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Hoja de ruta

Cuando uno lee cientos de artículos en los medios relacionados con temas educativos y ve la magnitud, a nivel mediático, que están tomando determinadas iniciativas, Conviene Preguntarse Muchas Cosas. La primera es… ¿por qué ahora? ¿Qué interés hay en convertir el sector educativo como un campo de batalla entre posturas divergentes que acaban siendo, en muchos casos, completamente enfrentadas? ¿Quién diseña la hoja de ruta para que se hable de ello? ¿Son los docentes de las aulas o intereses exógenos los que han hecho aflorar determinadas prácticas y, cómo no, hacer saltar determinados personajes a la palestra más mediática? ¿Es la mediatización educativa algo que ha surgido por haber cambiado tanto las cosas en los últimos tiempos o, simplemente, un mecanismo para que algunos se lucren, otros perviertan las necesidades de los alumnos y, muchos otros, puedan recibir parte de un pastel cada vez más lleno de nata? Sinceramente, a veces me lo pregunto porque, no sé a vosotros, pero a mí me da una sensación extraña todo el movimiento descontrolado, mediante prácticas pedagógicas milagrosas, que obliga a replantearte a los pocos días la práctica anterior por haber sido superada por una nueva sensación. Discursos que, por cierto, varían demasiado rápidamente para calar y poder ser cuestionados. Ya, ya sé que son cosas mías, pero no por ello deja de preocuparme el asunto.

Fuente: Fotolia CC

Creo, en mi humilde opinión, que deberíamos, antes de asumir como válida cualquier postura en el ámbito educativo, plantearnos por qué sucede lo anterior. No es lógico que haya una expansión tan descontrolada de productos y servicios. Menos aún que se esté dando voz a determinados líderes de opinión que, más allá de tener un discurso más o menos interesante, no son representativos de la realidad que estamos teniendo en nuestras aulas. No, no es sólo vender sólo lo bueno y obviar lo malo. Es reconvertir planteamientos serios en discursos facilones cuyo interés, al final, depende más de grupos de adeptos, religiones y grupos empresariales que tienen un determinado producto que han de poner a la venta. Se parece demasiado a la irrupción de los mercaderes en el templo. Lo que pasa que, en el caso de la educación, el que desmonta los tenderetes lo hace bajo el mismo interés de los que las tienen: el beneficio propio.

Se miden egos en función del número de seguidores en las redes sociales. Se busca ingresos rápidos mediante conferencias o redacción de libros que permiten a algunos poder, en caso que les vaya bien lo anterior, salir de esas aulas que no son tan fáciles de gestionar. Hay prácticas que funcionan que, por necesitar ser mediatizadas, se convierten en un esperpento cuyo coste para los alumnos es del todo menos barato. Y así seguimos. Todos jugando a tener verdades absolutas y absolutistas. Nadie planteándose que no todo sea tan malo. Que quizás lo que hacemos o queremos hacer viene delimitado por algunos que nos marcan un mal camino y, por desgracia, buscando enemigos a lo largo del camino.

Estoy preocupado porque veo la educación como un tren descontrolado plagado de zombis con el único objetivo de satisfacer sus creencias. No hay nada que dé más miedo que la religión y las doctrinas. Empieza a ser el momento en que alguien se pregunte qué está pasando en el ámbito educativo, sus porqués y, al final, poder entender muchas cosas. Descubriremos que no todo lo blanco y en botella es leche por mucho que sea fácil hacer esa extrapolación. Y, en el caso que sea leche, conviene preguntarse qué tipo de leche es porque no todas son iguales 🙂

Muchos tenemos nuestras ideas acerca de cómo debería ser la educación pero, ¿no creéis que deberíamos preguntarnos si son propias o inducidas de forma subliminal por terceros?


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