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7D: primeras impresiones después de parlamentarias



Escribimos al fragor de los anuncios realizados por el Consejo Nacional Electoral (CNE) sobre la nueva composición de la Asamblea Nacional.

Preliminarmente, la oposición obtiene 99 diputados, con algunos escaños todavía por ser definidos.  Bajo este escenario, se confirmaría nuestro escenario Happy Meal, descrito algunos días atrás.

La pregunta es obvia. ¿Qué gana la oposición con este escenario? Haremos una síntesis de los elementos más importantes que, a nuestro juicio, afectan de inmediato el panorama venezolano.

Tablero político: el gobierno resulta el gran perdedor en términos electorales. Esta derrota implica el socavamiento de sus bases y desdibuja ese mito de “invencibilidad” que había rodeado al régimen en prácticamente la totalidad de los procesos electorales. Mermada su capacidad de apalancamiento político, es lógico que el gobierno vea reducido su margen de maniobrabilidad en términos de apoyo popular. 

Sin embargo –y por las razones que fueren– el reconocimiento de la derrota también favorece al régimen en cuanto a su imagen dictatorial-totalitaria. El planteamiento es obvio: ¿Qué régimen de este tipo reconocería la victoria de la oposición en uno de los principales poderes públicos? Pues ninguno. Y, en cierto modo, esto constituye una suerte de limpieza de imagen del régimen ante el mundo. Ello no debe desestimarse llegado el escenario de futuros eventos electorales (elecciones regionales, presidenciales, referendo) que pudieran vislumbrarse en el mediano plazo. La oposición ya no tiene excusas para decir que perdió cuando logró derrotar al gobierno en el parlamento. Este argumento tiene su caída, así que mucha atención.

Gestión Parlamentaria: partiendo de la mayoría simple, la oposición logra las bases para sentar un marco normativo nuevo en todo aquello que implique Leyes que no requieran mayoría absoluta o calificada.

Como ejemplos prácticos, creemos –o al menos esa es nuestra sugerencia– que la nueva mayoría parlamentaria debe abocarse a derogar las leyes que han perjudicado de forma sensible a la economía. Particularmente, haré referencia a dos que son fundamentales: (i) la actual Ley del Régimen Cambiario y sus Ilícitos; y (ii) la Ley de Precios Justos. La derogatoria de estas leyes es imperativa, y esperamos que el pensamiento socialista prevaleciente en la oposición no sea un muro de contención para que estas medidas imperativas se ejecuten. (Hay otras cosas en el plano financiero y fiscal que podremos abordar en otro momento).

Adicionalmente, existen leyes como la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos que pudieran modificarse para que florezca nuevamente la libertad en temas de medios de comunicación y libertad de prensa. De hecho son tantos y tantos los temas que hay que abordar que no quisiera entrar en detalles ahora. Pero háganse una idea de las leyes y leyes (o decretos leyes presidenciales) que habiendo sido ejecutados pueden ser revisados.

Otro punto importante es el control parlamentario sobre la función pública del ejecutivo nacional. Constitucionalmente, los diputados pueden –y deben– ejercer una función contralora sobre las acciones del ejecutivo (presidente, vicepresidente, ministerios, órganos y entes adscritos como el SENIAT, las superintendencias, .etc). Ello debería contribuir a una mayor transparencia en el manejo de los recursos del Estado. Esperemos que ello no se quede en el tintero, ni tampoco se obvie en nombre de la “tolerancia”. Una cosa es ser vengativo y otra es permitir que la corrupción se mantenga como estandarte de las funciones públicas en el país.

Llegó la hora de gobernar: tras un largo período, la oposición volverá a gobernar más allá del ámbito regional y municipal. El hecho no es poco significativo, puesto que ya no puede escudarse en la excusa de que el “gobierno” hizo esto o no lo hizo. Ahora la oposición es gobierno y, por lo tanto, también es corresponsable de las cosas que sucedan en el país. Creadores de políticas tendrán que estar a la altura de las circunstancias.

Para esta tarea es vital que los diputados entiendan que ser un diputado es algo muy distinto a ser un gobernador o alcalde. El parlamento no construye canchas deportivas ni escuelas, desarrolla regulaciones y se encarga de velar por la creación y asentamiento del Estado de Derecho, de allí su vital importancia. La oposición parlamentaria deberá hacer oposición parlamentaria. Suena obvio, pero esto no es algo tan sencillo. ¿Estarán los diputados a la altura y capacidad de crear leyes o derogarlas? ¿Cómo será su trabajo dentro de las comisiones que tiene en su seno la Asamblea? ¿Asistirán los diputados responsablemente a sus sesiones? La oposición tiene que sembrar con el ejemplo el país que todos deseamos.

Desafíos y peligros: Una cosa hay que tener clara. Se ganó una mayoría simple en la AN, lo cual no implica que los otros poderes públicos nacionales hayan dejado de existir. Tampoco el oficialismo se ha desaparecido del mapa y ha dejado de ser una fuerza política de importancia en el país. Por ello, la AN tendrá que enfrentar al Ejecutivo Nacional –tarea nada fácil en un país con un régimen presidencialista y de paso de corte personalista en los últimos 16 años– y al Poder Judicial (TSJ). Conviene recordar que constitucionalmente ningún poder está por encima del otro, por lo cual el juego político se plantea en un escenario cuando menos interesante. ¿Se le ponen cotos al oficialismo? Cierto ¿Podrá la oposición ejercer funciones desde la AN sin que oficialismo la obstruya? ¿Se tranca el juego? ¿Habrá que llegar a acuerdos y consensos? Allí quedan pendientes temas como las promulgaciones y las declaratorias de inconstitucionalidad de las normas, por tan sólo citar algunos ejemplos que vienen a mi cabeza ahora.

Existe también otro tema de gran peligro: el poder comunal y la posibilidad de vaciar de contenido al parlamento para dotarle a las comunas de atribuciones que otrora pertenecen por mandato constitucional al parlamento. Este es un tema álgido pero que no puede en modo alguno ser desdeñado. En la práctica el gobierno con el objeto de afianzar su revolución ha demostrado de lo que es capaz, más allá de lo que dicte cualquier ley e incluso la misma Constitución. 

Amanecerá y veremos. No canto victoria aún.


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