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Muéstrame tu voluntad (Primera parte)


La historia detrás de la canción.

Era inicios del año 2000, tenía 25 años de edad. Desde mis catorce había venido congregándome en una maravillosa Iglesia de la capital de mi país. Esta estupenda congregación contribuyó a mi crecimiento espiritual durante once años. En ese lugar renové mi consagración al Señor, recibí el bautismo del Espíritu Santo, crecí en el conocimiento de la Palabra y tomé decisiones que han marcado mi vida hasta hoy. Francamente yo amaba ese lugar. ¡No sabes cuánto! Dios utilizó esa iglesia y su liderazgo para bendecirme enormemente.

Nunca he sido alguien que se ha caracterizado por cambiar frecuentemente de iglesia. Mis padres me enseñaron con su ejemplo que uno no debe tener “espíritu de sapo”. Es decir, andar saltando de iglesia en iglesia. Mi compromiso con mi congregación era firme y me sentía animado a continuar en ella hasta que en 1997 ocurrieron una serie de incidentes que me hicieron pensar en salir. Aunque ese año pasó por mi mente retirarme jamás ese pensamiento me bajó al corazón a modo de llevarlo a la acción.

Una división sumamente dolorosa, la mayoría de mis amigos yéndose a la otra congregación y el grupo de jóvenes en picada debido a todo esto. Recuerdo que un amigo me aconsejó esa vez: “Noel, nunca te vayas de una iglesia que está en crisis. Espera a que ésta haya pasado para entonces tomar la decisión”.

Me quedé.

En el año 2000 yo continuaba fungiendo como uno de los directores principales de adoración. Mi pensamiento en ese puesto era: “Yo estoy aquí para dar, no para recibir”. Así que no me importaba que la mayoría de reuniones no saliera edificado ya que yo estaba allí para dar. A inicios de enero tuve una conversación con un amigo que hacía unos meses se había retirado de la iglesia. Entre plática y plática me preguntó: “Noel, ¿por qué sigues allí?” “Porque estoy para dar y no para recibir” respondí. Mi amigo me dijo: “Pues tu forma de pensar no está del todo bien. La iglesia también es un lugar para recibir y tú deberías estar recibiendo”.

Sus palabras me tomaron por sorpresa y me dejaron meditando. La idea de cambiarme comenzó a bajar a mi corazón.

Recuerdo que un par de semanas después recibí una llamada de mi primo donde me pedía que le mostrara a él y a su papá dónde quedaba una iglesia que andaban buscando. Me recogieron en mi casa, subí al auto y los guié hasta el lugar. Dejamos a mi primo, y mi tío y yo no dirigimos de nuevo hacia mi casa. Cuando se estacionó al frente y yo estaba por bajar, le dije: “Tío, no sé si estoy siendo precipitado al comentarle esto, pero últimamente he estado acariciando la idea de cambiarme de iglesia”.

Me pidió que entráramos a la casa para poder conversar y nos sentamos en la sala. Me hizo preguntas punzantes, escarbó en mi corazón y descubrió actitudes que estaban mal. Después de treinta minutos escuchándome, recuerdo que me dijo: “Noel, tienes que corregir tus actitudes antes de considerar cambiarte de iglesia, no es correcto irse con el corazón dañado”. Me habló de lo difícil que es ser pastor y de todo el resentimiento que yo había abrigado en mi corazón sin darme cuenta. “¿Me dejas orar por ti?”, añadió.

Francamente eso me tomón por sorpresa. Sólo estábamos él, mi mamá (que se había unido a la conversación) y yo en la sala. Me impuso las manos y el Espíritu Santo me tocó. Comencé a llorar desconsoladamente. El Señor comenzó a sanar mi corazón de cosas que ni siquiera yo me había dado cuenta que tenía dentro. Eso durante diez minutos.

Cuando terminamos de orar y nos despedimos, le dije: “Tío, permítame visitar su iglesia a la vez que sigo en la mía. Me gustaría conocer algo distinto”. Yo ya había visitado su congregación en las celebraciones de Navidad y Año Nuevo unas semanas antes y recuerdo haber sido ministrado de forma muy especial en esas reuniones, por eso le pedí que me dejara visitarlos ocasionalmente.

Luego que nos despedimos, me dirigí a mi cuarto y continué llorando. Yo amaba la iglesia donde me congregaba, pero en cierto modo mi corazón ya no estaba allí. Por lo tanto, esa noche tomé una decisión: “Serviré en la congregación con más ahínco del que he mostrado. Asistiré puntualmente a los cultos dominicales sin importar que no tenga que dirigir la alabanza. Y, además, continuaré fiel a las reuniones de jóvenes entre semana y los días sábados”.

Cuando tomé esa decisión lo hice pensando en dos posibilidades. Una: que si yo cumplía con mis responsabilidades, muy probablemente mi corazón volvería a enamorarse (por decirlo así) de ese lugar. O dos: que si por alguna razón yo aún tenía en mi corazón la intención de irme yo habría hecho tan buen trabajo que podría salir en paz y dejar las puertas abiertas.

Fue por ese entonces que compuse la canción: “Muéstrame tu voluntad”. Fue antes de iniciar una vigilia de jóvenes. Ese día viernes llegué antes que todos y mientras esperábamos iniciar y a medida que todo mundo llegaba, me senté al piano y comencé a tocar algunos acordes.

Mi abuelita Isabel me enseñó hace muchos años que las únicas oraciones que Dios contesta son aquellas que están basadas en la Palabra. Amparado en ese principio siempre he acostumbrado orar pasajes de la Escritura. Por esos días yo había comenzado a orar el Salmo 25, el cual es un salmo que habla sobre pedir dirección a Dios en el camino de la vida, dirección que me urgía recibir. Y bueno, como ya llevaba varios días orando ese Salmo y esa noche antes de iniciar la vigilia tocaba el piano, algunas melodías comenzaron a venir a mi mente y además, las palabras del Salmo 25 con el cual ya está muy familiarizado. La canción surgió casi en su totalidad esa noche.

Muéstrame tu voluntad
Noel Navas

Muéstrame el camino de tu voluntad,
por esta senda quiero andar.
Este es mi destino conocer tu voluntad,
encamíname en tu verdad.

Salvación a mi tú has sido en mi caminar,
Oh, Dios mío, en ti confío, en ti he de esperar.

Coro:
/Muéstrame tu voluntad
Muéstrame tu voluntad/

No será confundido quien en ti sabe esperar,
acuérdate de mí por tu bondad.
Y mis enemigos de mi no se han de alegrar
porque a ti mi alma he de levantar.

Salvación a mi tu has sido en mi caminar
Oh, Dios mío, en ti confío, en ti he de esperar.

Puente:
/Tú me enseñas tus sendas,
tú me muestras tus veredas/

Continuará…



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