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JOSEFINA BONAPARTE Y LA MALMAISON


Cuando Josefina Bonaparte visitó la Malmaison, situada en la ciudad de Rueil-Malmaison, los Yvelines, a unos 12 km de París, se encapricho del lugar. La finca había pertenecido a los Gouder hasta 1763, una familia vinculada al ejército, y más tarde a una sociedad de banqueros. En 1771, cuando los problemas económicos acuciaron a sus propietarios, la mansión y los terrenos pasaron a ser de un rico hombre de negocios, Jacques-Jean Le Couteulx du Molay. Su esposa abrió un salón literario en algunas de sus estancias. Fueron ellos los que le vendieron la mansión a Josefina.

Las costosas obras se realizaron entre 1800 y 1804. Con la colaboración de los arquitectos e interioristas Charles Perier y Pierre François Leonard Fontaine, convirtió el castillo de Malmaison en un edificio Neoclasicista: estucos, pinturas murales, formas clásicas, todo inspirado en Pompeya y Herculano. Percier fue el responsable de dibujar las formas y diseñar la decoración, Fontaine dirigía los trabajos.

El gran vestíbulo de entrada, imitación del atrium de una villa romana, daba paso al comedor, la biblioteca, las salas de audiencias y los salones de música y billar. En el primer piso se encontraban los apartamentos privados de Napoleón y Josefina, los de los hijos de ella y unas habitaciones reservadas a madame Letizia, madre de Napoleón, y la sala del Consejo. Una bonita galería acristalada con la forma de una tienda de campaña, donde Josefina cuidaba sus plantas y exponía su colección de antigüedades.

Ya que Napoleón y Josefina recibían muchos invitados, se habilitaron nuevas estancias y se construyo en el jardín un teatro para 250 espectadores.

Los encargados del mobiliario también fueron Percier y Fontaine. Se utilizaron maderas nobles y líneas rectas, con pequeñas aplicaciones de distintos materiales. Las cortinas de muselina.

En 1880, Josefina mandó construir una orangerie, con la suficiente calidez como para poder tener plantas exóticas. En 1805, un invernadero con unas estufas de carbón que funcionaban las 24 horas al día. Gracias a que importó plantas desconocidas en Francia, florecieron por primera vez: dalias, hibiscos, camelias y magnolios. Sin olvidar su gran colección de rosales, de más de 250 variedades, famosos en todo el mundo. Josefina también hizo traer algunas especies de animales exóticos, como cisnes negros de Australia, avestruces, canguros, cebras, orangutanes, etc..

La mansión se convirtió en un verdadero hogar para los Bonaparte. En 1810, después de su divorcio, Josefina se quedó con la mansión y una renta anual de cinco millones de francos. En 1811, volvió a hacer reformas en la Malmaison, el encargado fue Martin Berthault.  El 29 de mayo de 1814, cuando contaba 51 años de edad, falleció de una neumonía en la Malmaison.

La siguiente propietaria de la Malmaison fue María Cristina de Borbón, la viuda de Fernando VII, la compró para vivir con su segundo marido el duque de Riansares, y sus hijos. En 1861 se la vendió a Napoleón III, nieto de Josefina.

Hoy en día está abierto como el Museo Nacional del Palacio de Malmaison, Gracias a la generosidad de muchos, se convirtió en un museo dedicado a Napoleón y Josefina.


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