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Mentiras y arrogancia

Lectura: Gálatas 6:11-18

Una persona muy arrogante y vanidosa, había perdido el último autobús que salía de su pueblo hacia la ciudad.  No obstante, sabía que el siguiente autobús entraría a su pueblo, si al menos había 10 personas que se dirigieran a la ciudad, y por ello, envió un mensaje a la página web de la empresa de autobuses, indicando que había un grupo grande esperando.

Casi de inmediato, el conductor recibió un mensaje de la central de buses para que se desviara hacia el pueblo; sin embargo, cuando llegó a la estación, el conductor empezó a buscar por todo el anden y sólo estaba esperando aquella persona, la cual subió al autobús. El conductor le preguntó extrañado por el resto del grupo grande que esperaba que los llevaran.  La persona dijo: “Yo soy el único, y como soy tan importante valgo por muchos”.

La mentira, y por supuesto la vanidad, son pecados que por sí solos son malos, pero cuando se combinan los problemas sin duda se multiplican.

El siguiente elemento que debemos tener presente en esta semana en la que conmemoramos la última semana de nuestro Señor en la tierra, es el pecado; la causa por la que Cristo tuvo que venir a esta tierra y por la cual fuimos separados de Dios, muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1-3).

No obstante, a pesar que sabemos que estamos yendo por el camino equivocado, puede más nuestro orgullo (Romanos 3:23; Proverbios 14:12), y esto hace que tengamos un concepto más elevado de nosotros mismos, que el que deberíamos tener (Romanos 12:3).

Entonces, ¿cómo combatimos a este enemigo?  Examinándonos diariamente con el espejo de la Palabra de Dios, tal como nos lo indica Santiago 1:23-25: “Porque cuando alguno es oidor de la palabra y no hacedor de ella, este es semejante al hombre que mira su cara natural en un espejo… y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”.  Dios conoce nuestros corazones, y a pesar de ello: “…Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia son salvos!” (Efesios 2:4-5).

  1. El pecado no debe tener cabida en el corazón del seguidor de Jesús.
  2. Aquel que tiene un concepto demasiado elevado de sí mismo, no tiene un concepto suficientemente alto de Jesús.

HG/MD

“Aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia son salvos!” (Efesios 2:5).

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