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El modelo Mister Wonderful se compra mejor

Algunos tenemos claro que no se trata de un bando o de otro, sino de nuestro futuro. Es por eso que nos negamos a ser taxonomizados como perteneciente al bando de los misters wonderfuls o carcas. Ya si eso cuestionamos el asunto de la revolución de las sonrisas o los rictus pero, por desgracia, eso es algo que no toca hacer en un post como éste. Un artículo destinado en exclusividad a entender por qué, salvo para algunos, la mayoría de los docentes y medios de comunicación están optando por el Modelo Mister Wonderful para educación.

Fuente: Facebook

Es fácilmente comprensible que, por lógica, debería haber tantas visiones pedagógicas como docentes hubiera en el aula. El problema fundamental es que el docente, como ser humano, tiende a la sociabilización. Por eso, y por cuestiones evolutivas que no vienen al caso, hay una lógica que hace que deban agruparse en función de intereses o concepciones de ciertos aspectos. En educación pasa lo mismo que en otros ámbitos: necesidad de pertenecer a un colectivo, necesidad absoluta de sentirse aceptados y, por desgracia, un coste importante a nivel de crítica hacia el colectivo que uno “libremente” ha elegido. Es por ello que las visiones educativas cada vez están tendiendo más hacia los extremos. Necesidad absoluta de diferenciarse porque, al final, si no hay extremos no hay posibilidad de mantener a los acólitos de los mismos. Lo mismo sucede actualmente en la política. No creo que haga falta dar ejemplos.

Entonces, ¿por qué habiendo dos extremos está ganando por goleada el sector más misterwonderfuliano? Pues es muy sencillo de entender. Los medios, habitualmente, destinan más recursos a difundir determinadas cuestiones que otras. Es fácil observar que es más cómodo ponerte a defender los premios de una entidad bancaria que cuestionar los motivos que subyacen tras los mismos. O, simplemente, ponerte a analizar qué ha hecho esa entidad bancaria a nivel de desahucios (dejando a niños en la calle) o contra sus trabajadores. Es mucho Mejor obviar lo malo para centrarse en lo maravilloso que es sentirte reconocido. Más aún cuando sabes que hay posibilidad de que salgas en los medios donde, sin ningún sonrojo, van a decir de ti que eres el mejor docente (o de los mejores) de tu país. Mucho más cómodo que cuestionar el asunto.

Lo mismo para determinadas modas pedagógicas. Es mucho más fácil ponerte a creer en ellas que plantearte que, por desgracia, no hay ninguna metodología en educación que tenga garantías de éxito sin un gran trabajo detrás y, lamentablemente, con muchos factores que no dependerán de la misma. Es más complejo aprender a moverte en un contexto líquido que pretender que hay modelos educativos de éxito. Más cómodo creerte lo de Finlandia que analizar qué puedes hacer para mejorar en tu contexto. Mejor creerte o denostar las pruebas PISA sin dar alternativas al asunto que plantearte los porqués de las mismas. Mejor sacar pecho que intentar analizar qué es lo que no ha salido mal. Mejor creer en emociones que en la necesidad del esfuerzo que supone que muchos alumnos puedan romper sus techos de cristal.

En un oficio sin atajos y una disciplina en la que demasiados hablan, pocos saben y, aún menos entienden, es mucho más fácil creerte un determinado discurso que otro. Ahora toca vender el discurso de Mister Wonderful, mañana quién sabe. Seguro que ya hay algunos que están planteando que, una vez agotado el modelo de las sonrisas, que cuenta con la colaboración desinteresada de parte del colectivo, tocará tomar un giro de ciento ochenta grados. Lo importante para algunos seguirá siendo culpabilizar a los docentes porque, al final, la clave de todo lo que sucede en el modelo eduwonderfuliano actual, es pretender que quien no se sume al mismo sea considerado un mal docente llevando, en caso de ser imposible cuestionar su praxis profesional, al terreno personal. Es lo que tienen esos modelos de tazas prediseñadas con frases guays. Si no tiene clientes siempre debe buscar un resquicio para hacerse con unos cuantos. Y eso siempre es más fácil señalando a enemigos porque, al final, no es tanto cuestión de compartir ideología como de tener a los mismos enemigos.

En la actualidad el modelo Mister Wonderful en educación se compra mejor. Posiblemente veremos dentro de unos años, seguramente, a los mismos que hoy defienden este modelo, defender el totalmente opuesto al mismo. Es lo que tiene el neoliberalismo (su necesidad de buscar negocio una vez agotados determinados filones) y la necesidad de algunos de venderse al mejor postor.



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