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Atentados hortográficos de una kultura de mínimos

Si al final va a resultar que ser un buen profesional de la docencia es mucho más sencillo de lo que parece. Las claves serían una buena formación académica, una ortografía cuidada y, una lectura crítica y constante. No creo que todo deba ser flipped, abp, gamificación o, simplemente, jugar a usar tal o cual herramienta. A veces, como repiten Algunos de forma continua en sus discursos, menos es más… pero en este caso el menos no se refiere a la necesidad de disminuir el aprendizaje o edulcorarlo, para que lo importante sea el dulzor y no el propio aprendizaje. Y, por cierto, no estoy hablando de esfuerzos mal entendidos porque, al final, es que algunos entienden lo que les da la gana por motivos desconocidos. Bueno, son sobradamente conocidos pero no hace falta ir explicándolos a diario.

Fuente: Shutterstock

Este verano habrá docentes que ni tan solo habrán abierto un libro. Bueno, algunos hace años que, salvo el libro de texto, tienen una cierta alergia a ese producto. Y eso que, actualmente, se permite respetar ese sentimiento ecológico de algunos y proceder a la lectura en formato digital. Ya si eso hablamos de las bibliotecas donde, por lo visto, existen libros en papel que te puedes llevar a casa a coste cero. Es bueno recordarlo porque, en esos lugares, uno no se contagia de nada. Bueno, salvo de tener cada vez más ganas de leer. Un detalle, leer no consiste siempre en la lectura de determinados autores muy reconocidos por la crítica literaria. Leer es un simple ejercicio de placer. Más aún a ciertas edades. Tan válido es leer un cómico como revisitar un clásico. Creo que se me entiende perfectamente qué quiero decir.

Una de las preocupaciones que deberíamos tener a nivel educativo es ver la incultura de algunos que, supuestamente, se dedican a la docencia. Bajo el falso supuesto, tan vendido por algunos, especialmente pertenecientes a la ola innovadora, de la necesidad de elegir a los docentes por la praxis y no por sus conocimientos hay un discurso muy peligroso. Más aún el justificar errores ortográficos bajo el pretexto de no ser lo importante. Pues va a ser que sí. Escribir sin faltas de ortografía es imprescindible para ser un buen profesional de la docencia. Algo que no excluye que, en ciertos momentos muy puntuales, podamos cometer alguna errata pero, cuando lo que se hace es cometer esos atentados de forma continua es que, quizás hay algo que falla. Y lo de la autojustificación del delito tiene muy poco de admisible.

Hay discursos educativos que no se venderían si todos los docentes leyéramos más. Lo más grave del asunto es que, los que no se han leído ni un libro desde las lecturas obligatorias de su etapa como alumnos, ahora van de expertos en tal o cual tema por saber buscar en Google o apostar por la Wikipedia. Muchos ni tan solo han leído nada de lo que dicen que han leído porque, al final, si uno analiza qué dicen algunos que van de eruditos de la pedagogía, ve que no tiene nada que ver con lo que mencionaban los autores que postularon acerca de determinadas cuestiones. Y ahí entra el desparpajo. Un desparpajo que aumenta al aumentar la incultura. Con un darse garbeo por determinados canales de televisión hay más que suficiente.

No creo ser el único que defienda que los docentes debamos ser personas cultas y formadas. Otra cuestión es que también necesitemos una formación inicial de calidad que nos permita ejercer la docencia de la mejor forma posible. Además, ¿qué hay de malo con saber de metodologías y pedagogía como extra? Pues nada pero, al final, resulta que si uno empieza a leer ciertas cosas que publican algunos de forma crítica se empieza a preocupar. Hay ejemplos para aburrir.

Un Docente Debe Ser mucho más que un transmisor de contenidos o uno que aplique una determinada metodología en el aula. Un docente debe ser una persona culta. Cultura que debe ir alimentando de forma continua porque, al final, es lo que acaba transmitiendo a sus alumnos. No olvidemos jamás que un docente acaba siendo un modelo para sus alumnos. Para bien o para mal. Ahí es donde uno libremente decide.



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