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Relato erótico: “Susúrramelo al oído”

Tom parecía más bien tímido, más bien soso, más bien parado. Sin embargo, había algo que me atraía de él. Físicamente me parecía atractivo y agraciado y yo también se lo parecía a él, pero no se decidía a dar el paso. Estaba a punto de tirar la toalla con él porque tampoco sabía si me merecería la pena, ya que los chicos con poca iniciativa siempre me han echado para atrás.

Ese día debieron de alinearse los planetas porque cuando me quise dar cuenta, tenía su lengua buceando en mi boca. Me sorprendió su manera de besarme, de sujetarme la cabeza mientras lo hacía. Parecía otra persona, con aquella chispa que le faltaba en las situaciones cotidianas. Sus besos me pusieron muy caliente, como impacientes, muy húmedos. Estaba deseando que nos fuéramos a un lugar más íntimo para seguir descubriendo esa faceta suya.

En el ascensor nos metimos mano salvajemente. Tuve que pararle un par de veces porque veía que me desnudaba ahí mismo. Agarré su polla y la tenía bien dura. La acaricié un poco sobre sus pantalones y emitió un jadeo.

– Sigue, sigue tocándomela- me susurró al oído.

Por fin se abrieron las puertas porque el ascensor estaba que echaba humo. A tientas llegamos a su habitación. Lo tiro en la cama y me siento encima de él, mientras me desabrocho el sujetador. En menos de dos segundos se lanza a mis pechos. Me los comienza a sobar con lascivia, consiguiendo endurecer Mis Pezones en otros dos segundos. Me come el cuello y me azota el trasero. Me termino de desvestir y me subo encima de él, con toda mi desnudez a su disposición. En un arrebato se pone él sobre mí y me lame la oreja.

– Qué ganitas tengo de comerte entera. ¿Quieres?- me dice.

Eso me pone a mil y antes de que pueda contestarle, su boca ya está bajando por mi cuerpo. Se detiene en primer lugar en mis pezones, succionándolos con sus labios y, de repente, siento que su dedo me penetra. Lo saca y se lo chupa. Me mira.

– Qué rico.

Continúa bajando hasta llegar a mi sexo. El primer contacto de su lengua con él casi me hace correrme. Me separa las piernas y chupa por los alrededores sin llegar aún al clítoris. Esa vacilación me está volviendo loca. No puedo más y agito mis caderas hasta encajar mis partes íntimas exactamente donde deseo. Arqueo la espalda y él me sostiene las nalgas mientras me muevo sin parar. Así hasta que me corro bestialmente en su boca. Se separa poco a poco sin dejar de mirarme y se quita los pantalones. Está totalmente empalmado. Con cuidado, se coloca sobre mí y me da un beso tierno, mientras su polla roza sutilmente mi vagina. La noto dura ahí abajo y me enciendo de nuevo.

– Te siento mojadita y me estás poniendo bruto- me suelta.

Lo dejo que se tumbe y me la meto en la boca sin mediar palabra. Es tamaño estándar, así que me la como hasta el fondo. También lo miro y no puede ocultar su cara de vicio. Sus ojos delatan las ganas que tiene de follarme. Mis labios juegan con su glande y escucho su respiración cada vez más agitada. Entonces me paro y me siento encima de él. Me acomodo a su verga y comienzo a moverme poco a poco. Él soba mis tetas y me come los pezones, lo que me anima a moverme más y más rápido. Me agarra del trasero y empieza a darme desde abajo con fiereza, diciéndome toda clase de improperios que asustarían a más de un vecino.

Noto cómo su pene se desliza en mi interior y él sigue, no se cansa, hasta que se corre estrepitosamente.

Y yo no puedo dejar de pensar que acabo de tener el polvazo del año y no puedo estar más sorprendida de lo que puede llegar a cambiar alguien dentro y fuera de la cama.

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