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El pasado se resiste a ser cambiado

Durante la campaña electoral, como desengrasante, me he leído la novela “22/11/63” que trata de un profesor de Maine, Jake Epping, que atravesando un portal en el tiempo, viaja hasta 1958 con el propósito de evitar el asesinato de Kennedy, el 22 de Noviembre de 1963. Como en las buenas novelas de Steven King (no todas los son) el ambiente es un personaje más y en este caso ese personaje es el pasado, que dedica sus esfuerzos a evitar ser cambiado.

Tras las elecciones del domingo, los españoles estamos como Epping, que vemos como el pasado se resiste a ser cambiado y que son muchos los escollos que nos vamos encontrando para conseguir alcanzar el noble propósito de tener una España moderna y con proyección de futuro. Un escollo como que Pedro Sánchez no dimitiese tras comprobar que el PSOE se ha quedado muy por debajo de los 100 diputados. Con un resultado mucho mejor que ese, Joaquín Almunia lo hizo y mírale ahora, es un fijo en la Comisión Europea y referente político a todos los niveles. En cambio Sánchez se irá por el sumidero de la historia, porque mientras la dimisión de Almunia solo servía para salvar al PSOE, la del actual líder socialista hubiera servido también para salvar a España o así hubiera podido venderla. Se va, queda como un señor, le enseña el camino a Rajoy y empezamos a desatrancar el problema español. Pero no ha tenido la visión histórica suficiente para hacerlo.

Otros, que también intentan anclarnos en el pasado, son los tertulianos de la vieja izquierda que le niegan legitimidad para ser presidente del gobierno a Mariano Rajoy con 123 diputados y, en cambio, se la dan a Pedro Sánchez con 90. La suerte de Rajoy, siempre ha sido un tío con suerte, es tener enfrente a la nulidad de Pedro Sánchez, que él le hace bueno. Porque con el resultado electoral del domingo, Rajoy tendría que estar preparando su sucesión dentro del PP y del gobierno, y a nada se podría haber aferrado si Sánchez se hubiese ido ya.

Intentar gobernar España sin contar con el Partido Popular, que tiene 2 millones de votos y 33 diputados más que el PSOE, es una absoluta locura. Lo sería, incluso, si con los distintos Podemos llegase Pedro Sánchez a la mayoría absoluta, pero es que no llega. Para sumar los diputados necesarios para esa mayoría absoluta necesitaría, además de los cuatro Podemos, a la ERC en plena actuación secesionista, a Unidad Popular, a EH Bildu, a Coalición Canaria y al PNV o al partido de Artur Mas, es decir, a todos menos al PP y a Ciudadanos. ¿Sabe realmente Pedro Sánchez dónde se está metiendo?

Como en otras muchas ocasiones, en la mayoría, de la historia reciente de España, el PSOE tiene en sus manos el futuro de este país. En las anteriores porque los votos le legitimaban, como ganador de las elecciones, para dirigir el gobierno de la nación. En esta porque es el principal decisor de los tres escenarios posibles. El primero, colaborando para sacar un gobierno estable, que no dirigiría, junto, al menos, con el PP. El segundo, para abocarnos a unas nuevas elecciones y el tercero para presidir, que no dirigir, un gobierno de izquierdas que ya he calificado como locura. Yo apuesto por el primero y sería más fácil llevarlo a cabo sin los dos actuales líderes del PP y del PSOE.

Siempre he defendido que solo los integrantes de un partido están legitimados para decidir quién los dirige. Por eso no creo que nadie deba pedir al PP que quite a Mariano Rajoy para permitirles gobernar España, más de 7 millones de españoles lo votaron con él como candidato. Ese sacrificio debería salir del propio presidente del gobierno en funciones. Y se le habría puesto casi imposible negarse si Sánchez hubiese dimitido en la noche electoral. Sé que insisto mucho en esto pero creo que ahí está la clave del futuro de España. Aún está a tiempo de hacerlo pero ya no se iría como un estadista, lo cual dificulta aún más que tome esa decisión.

Como liberal, que este impase se alargue en el tiempo, evitando que durante unos meses se mantenga el cuerpo legislativo sin modificar, que la administración funcione por inercia sin que ningún gobierno se entrometa en nuestro día a día es algo que intelectualmente me atrae. Pero como español sé que la administración sin gobierno se paralizaría y como economista reconozco que el principal impulsor de la economía es la confianza y esa solo se produce si previamente hay estabilidad institucional. Por lo que llego a la conclusión que unas nuevas elecciones serían un mal escenario, teniendo en cuenta que, además, en el mejor de los casos nos quedaríamos como estábamos. Para ese viaje no hacen falta alforjas.

Con todo lo anteriormente expuesto, yo defiendo un gobierno dirigido por el PP, que sean ellos quienes digan presidido con quién, con el apoyo del PSOE y con Ciudadanos como colchón entre unos y otros. Ciudadanos no es necesario, aritméticamente hablando, para un gobierno del PP con apoyo del PSOE. Pero lo es para evitar la dicotomía nuevo–viejo y como argamasa para unir a esos dos partidos históricamente enfrentados. Así lo ha propuesto Albert Rivera, quizás debería haberlo hecho el martes mejor que el miércoles –ahí se ha notado que aún no se había digerido que el resultado fuese menor al esperado–, demostrando que Ciudadanos es un partido para solucionar el principal problema de España, la crisis institucional, para eso lo hemos votado 3 millones y medio de españoles.

En fin, esperando a ver lo que sale del Comité Federal del PSOE que se reúne el lunes –insisto en manos del PSOE está el futuro de España– os deseo a todos una Feliz Navidad.


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