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Donatello parmi les fauves !!



"Mejor no hacer nada que hacer cualquier cosa"
Francisco Picabia



Hacia el final de El honor perdido de Katharina Blum, se produce durante la inauguración de una exposición de un conocido pintor una pelea entre dos ex-amigos en la que uno de ellos sangra ligeramente. El pintor recoge la sangre en un kleenex y lo firma, entregandolo a uno de los contendientes (en mala situación económica por culpa del otro) para que lo venda y "mejore sus activos".

A principios de los 60s, Piero Manzoni enlató supuestamente trozos de excrementos propios y los vendió como "Mierda de Artista". La leyenda urbana dice que algunas latas han estallado con el tiempo por causa de los gases. Las latas en cuestión alcanzan en subastas precios de cientos de miles de euros. Euros por mierda, o por yeso (que es lo que algunos dicen que hay en las latas en cuestión).

Hace pocos años, la señora de la limpieza de la Tate Modern de Londres tiró a la basura un cenicero lleno de colillas malolientes. Luego se hizo publico que una ignorante limpiadora (inmigrante sin duda) con ninguna sensibilidad artística había estropeado una valiosa instalación de Tracy Emin consistente en su cama deshecha, ropa tirada y restos de la cena junto al cenicero. Por cierto, la cama es hoy un "icono del arte conceptual" que Christie's subasta por un 1.500.000 (un millón y medio) de euros, supongo que con las apestosas colillas ya repuestas.

El ultramillonario Damien Hirst, compañero de Tracy Emin en sus inicios en los Young British Artists promocionados por el galerista Charles Saatchi, tuvo que restaurar un tiburón tigre de gran tamaño que había vendido por varios millones de euros años antes, disecado por el método no sé si muy científico de inyectarle formol por todas partes. El bicho en cuestión comenzaba a pudrirse más incluso que el cerebro del comprador de la obra de arte.

La gesamtkunstwerk; finalmente la obra de arte total. Un trozo de mierda enlatada (y no me refiero a un CD de Justin Bieber y otros bardos de similar jaez) que vale millones. Exactamente (según la web de Christie's) en 2012 se vendió una lata de mierda en £103.250, o sea 125.000.

"Les he tirado a la cara el estante de las botellas y el orinal y ahora los admiran por su belleza estética" , exclamó un cabreado Marcel Duchamp en 1962, cuando su obra de la época dadá resultó enormemente valorada y cotizada, cosa que él no quería que ocurriera porque no daba ningún valor al arte, sino al artista. Justo lo dijo en la época en la que Manzoni (el hijo del Conde Manzoni) enlataba sus mierdas, vendía fotocopias de su huella dactilar o hinchaba globos para vender su "aliento de artista" : al final en un sentido muy irónico le daba la razón a su admirado Duchamp, como también lo hizo en la misma época Yves Klein con mucho más sentido literal. Toma ya el arte conceptual.

Ya he hablado alguna vez de esto. En el Arte-Alfa, si no recuerdo mal. Lo que pasa es que hay cosas con las que no puedo. Y no voy a hablar de pintura, es-cultura (?) o arquitectura. En esta ocasión voy a gritar sobre ópera, en concreto sobre intérpretes que no necesariamente son artistas sino como he dicho, meros intérpretes del arte de un artista, que en este caso es el compositor de la partitura o el escritor del libreto.

Me cabrea extraordinariamente el mundo de la ópera de ahora mismo, donde lo que importa no es la calidad vocal de una soprano, un tenor o una contralto. No, lo importante es que esté buena aunque apenas cante decentemente. Eso asegura discos, contratos y actuaciones y artículos en la prensa no necesariamente conocedora de la música (o más bien necesariamente desconocedora). Uno se encuentra ya en el ¡Hola! artículos sobre el último ligue de Anna Netrebko o sobre la decoración de la casa de Angela Gheorgheu y Roberto Alagna (antes de separarse) en vez de valorar su Violeta en la ROH o su Mimí en Milán.

Así, en una especie de arte conceptual absurdo, el nombre y el físico de la cantante son la firma del artista en el pañuelo sanguinolento, el aliento en el globo o la mierda en la lata. Si canta bien, estupendo. Y si no pues estupendo también; ya la podremos en bikini en la portada y su nombre en una tipografía grande y en negrita.

Loamos las tetas de la rusa porque no hay otra cosa a la que agarrarse (esta frase me ha quedado bien, ¿a que sí?). Netrebko es una gran cantante, que por otra parte tiene un repertorio aún no demasiado extenso. Pero vamos, que lo hace bien. Por otra parte su aparición coincide con la retirada de la grandísima Caballé, la decadencia de Te Kanawa, los últimos cantos de Horne (que es una mezzo) y con la pertinaz sequía de nuevas Flagstad, Callas, Tebaldi, de los Angeles, Varnay, Nilsson, Rysanek, della Casa, Vishneskaya, Sutherland, o hasta la brevísima Souliotis o la imperfecta pero estupenda Scotto (su Violeta con Kraus y Muti a mi me gusta mucho, digan lo que digan). No hablemos ya de aquellas divas del XIX de las que no existen documentos sonoros, como Malibrán, Sontag, Pasta o Grisi...

¿Quién está en el momento y lugar adecuados para ocupar el trono de la Caballé? Nadie... nadie hasta que aparecen la Netrebko y sus tetas con la bonita historia de que era la pobre chica de la limpieza del Mariinsky, y que un día la oyeron cantar (casualmente por supuesto) mientras pasaba la mopa por el escenario... y de ahí en dos telediarios se plantó en la Traviata de Salzburgo de 2005, con Rolando Villazón en el papel de Afredo Germont, el yuppie banquero de Goldman Sachs que se pierde por una Netrebko como Violeta Valery, la call girl-putón verbenero de alto standing y pies descalzos y deshabillé durante casi todo el acto 1 y el 2 completito. Lo de acto aquí no va con segundas, pero por poco.

Y con más calidad (al menos vocal, que es de lo que se trata o debería tratarse) están por ahí la rumana Gheorghiu, la coreana Sumi Jo, la gringa Renée Fleming a la que no he oído demasiado pues se centra mucho en Strauss (también en Mozart, eso sí), la francesa Natalie Dessay, y el rubio platino de Elina Garanca. Y poco más, nuestra Arteta juega en Primera pero no llega a la Champions (tal vez con un Wondrebra.

Pero estas nuevas estrellas ¿son capaces de cantar Norma sin pestañear? Y digo cantar la ópera, no limitarse a un Casta Diva en un recital con vestidos vaporosos o en un disco de grandes éxitos de ayer y hoy, un Bellini-mix con Elton John o alguna cosa peor si ello fuera posible (no, un Bellini-mix no es el cóctel Bellini del Harry's Bar de Venecia).

Pues Angela Gheorghiu sí está para cantarla porque es mejor soprano belcantista que la rusa. Pero es menos mediática: no se lía un día sí y otro también con el barítono que le toque en escena a pesar de haber estado casada con Alagna, y su casa (de momento) no sale en ¡Hola!, Hello!, o Variety. La rumana se ha centrado mucho en papeles franceses, supongo que por su matrimonio con Alagna, pero es la mejor Violeta desde Sutherland para mi gusto, y sería una Norma (y una Adalgisa) extraordinaria.

Sumi Jo es para mi, la más técnicamente dotada actualmente, y no la insultaré diciendo que resultaría perfecta como Madama Butterfly por razones obvias. La surcoreana es una verdadera soprano d'agilitá que puede cantar cualquier papel mozartiano o del bel canto italiano. Puede resultar exótica en papeles como Norma, Lucia o incluso Violeta, pero más exótica era Caballé como Violeta (lo siento, no imagino a Alfredo perdiendo la cabeza por ella), y  mi modesta opinión la sitúa como la menos mediática pero la mejor técnicamente: No es CR7 ni Messi, es Iniesta. Garanca, la rubia letona (que no tetona) está bien también, pero es una mezzo, lo que siempre tiene menos predicamento entre los legos.

Ya, ya se que en vida de Callas había un paparazzo dentro de cada jarrón para sorprenderla, pero esto fue ya en su declive, cuando su voz ya no era lo que fue y la causa fue su lío con Onassis y el hecho de haber sido sustituida por Jacqueline Kennedy. En su época de reinado, cuando en el Teatro alla Scala la diva Tebaldi tuvo que "exiliarse" al Met por su "culpa", era sólamente María Meneghini Callas (así la anunciaban las locandine), la soprano más dotada para el repertorio italiano (y Carmen) del siglo XX. Y su Norma con Mario del Monaco dirigidos por Tullio Serafin (Estudios de la RAI, Roma 1955) me hace llorar literalmente, y no de pena (ese "I nostri figli..?"  cuando le pregunta a Pollione por sus hijos justo antes de acabar en la hoguera, angustioso y dramático, es para tragar saliva como mínimo).

Creo que nos encontramos en un momento desconocido hasta ahora en la ópera: Siempre una generación de tiples extraordinarias había tenido relevo en otra generación extraordinaria también. Había incluso una superposición de cantantes de dos épocas en las que los estertores postreros de las más veteranas coincidían con los primeros gorgoritos estelares de las nuevas. Pero ya no. Ya no se usan la coloratura, el trino ... porque ya ninguna sigue lo que escribieron Rossini, Bellini o Donizzetti tal como lo hicieron, y pocas controlan el fiato como hay que hacerlo.

Ya no hay apenas profesoras tiránicas como Elvira de Hidalgo, capaces de luchar con egos mayores que el de Cristiano Ronaldo (el de Callas), o como Pauline Viardot-García, hermana de Maria Malibran e hija de Manuel del Pópulo García, posiblemente (obviamente no hay registros) el mejor tenor rossiniano que haya existido. Ahora se prefiere interpretar a Puccini o a lo sumo se llega al Verdi final, que son muy agradecidos y sus papeles exigen menos esfuerzo y sobre todo, menos técnica: limitarse a cantar verismo hace que cantantes mediocres parezcan mejores de lo que son en realidad, porque no tienen que hacer los malabarismos vocales que requieren las óperas belcantistas, o las de Mozart incluso.

Así que si Netrebko es el relevo... lo mejor es que desempolvemos nuestras viejas grabaciones de los cincuenta y sesenta de la Decca, de la RCA Victor, de la EMI y de la Deutsche Gramophon, mientras comprobamos si es algo más que una tía buena de calendario de taller con una voz bonita, o si es realmente la primadonna que debe liderar la ópera de los próximos años.

Estoy seguro de que en las revistas lo hará, y que en los teatros también, al menos mientras el cuerpo le permita ponerse en camisón para cantar. Pero para mi, que la auténtica donatella entre las fieras es Sumi Jo.

Veremos. Y escucharemos, claro.


PD: He descubierto que no soy el primero que habla de esto. También que los que lo han hecho antes saben muchíiiiiiiiiisimo más que yo sobre el tema, así que no debo ser tan tonto: Aquí Rubén Amón: http://goo.gl/Jd6LRR y aquí NoATodo: http://goo.gl/6Yr9gL

PD2: Por el texto parece que desprecio el verismo de Puccini, Mascagni, Leoncavallo... y nada más lejos de la realidad, sobre todo en el caso del maestro de Lucca. Al contrario que a Gerard Mortier, a mi Puccini me gusta mucho. Los motivos de Mortier eran más de temática que musicales, de todos modos: le iban más las grandes historias como Aida, Nabucco, o Macbeth en vez de los problemas pequeñoburguesas para pagar el alquiler de una buhardilla de la Bohéme.


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