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El azar y la necesidad. Jacques Monod

[A] partir del momento en que el comportamiento dejaba de ser principalmente automático para hacerse cultural, los mismos rasgos culturales debían ejercer su presión sobre la evolución del genoma. Esto hasta el momento, no obstante, en que la creciente rapidez de la evolución cultural dejó completamente a un lado la del genoma […] es evidente que en el seno de las sociedades modernas, la disociación es total. La selección ha sido suprimida. Al menos ya no tiene nada de “natural” en el sentido darwiniano del término. En nuestras sociedades y en la medida en que rige todavía una selección, no favorece la “supervivencia del más apto”, es decir, en términos más modernos, la supervivencia genética del “más apto”, por una expansión más grande de su descendencia […] Muy al contrario. Como todos sabemos, las estadísticas revelan una correlación negativa entre el cociente de inteligencia (o nivel de cultura) de los matrimonios y el número de hijos […] Situación peligrosa que conlleva el riesgo de atraer poco a poco hacia una élite, que tendería a restringirse en valor relativo, el más elevado potencial genético. Gracias a los progresos del conocimiento y de la ética social, el mecanismo que defendía a la especie contra la degradación, inevitable al abolirse la selección natural, funciona ya solamente para las taras muy grandes. A estos peligros, frecuentemente señalados, se ha opuesto a veces los remedios esperados de los recientes progresos de la genética molecular. Es preciso disipar esta ilusión, difundida por algunos pseudocientíficos. Sin Duda se podrían paliar ciertas taras genéticas, pero solamente en el individuo que las padece, no en su descendencia. No sólo la genética molecular moderna no nos propone ningún medio de actuar en el patrimonio hereditario para enriquecerle con nuevos rasgos, para crear un “superhombre” genético, sino que revela la futilidad de una esperanza así: la escala microscópica del genoma prohíbe por el momento, y sin duda para siempre, tales manipulaciones. Aparte de las quimeras de ciencia ficción, el único medio de “mejorar” la especie humana sería operar una selección deliberada y severa. Pero ¿quién querrá, quién osará emplearla?

Monod, J. El azar y la necesidad, 1970.



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