Get Even More Visitors To Your Blog, Upgrade To A Business Listing >>

Buenos dí… ¡qué demonios!

Los docentes tenemos una manera de medir los años diferentes del resto de mortales. No es sólo considerar el 31 de diciembre como algo sinsentido, más allá de la cena, el morapio y, cómo no, las vistas a un maravilloso reloj que, para los puristas, sigue indicando la buena suerte que se va a tener a lo largo del año. Ya, es ilógico dejar al albur de las manecillas de un reloj las expectativas vitales pero, lamentablemente, todos sabemos que los unicornios, las magias y los vendedores de remedios curalotodo o posteriores vidas maravillosas, venden muy bien. Y no sólo ante la sociedad más inculta. También hay grandes pensadores y científicos que creen a pies juntillas en lo anterior. La competencia profesional, a veces, tiene muy poca relación con el sentido común. Pero no iba a hablar de ello hoy…

Fuente: Fotolia CC

Hoy es el día de la vuelta al tajo. Al curro. A aquello que, los pobres, debemos hacer para sobrevivir en una sociedad donde, por desgracia, sigue siendo demasiada la brecha entre los pobres y los ricos. Los docentes sobrevivimos. Para Algunos vivimos muy bien, para otros vivimos algo peor. Para mí, en ocasiones, me gustaría que este Trabajo que adoro se convirtiera en devoción en lugar de obligación pero no he conseguido tragarme el discurso de que el trabajo dignifica o, en nuestro caso concreto, el mantra de la vocación imprescindible. Y eso que procuro, cuando estoy en él, dar lo mejor de mi mismo. Bueno, al menos lo intento con mayor o menor éxito.

No ha habido suerte en la última oportunidad. La Primitiva no ha sido la fórmula para poder alargar mis vacaciones. Así pues toca volver al trabajo. Toca empezar a disfrutar del mismo aunque las frases de Mister Wonderful, que algunos tanto esgrimen indiscriminadamente estos días, me cause mucha grima. No, no entiendo las ganas de volver al trabajo de algunos. Vuelvo a repetir que me encanta mi trabajo pero que también podría prescindir del mismo porque tengo otros hobbies más interesantes a los que, teniendo dinero y tiempo, podría dedicarme sin ningún problema.

Lo mejor del curso que viene es empezar, por fin, en mi centro “para jubilarme”. Bueno, al menos un centro para años después de estar veinte cursos de peregrinación. No, no todos tenemos la suerte de conseguir trabajar al lado de casa y, menos aún los docentes. Salvo aquellos que tienen mucha chiripa. De los que conozco más bien pocos aunque alguno hay. Me alegro por ellos. Siempre debe uno alegrarse de que a los demás les vayan las cosas bien. Si les va bien a los demás es probable que a uno le vaya mejor.

Ahora empiezan las reuniones, la parte que menos me gusta de mi trabajo. Hablar, decidir, planificar de forma imposible aulas que no conoces y temarios que no entiendes; y conocer a aquellos que, codo con codo, van a estar contigo en un trabajo que tiene mucho de bueno, algo de malo y, seguro, que días en los que no se pasa bien. Lo mejor, como siempre, los chavales y la mayoría de compañeros. Lo peor… los que trabajamos en esto lo conocemos bien.

La ventaja de todo es que, por fin, entramos en la realidad. En unos pocos días, con chavales. Todo ello aderezado por la vuelta de los gurús, los vendedores de métodos educativos infalibles, las decisiones de carajillo de algunas administraciones y, todo ese negocio que rodea a lo que se hace en el aula. Estos días mejor ir de incógnito a una papelería o, simplemente, no ir a determinados lugares donde vendan material escolar porque todos sabemos qué conversación vamos a oír. Algunos ya estamos hartos del dedo acusador y de todo el chiringuito. Toca empezar el robo de bolis, típex y pérdida de llaves habitual porque, al final, uno sólo es docente cuando es capaz de abrir, con las llaves que va atesorando y que no sabe ni de qué centro son ni qué abren, la mayoría de puertas de los centros educativos.

Mucha suerte a todos mis compañeros que vuelven al aula, a aquellos que empiezan “servicios especiales” fuera de ellas (como asesores de formación u otros cargos), a los que están esperando una sustitución y, un gran mojón a todos aquellos que siguen legislando por encima de las posibilidades de uno. Esperando el nuevo despropósito que se le ocurre a alguno mientras la mayoría nos embarcamos en este nuevo viaje. Un despropósito que, desde el aula, intentaremos atemperar aunque cada vez nos lo están poniendo más difícil.

Me prometo este curso verlo todo de color de rosa. Ser un hippy de lo bueno y bonito que es todo lo que hay en nuestro trabajo. De pensar en lo bien que huelen las flores, las aulas, los pupitres. A ver, si por fin, cuela 🙂



This post first appeared on XarxaTIC, please read the originial post: here

Share the post

Buenos dí… ¡qué demonios!

×

Subscribe to Xarxatic

Get updates delivered right to your inbox!

Thank you for your subscription

×