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El que vale vale, y el que no…

El otro día escribía un post en mi blog en el que hablaba del compromiso que mucha gente tiene con su oficio de docente, algo de lo que suele opinar mucho el dueño de todo esto, el Jordi. Lo compartí con mi claustro y he tenido un feedback majo con algunas de mis compañeras (sí, han sido todas chicas), de forma que me ha hecho plantearme algunas cosas, detalles que no veía porque siempre voy con demasiados Megaherzios a todos los sitios. Algo que les gustó era una de esas frases demoledoras que luego no lo son tanto: o haces bien tu trabajo o no cumples y te vas, la Educación no es para ti. No, no voy a mentar aquí la cacareada “vocación”, que su definición ya asusta. La pongo y luego hablamos.

Fuente: http://www.rae.es/

Fuente: http://www.rae.es/

Mucha gente ha aterrizado en esto de la educación, sobre todo en la Secundaria, después de cursar una carrera de Ciencias o de Letras, y muchas de esas personas nunca tuvieron un pálpito interior que les hacía verse delante de adolescentes un poco después de recoger su título de licenciado/a. No había curro, así que el siguiente paso era hacer el Curso de Aptitud Pedagógica, peeeero sólo por si acaso, porque si no salía nada de lo mío, pues siempre te podrías apuntar a esas tremendas listas para hacer sustituciones. Muchísimas personas de mi generación de abuelo Cebolleta y muchas posteriores han entrado en el sistema así, no me hablen de profesión vocacional que me entra la risa floja.

¿No tener pensado Dar Clases te hace ser un mal profesional de la enseñanza? Vayamos por partes, que dijo la chica de Bones mientras ordenaba los 206 huesos del finado. Llegas al sistema educativo con un título, unos mínimos conocimientos pedagógicos que te ha dado el CAP, por cierto a precio de oro últimamente, y te enfrentas a lo que puede ser el oficio de tu vida, no una solución intermedia, no, una vida donde el año para ti empieza el 1 de septiembre, no el 1 de enero. Mis compañeras, las que opinaban sobre el post, llegaron así, y no dudo en ningún momento de su valía, porque si algo nos ha enseñado este ámbito laboral es que o te adaptas, o desesperas. Yo siempre he tenido claro ese sentir interior que me abocaba a dar clases, pero he visto cosas que vosotros no creeríais en esto de dar clase y no me voy a extender.

Como ya apunta Jordi en su post “La docencia, más allá de la esclavitud que se vislumbra” y yo en el mío, en Educación hay de todo, pero lo que abunda es el o la buen/a profesional, la persona que se recicla, que está dispuesta a aprender y enseñar con esa pizca de innovación necesaria. Por muchos palos que nos den desde el poder o desde cierto tipo de familias despóticas, en las escuelas y los institutos hacemos nuestra labor, desasnamos, instruimos, educamos y muchos, muchos días, deleitamos, divertimos, “epatamos”, o sea, en esencia, enseñamos. Nos dirán que estamos repitiendo el modelo a base de apuntes, deberes y aburridos exámenes, nos escupirán lo de las vacaciones, nos echarán en cara el sueldo, el horario y hasta los pencos de los vagos de sus hijos, pero hay profesionales de esto que llamamos Enseñanza, como los hay en Sanidad o en cualquier ámbito laboral. Ah, y por cierto, si alguien de ahí afuera lo sabe hacer mejor, las puertas están abiertas: carrera, CAP, oposiciones y empezar a medir el paso del tiempo por cursos, no por años naturales. Cada hora, más de 20 adolescentes van a estar examinándote desde cómo vas vestido a si has preparado la clase, que se nota, pardiez que se nota.



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