El presidente Raúl Castro y su vicepresidente asistieron el domingo a la develación formal de una estatua de José Martí financiada por un museo estadounidense, un indicio del interés de Cuba en preservar los vínculos entre ambos países a pesar del enfriamiento con el gobierno del mandatario Donald Trump.

En la ceremonia efectuada al amanecer, Castro y el vicepresidente Miguel Díaz Canel _del que se espera sea su sucesor_ estuvieron sentados en primera fila con miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos _las demócratas Barbara Lee y Karen Bass, y el republicano Roger Marshall_, los estadounidenses de más alto rango presentes en el acto. Como Castro efectúa relativamente pocas presentaciones públicas, su presencia dio particular realce a la ceremonia en un país donde los movimientos de los altos funcionarios son sujeto de mucha atención en busca de indicios sobre los planes e intenciones del gobierno.

La estatua de bronce de Martí sobre un caballo encabritado fue financiada con 2,5 millones de dólares recaudados en Estados Unidos en un proyecto emprendido por el Museo de Arte del Bronx, que desde hace tiempo mantiene vínculos con diversas instituciones culturales estatales en Cuba. La obra de 5,6 metros (18,5 pies) de largo y ocho toneladas de peso es copia exacta de una escultura instalada en 1965 en el extremo sur del Central Park en Nueva York.

El domingo se cumplió el 165to aniversario del natalicio de Martí, un renombrado poeta, periodista y luchador por la independencia cubana que fue herido de muerte en 1895 durante una batalla contra fuerzas españolas.

Martí, que vivió años exiliado en la ciudad de Nueva York, es reverenciado casi por todos los cubanos, tanto en la isla como en el extranjero, a pesar de sus diferencias políticas, lo que lo convierte en un fuerte símbolo para los intentos de reconciliación entre Estados Unidos y Cuba.

“Me alegra extraordinariamente que podamos los habaneros disfrutar hoy de una obra tan bella y tan poéticamente inspirada”, dijo Eusebio Leal, historiador de la ciudad de La Habana, en un discurso ante los asistentes que también fue transmitido por los medios de comunicaciones del Estado.

El presidente de la junta directiva del Museo del Bronx, Joseph Mizzi, también se dirigió al auditorio, y el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, envió una carta que un colaborador leyó.

La estatua fue colocada en un sitio destacado en La Habana, cerca del Museo de la Revolución, y está orientada hacia el estrecho de la Florida y Estados Unidos.

El proyecto binacional para la realización de la escultura comenzó poco después de que Castro y el presidente Barack Obama anunciaran en diciembre de 2014 que sus países procederían al restablecimiento de vínculos diplomáticos y empezarían a normalizar las relaciones. Obama hizo una visita triunfal a Cuba en 2016 con gran parte de su gabinete y decenas de dirigentes empresariales interesados en hacer negocios en la isla, pero las relaciones se enfriaron marcadamente desde la llegada de Trump al poder.

El gobierno de Trump responsabilizó a la isla de lo que las autoridades estadounidenses llaman ataques misteriosos que afectaron el oído, la vista y las funciones cognitivas de parte del personal de la embajada de Estados Unidos en La Habana. Washington mretiró a la mayoría de sus empleados de la embajada y emitió advertencias para no viajar a la isla a pesar de la insistencia de Cuba de que no hay pruebas de los ataques y de que sigue siendo uno de los destinos más seguros del mundo para los turistas.

De todas formas, Cuba recibió el año pasado más de un millón de residentes de Estados Unidos _tanto turistas como cubano-estadounidenses que visitaron a sus familias_, una fuente cada vez más importante de ingresos para la isla, cuya economía está casi estancada.