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La Gracia de Dios es cuestión de amor, no de género














Para el día de hoy (20/09/19):  


Evangelio según San Lucas 8, 1-3





Lo que debería ser, de suyo, una actitud habitual y cotidiana, resulta asombrosa, magnífica y hasta escandalosa en la persona de Jesús de Nazareth. Es que en aquellos tiempos o bien la mujer era apenas un objeto de deseo sexual y hasta una mercancía que se comercia, o bien estaba considerada en varios escalones por debajo del varón, sin derechos y sin respeto; en casos extremos, ciertas escuelas rabínicas declaraban la inutilidad y la torpeza de enseñar la Torah a una mujer.

Con la libertad que conoce de su Padre, con un corazón enorme, el Maestro atraviesa las duras fronteras de la religión y de las convenciones sociales. Él encontraba en ellas a hijas de Dios, hermanas suyas, la dignidad que resplandece en todos los seres humanos sin banales distinciones de género por el Dios que la confiere desde su amor de Padre.

Muchos trataban a Jesús de borracho y glotón, toda vez que gustaba compartir el pan y el vino con descastados, con impresentables, con aquellos que nadie invitaría a su mesa, y por eso no es improbable que se lo calificara como mujeriego pues trataba a la mujer con delicadeza y en un plano de igualdad con los discípulos varones.

La Gracia de Dios es cuestión de amores, no de género.

Entre muchas, la adúltera rescatada de las piedras. La viuda de Naím. La hemorroísa. Las hermanas Marta y María de Betania. María de Magdala. María, la mujer de Cleofás. Juana, esposa de Cusa.
El memorial de Lucas, haciendo presente sus nombres destaca esa identidad única, intransferible, valiosa.

Ellas supieron descubrir el paso salvador de Cristo por sus vidas. Ellas respondieron con amor y confianza el amor que se les había prodigado, la ternura y la lealtad que Cristo les brindaba a diario, y por su convocatoria y su amistad fueron tan discípulas y seguidoras como los Doce. Más aún, cuando aquellos hombres se espantan y esconden en las horas críticas de la Pasión, ellas permanecerán firmes, y serán María Magdalena evangelizadora de los apóstoles, primera testigo del Resucitado, privilegiada por amar y confiar.

Así como ofrecían de manera incondicional su corazón, ponían a disposición del Maestro sus bienes. El compromiso siempre es concreto, tangible, no se declama, se vive y se practica.

Ellas lo dejaron todo y le siguieron.

Paz y Bien


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