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Mañana hay fútbol



ROMÁN.- Inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó.
SABINO.- Acaso mejor.
Miguel de Unamuno, El pórtico del templo (1906)



No me digan que no están todos ustedes sorprendidísimos. Yo estoy sorprendidísimo también. Se acaban de hacer públicos los premios Nobel de 2013 de Física, Química y Medicina. Y habrán observado incrédulos, atentos lectores, que ninguno de ellos es español. ¿no es para estar sorprendidísimo?


Como cada año, tenemos una mayoría de norteamericanos de pata negra, un sudafricano y un grupo de europeos (austriaco, belga, británico, alemán), alguno de los cuales está también nacionalizado estadounidense (como era el caso de "nuestro" Severo Ochoa), que es donde han llevado a cabo la mayoría de sus investigaciones.


Por una vez, los españoles brillan por su ausencia. Porque el último Nobel científico "español" fue el mencionado Severo Ochoa, que ganó el premio ayer mismo, en 1959. Y el penúltimo galardonado fue apenas anteayer el conocido Santiago Ramón y Cajal, en 1906. El último y el penúltimo resultan también ser el primero y el segundo. En pocas palabras: los únicos.


Con un premiado cada 53 años nos tocaba en 2012, pero se ve que como habíamos ganado la Eurocopa, los suecos pensaron que ya era suficiente. Y este año se han vuelto a olvidar, o nos ha pasado el turno y no nos vuelve a tocar hasta... 2065.


Sí, ya sé que "hemos" ganado el Nobel de Literatura varias veces: exactamente cinco. Y sí, ya sé también que es importante. Y que está muy bien y todo eso. Pero no es eso a lo que voy. Voy a que Francia tiene 36 premiados en materia científica (incluyendo economía) de 48 en total. Por cierto que si Marie Curie es francesa, entonces Severo Ochoa es norteamericano sin duda.


No voy a molestarme en contabilizar a británicos y alemanes, porque lloraría. Voy a hablar de italianos para llorar sin consuelo posible: 13 científicos de 14 premiados.


Por otra parte, hay una leyenda que dice que la señora Nobel se la pegaba a su marido con un matemático y que por ello el vengativo y cornudo Alfred no estableció un premio para ellos. Para compensarlo existe la medalla Fields, que es su equivalente y que se entrega cada cuatro años. Hasta la fecha el tanteo es bastante contundente: España 0 - Resto del Mundo 52. Parece un partido de baloncesto entre los Lakers y el equipo alevín de mi colegio. Por cierto, hay 11 franceses y hasta un tipo de Nueva Zelanda. Y por cierto también: la leyenda es falsa, nunca hubo una señora Nobel que se la pudiera pegar a don Alfredo, ni con matemáticos ni con secretarios del ayuntamiento de Estocolmo.


En fin, las cifras hablan por sí mismas. Un país en el que la investigación científica más seria se ha centrado en la geometría de los pases de Xavi a Messi no puede esperar nada bueno. Un país en el que en los mejores años previos a la crisis la inversión en investigación era la cuarta parte de la de cualquier país europeo normal, no puede pretender sobrevivir al agujero en el que se encuentra. Un país, en suma, en el que se expulsa a los investigadores hacia las terminales internacionales de Barajas con billete de ida, no puede soñar con crear productos y servicios innovadores que den valor a la dichosa y manida "marca España".


Circula un chiste tremendo por ahí: Tres científicos están en un bar en España: un español, un alemán y un inglés. En un momento dado, dice el español: "¿Qué van a tomar los señores?"


Antes de que alguien salte con eso de la demagogia tan de moda, diré que efectivamente en Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Suecia... también les gusta el fútbol. De hecho, a la mayoría de la gente en esos y en todos los países del mundo les interesa más el número que lleva el medio-volante izquierdo de su equipo que el número atómico del antimonio. A mi, también.


 Y eso está bien. No todos tenemos la cabeza para ser Higgs, Fermi, Pasteur o Ramón y Cajal. No todos tenemos un orgasmo al "ver" un cultivo con una nueva bacteria asesina apuñalando por la espalda a una inocente célula, o preferimos estar en el Bernabéu en un Madrid-Barça o tomando un gin&tonic bien preparado con los amigos, a estar en el fondo sur del CERN viendo saltar de protón en protón una partícula de tamaño inimaginablemente pequeño. Ni todos los alemanes son científicos calvos con gafas muy gruesas y aspecto de estar inventando bombas letales para Adolf, ni todos los nerds de los colegios norteamericanos han creado un algoritmo incomprensible que les ha hecho billonarios al aplicarlo a una empresa de internet. No, también hay tipos por allí que beben cerveza hasta morir o que salen en realities alucinantes (de que te dejan alucinado), o también hacen carreras tirando quesos colina abajo y cosas así.


Sin embargo, además de retrasados mentales rompiendose piernas, tobillos y rabadillas corriendo cuesta abajo tras un queso, todos esos países tienen en común que dedican una parte significativa (pequeña, pero matona) de su PIB a investigar, a inventar "cacharros" que antes no existían y luego compraremos, a descubrir "bichos" nuevos que crearán medicamentos que nos salvarán la vida... en resumen: innovarán y crearán riqueza para su país además de queso rodante.


Algunos de esos descubrimientos, no lo duden, serán llevados a cabo por investigadores españoles en universidades norteamericanas, alemanas o suecas. O lo que es lo mismo, la pasta que salga de esas investigaciones será norteamericana, alemana o sueca.


Luego, un día, uno de esos chiflados ganará el Nobel de física, química o medicina, y resultará que casualmente el tipo o la tipa habrá nacido en Teruel. Y se nos llenará la boca de elogios diciendo que España produce grandes científicos, saldrá en la tele su profesor de EGB (o de lo que haya en ese momento) diciendo que ya le veía madera porque sus padres le regalaron un Quimicefa y él fue el único que no voló el colegio. El interfecto vendrá a España, dará unas conferencias donde veremos por su acento extraño que sólo viene a casa a comer turrón, le recibirá el Rey (si lo hay entonces), habrá homenajes sin fin en Teruel a base de jamón, y... luego volverá a la UCLA, al Max Plank, al Institut Pasteur o al Karolinska, donde ya llevará veinticinco años investigando bichos, fórmulas o partículas con medios suficientes y sin tener que servir cafés y Red Bulls a niñatos sin estudios que, eso sí, hace cuatro días ganaban 4.000 euros poniendo ladrillos y llevaban un BMW "maqueao" de color naranja.


Naturalmente, todo esto no es sino consecuencia de nuestro patético sistema educativo, tanto en la primera etapa como en la etapa superior. La LOGSE de Rubalcaba en la que imperó el buen rollo frente a la exigencia ha creado una o dos generaciones de imbéciles profundos, a los que (en el mejor de los casos) les espera el sistema universitario occidental más ineficiente, caro e inútil imaginable. Ese sistema que no tiene ni una sola de sus universidades entre las doscientas primeras del mundo. Ese sistema en el que lo importante no es saber, sino tener un título. Ese sistema que provoca que estemos a la cola mundial "desarrollada" en matemáticas y comprensión lectora: Si ya ni leer sabemos, estamos como para física cuántica.


Pero no todo está perdido para España: somos campeones de la Eurocopa, ganamos el Mundial, nos creemos que tenemos la "mejor" Liga del  mundo, una megaestrella mundial que se exhibe en calzoncillos nos defrauda millones de euros y encima le apoyamos y aplaudimos, la gente no se echa a la calle por la corrupción, pero decenas de miles se manifiestan contra un señor que por lo visto no tiene suficiente castigo con llamarse Agapito ...


No pasa nada, mañana hay  júrgol (como dice mi gran amigo Hans, un gran amante del deporte rey), y pasado mañana, y al siguiente... ¡¡Que inventen ellos!!  Lo dijo Unamuno, así que tendrá razón. Y era del Athletic.



PD: NO tengo absolutamente nada a favor ni en contra del Sevilla CF. Esa foto estaba en internet así, tal como la encontré, y así la pongo.


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