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EL MÁS ALLÁ Y LOS ANIMALES: DUDAS QUE INQUIETAN. / ¿PUEDEN LOS ANIMALES PERCIBIR COSAS DEL MÁS ALLÁ?

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(NOTA: Mañana 17 de enero es el día de San Antonio Abad, patrono de los Animales, por lo que me ha parecido bien compartir esta interesante información sobre los animales.)

1) ¿TIENEN ALMA?
La palabra «alma» proviene del latín anima, que se refiere al componente inmaterial de los seres animados. Los animales son seres animados, y, de hecho, la palabra «animal» se deriva de «ánima». Los animales tienen, pues, un alma (doctrina que recordó Juan Pablo II en 1990); pero su alma no es inmortal, no es espiritual (no tiene espíritu), como la del hombre.
Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, «a veces se acostumbra distinguir entre alma y espíritu... La Iglesia enseña que esta distinción no introduce una dualidad en el alma. ‘Espíritu’ significa que el hombre está ordenado desde su creación a su fin sobrenatural, y que su alma es capaz de ser sobreelevada gratuitamente a la comunión con Dios» (n. 367)

2) ¿LOS ANIMALES VAN AL CIELO?
Hay casos de animales tan fieles a sus amos —hasta dan la vida por ellos— que es difícil no sentir un gran afecto por tales criaturas irracionales. En casos como éstos la gente se pregunta: ¿Mi mascota se ha ido al Cielo? ¿Estaré con ella cuando me muera? De hecho, hay quienes sienten que el Cielo no es un lugar tan deseable si sus amados animales no van a acompañarlos.
De entrada hay que recordar que el Cielo sobrepasa en belleza y en felicidad a todo lo que el ser humano es siquiera capaz de imaginar: «Nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar aquello que Dios preparó para los que lo aman» (I Co 2, 9). Suponer que sin la presencia de la mascota amada no se puede ser totalmente feliz en la Vida Eterna, es tener un concepto muy, pero muy pobre, de Dios, quien «lo llena todo en todos» (Ef 1, 23).
Por otro lado, el alma animal no es inmortal (a diferencia del alma humana); una vez que muere, acaba su existencia. Los animales no fueron creados para un fin eterno sino temporal, aunque ciertamente glorifican a Dios con su sola existencia, pues así exaltan la magnificencia divina —lo mismo que los astros, las plantas, las montañas, la lluvia, etc. (cfr. Dn 3, 57-87)—, y también a través del servicio que prestan al hombre, pues fueron creados como una ayuda para él (cfr. Gn 2, 18-20).
Si bien los animales no van al Cielo, puesto que es un premio espiritual (ligado al cuerpo sólo tras el Juicio Final) y ellos carecen de espíritu, tampoco son condenados al Infierno porque carecen de pecado. Es un error creer que si no van al Cielo es porque Dios es injusto con ellos, como si les estuviera causando un daño. El Señor no odia a los animales —al contrario, ama todo lo que ha creado, animado o inanimado— y por tanto no los condena a ninguna clase de infelicidad eterna. Cuando mueren simplemente dejan de existir.

3) ¿ACASO PUEDEN VER FANTASMAS?
Está comprobado científicamente que los animales ven diferente de como ven los seres humanos. Y pocas dudas caben de que son capaces de ver o presentir cosas que sus amos no pueden, como la muerte inminente de una persona, un ataque epiléptico, la presencia de cáncer, la inminencia de un coma diabético, etc.
¿Y qué del mundo sobrenatural o preternatural? El parapsicólogo estadounidense Robert Morris experimentó con animales (un perro, un gato, una serpiente de cascabel y una rata) metiéndolos en una casa «embrujada», justo en la habitación donde se había cometido un homicidio. Según reportó, el perro gruñó y salió de ahí, y fue imposible convencerlo para que entrara de nuevo. Al gato, en su turno, se le erizó el pelo y de puro miedo le clavó las uñas a su amo, que lo cargaba en brazos, al tiempo que miraba a un punto concreto. En cuanto a la serpiente de cascabel, adoptó una postura de ataque dirigida hacia el mismo lugar de la habitación que había estado mirando el gato. Por último, sólo la rata se mostró totalmente indiferente a aquella habitación.
Así, al parecer, no todos los animales serían capaces de percibir cuestiones del «más allá», pero el tema se ha vuelto tan popular que en Estados Unidos ya hay una escuela para perros destinada a formar canes «cazafantasmas».
Cuenta un Sacerdote exorcista: «Tuve un gato que era extrovertido, alegre, muy animoso; se movía por todas partes. Y recuerdo que un día dije: ‘¿Qué está pasando?’. Era de noche y vi que el gato estaba detrás de una cortina literalmente temblando de miedo, acurrucado y mirando a un punto concreto. Algo estaba mirando, e incluso, al llegar yo, no dejó de mirar a ese punto». Y añade: «Con los gatos he visto alguna cosa más porque hay animales que perciben lo espiritual; pero son pequeñas cosas».
Le preguntaron a María Simma, la mística que veía las almas purgantes: «¿Los animales son sensibles a la presencia de las ánimas del Purgatorio?», a lo que respondió: «Sí, especialmente los caballos, los perros y las gallinas. Conozco muchos casos en que los caballos claramente rehusaron pasar frente a edificios en donde luego se descubrió que las ánimas se manifestaban para llamar la atención [a fin de que se intercediera por ellas]».
Por su parte, el Padre Gabriel Amorth, exorcista de Roma, dice que en un lugar con presunta manifestación de espíritus «es importante el comportamiento de los animales domésticos. Sucede a menudo que, cuando se tiene la impresión de que alguien se encuentra en nuestra propia estancia, el gato o el perro mantienen fija la mirada hacia un cierto punto; y puede que tal vez huyan aterrorizados, como si aquel ser misterioso se acercara a ellos. Podría narrar muchos casos interesantes... Por el momento me basta decir que, en mi opinión, los animales no ven nada en concreto, sino que poseen una mayor sensibilidad que el hombre para notar una eventual presencia».
La Biblia, por cierto, narra el caso de una burra que pudo ver una presencia espiritual, pero no terrorífica, sino de un ángel; se narra en el libro de los Números. A Balaam le había encomendado el rey de Moab la tarea de maldecir a los israelitas. Balaam montó su burra para hacer el encargo, pero un ángel se interpuso en el camino para estorbarle y el animal no avanzaba o se salía del camino a pesar de los golpes que le daba su amo (cfr. Nm 22, 22-23). Finalmente, según la tradición yahvista, la burra habla a Balaam, reclamándole, y Dios abre los ojos de Balaam permitiéndole ver al ángel.

4) ¿QUÉ PIENSA SATANÁS DE LOS ANIMALES?
Así como Jesucristo es presentado simbólicamente como el Cordero, Satanás es presentado bajo la figura de serpiente.
Diversos Santos tuvieron que soportar las insidias de demonios que adoptaban la forma de animales. A Santa Viridiana se le presentaron como dos serpientes, y a Santo Domingo de Guzmán en forma de gato apestoso a azufre. Sin embargo, la figura de perro ha sido quizá la más empleada por el diablo; de ese modo se apareció a Santa Rosa de Lima, a San Estanislao Kostka, a San Juan María Vianney o a Santa María Francisca de las Cinco Llagas, por ejemplo.
Pero eso no significa que Satanás tenga aprecio por estos animales. Por el contrario, dice Santa Hildegarda, quien pronto será declarada Doctora de la Iglesia, que el diablo no sólo odia al hombre sino también «a todas las demás criaturas que son de valía entre los ganados y en los pastizales, y a las que son limpias y las que son útiles».
Maria Simma, mística austriaca contemporánea, está de acuerdo con Santa Hildegarda, añadiendo que «Satanás odia más al perro que a ningún otro animal porque es muy amigo del hombre». Y añade: «Es bueno y definitivamente útil orar por los animales enfermos... Podemos rezar por su tranquilidad y por su salud; debemos también bendecirlos porque Satanás odia a quien está cerca de nosotros y quien nos ayuda».
Llevar a bendecir a los animales el día de San Antonio Abad a los templos es una buena costumbre, aunque algunos se burlen diciendo que eso es un «bautismo de animales».


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