vida. Fue cuando tribulaciones, tanto profesionales como emocionales, arreciaron en mida hasta la tormenta perfecta. Hasta que me di cuenta de que mi vida era como una cascara de nuez que intenta no hundirse en un mar agigantado y donde las tormentas lo zarandean sin cesar al límite del hundimiento. Dios me hizo ver que todo aquello que había sido solo me serviría para sentirme como esa cáscara de nuez, insignificante, frágil. Me dio la opción de elegir quedarme en ella o, negando todo aquello que fui, renacer en Jesús y, como un niño, abrazar la inocencia de una vida en Jesús. Una vida que solo busca el amor que se esconde detrás de toda cosa, cada cual. Para ello es necesario e imprescindible dejar de pensar, y menos en sí mismo, para empezar a preocuparse por los demás. Por nuestras familias, amigos, hermanos, allegados pero también por esa mirada de auxilio que cruzamos en la calle. Por ese grito de desesperación que oímos a veces en el silencio de de la resignación de aquellos que no tienen nada cuando nosotros somos unos privilegiados.

La inocencia es el antídoto de la malicia. Desactiva sus poderes corrosivos del alma. Para ello debemos desvestirnos de nuestros atuendos de malicia, abandonando lo humano y buscando a Dios.

Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. (TITO 3:3)

y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. (MATEO 18:3)


Que Dios os bendiga, Alfons
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