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POLVO DE DIOS

El hombre que no es capaz de reconocer sus orígenes está condenado a desaparecer como polvo barrido por el viento. (Anónimo)

Desde Nuestro nacimiento emprendemos un camino hacia nuestro destino final en esta tierra, la muerte. Para unos llega antes que para otros y si bien no es un acontecimiento que controlemos, su llegada nos plantea una pregunta: ¿Qué legado dejaremos en este mundo?

El polvo no se hace tales preguntas, es y deja de ser al buen grado de quien lo maneja ya sea el viento o cualquiera que se cruce con él.

Es curioso pero el polvo es solo testigo del tiempo que pasa allá donde las cosas ni se mueven ni se renuevan. Se acumula hasta sepultar todo aquello en lo que se deposita. Se acumula hasta sepultarnos si se tercia.

Es símbolo de falta de higiene, de negligencia, de inacción, de descuido.

Una cosa tan gravosa como inútil no encuentra un buen uso entre los hombres, es solo testigo ineludible del paso del tiempo. Y de eso, que solo corrompe lo limpio en la tierra, hizo Dios su obra maestra: el hombre.

Esto debería recordarnos y obligarnos a la humildad de la cruda realidad a la que solo nos enfrentamos en nuestro último paso por esta tierra; volver a ser aquello de lo que fuimos creados.

El hombre se afana a construir grandes torres de Babel pretendiendo legar para la eternidad el fruto de su obra. Pero esta es como él, polvo, y en polvo el tiempo la transformará.

Nuestra soberbia nos lleva a atrevernos con temeridad y sin temor a retar a nuestro creador buscando la eternidad sin Él. Vanidad de vanidades, humanidad de humanidades, eso somos, polvo insignificante ante la creación de Dios.

No creo que sea casualidad que Dios nos creara del polvo, es más creo que es causalidad para que el hombre siempre tenga claro de lo que es a los ojos de Dios cuando no queremos entregarnos a Él.

Nuestro origen es una cosa inútil, fruto de la tierra, transformada en obra divina. Olvidarnos de ello es negar a nuestro creador y eso transforma nuestro legado en polvo.

A todos, o casi, nos gustaría ser recordados por todo aquello bueno que hemos hecho en este mundo, pero la verdad es que lo más importante no es lo que hemos hecho, sino lo que hemos dejado que Dios haga en nosotros, en nuestras vidas y eso nunca se transformará en polvo porque, si en Él vivimos para la eternidad seremos.

Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás. (Génesis 3:19)

Devuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente. (Salmos 51:12)

Que Dios os bendiga, Alfons

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