Get Even More Visitors To Your Blog, Upgrade To A Business Listing >>

De esos días en los que, en el aula, todo sale mal

De Esos días en los que un dron se empeña en no volar cuando tienes la presentación en un par de semanas. De esos días en los que te das cuenta que no tienes ni pajolera idea de usar un croma y que Puigdemont (el robot que participa en una obra de teatro, bautizado así por los alumnos) se declara en rebeldía y no quiere hacer lo que le dices en la programación. De esos días en los que también tienes a ese grupo que ha dejado de entender cómo funcionaba Scratch y, lo que es más importante, de la máquina del café sale algo parecido a café pero sin que se le parezca los más mínimo. Pues bien, ayer tuve uno de esos días. Días que, pasados los años, cada vez te cuestan más de remontar y que te dejan agotado tanto física como psicológicamente. Sumadle a eso el cansancio acumulado de todos los docentes a estas alturas de curso (¿os dais cuenta que cada vez nos cansamos antes o es solo una percepción personal?) y ya tenéis un cóctel para irte a acodar el la horchatería más cercana mientras miras el movimiento de la pajita y esperas ver deshacer esos granitos de hielo. Sí, tomo horchata mixta que consiste en una mezcla de líquida más granizada.

Fuente: ShutterStock

No me considero un mal docente. Tampoco uno de esos extraordinarios que, da la sensación que todo lo que toquen se convierta en milagro. La verdad es que soy uno más del montón. Con días buenos, malos y, de esos en los que solo miras el reloj para ver cuando acaba tu jornada laboral. Me da la sensación que ayer la vena de la yugular se hinchó más de la cuenta pero hay momentos en los que eso sucede y, no hay técnica de mindfulness que lo soluciones. Un detalle, lo de ir soltando tacos en tu lengua materna e, incluso en inglés (que aunque me niegue a tener ningún certificado para que no me obliguen a dar mi asignatura en esa lengua, lo domino algo) tampoco soluciona nada. Ni en días como ayer relaja un pijo. Nada, que hay días en los que todo se empeña en salir mal. Y cuando empiezas mal la cosa puede acabar peor.

Si sumo a lo del aula lo de fuera de ella ya es para soltar la lagrimilla. La burocracia que supone organizar unas Jornadas, los temas personales que a diario deben salir (léase cuestiones domésticas varias) y algunos otros detalles macabros, que no voy a contaros porque estamos en la previa de hoy y tampoco quiero deprimiros antes de entrar a vuestra primera clase o llegar a vuestro curro, resulta que ayer se confabularon para convertir un día que no amaneció mal en un día en el que me sentí una mierda como profesional. No es el primero ni va a ser el último en que me sienta así pero, normalmente, hay una cierta compensación entre una clase que te sale mal y otra en la que mejoras. Pues va a ser que ayer la sensación de hacerlo mal no me dejó hasta que cogí el coche para largarme a casa. Y ni entonces porque, en el viaje, solo rumiaba cómo podía arreglar las cosas para mañana. Qué sensación más desagradable. Os lo prometo.

Quizás sería más feliz haciendo ganchillo que dando clase pero seguro que, al final, también la cagaría en algún momento al dar la puntada. Además me gusta mi trabajo y creo que, hasta que no me toque la lotería (la esperanza nunca se pierde) o tenga algún tipo de exceso con la horchata que me haga aceptar alguna de esas propuestas que cada cierto tiempo me hacen para largarme del aula, continuaré en la misma. Eso espero.

Buenos días y perdonad el tono del post de hoy, pero es que ayer fue uno de esos días…



This post first appeared on XarxaTIC, please read the originial post: here

Share the post

De esos días en los que, en el aula, todo sale mal

×

Subscribe to Xarxatic

Get updates delivered right to your inbox!

Thank you for your subscription

×