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Tendencias demográficas, condiciones de vida y política de población en el Perú (en edición)

Escribe: César Vásquez Bazán


INTRODUCCIÓN


“Vengamos ahora a las verdaderas fuerzas, que consisten en la gente: pues que todas las fuerzas se reducen a ésta, y quien tiene abundancia de hombres, la tiene de todas aquellas cosas a las cuales se extiende la industria e ingenio del hombre…”
(Botero 1593, Libro Séptimo, 125-126)


I

Es cierto, la Verdadera Fuerza de una colectividad reside en su gente, en los hombres y mujeres que la componen. Ellos son el principio y el fin de la actividad destinada a la creación de riqueza. 

Desde la antigüedad, el hombre ha reflexionado sobre el trascendente tema del desarrollo demográfico, preocupado por las bondades e inconvenientes del Crecimiento poblacional. En estas meditaciones siempre han estado presentes, en forma más o menos explícita, determinadas concepciones del mundo, del “deber ser” de la organización de la sociedad y de conductas a seguir por el Estado.

Ideología y juicios de valor precedieron la enunciación de recomendaciones específicas en cuanto al crecimiento y tamaño de la población, entendidos como los más convenientes para la nación. Normalmente, tales sugerencias incluyeron definiciones en cuanto a las principales medidas que debería adoptar la autoridad estatal para el logro de los objetivos planteados.

La historia de las ideas demográficas bien podría iniciarse con el precepto bíblico de “creced y multiplicaos” o con las sugestivas advertencias de Platón y Aristóteles. Los filósofos atenienses, absortos en el análisis de los funestos efectos que ocasionarían los excesos o deficiencias del tamaño de la población sobre la moralidad del ciudadano griego y el buen gobierno del Estado, aconsejaron la ejecución de políticas que asegurasen el mantenimiento de una población “mediana”. Las medidas insinuadas buscaban regular el crecimiento demográfico y velar por la “calidad” de la descendencia. Incluyeron la prescripción de prácticas como el aborto y el abandono o exposición de los que nacieran deformes; la emigración forzada y la determinación de las edades más convenientes para las uniones matrimoniales, entre otras.

Siglos después, los escritores mercantilistas abundaron en tesis a las que se ha dado en llamar poblacionistas por el énfasis que acordaron al estímulo del crecimiento demográfico. Las razones que señalaron en apoyo de sus propuestas no pueden desligarse de las exigencias del naciente capitalismo comercial. Afirmaron que sería conveniente para un país disponer de mano de obra numerosa que en Condiciones de reducida percepción salarial, pleno empleo y adecuada calificación, acrecentasen el output productivo y asegurasen la obtención de cada vez más importantes quantum de exportación. También recordaron que esta misma población estaría en capacidad de conformar los ejércitos necesarios para las guerras de conquista y defensa de los estados europeos de la época.

Las premisas mercantilistas fueron rebatidas a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, es decir con la aparición del capitalismo industrial. Malthus y sus colegas de la Escuela de Economía Política Clásica Inglesa se mostraron como decididos partidarios de la aplicación de frenos al crecimiento demográfico. Avizorando el ensanchamiento de la brecha entre la dinámica poblacional y el crecimiento de la producción de alimentos, pronosticaron la ocurrencia de funestas crisis en el devenir de la humanidad. A ellas contribuirían la limitada frontera agrícola de esos tiempos y la aparición de rendimientos decrecientes en las actividades vinculadas al cultivo de la tierra.

El desequilibrio entre la demanda por subsistencias y su insatisfactoria producción coadyuvaría a conducir a las sociedades “adelantadas y progresivas” al temido estado estacionario de crecimiento cero. Por eso, criticaron acremente la legislación de beneficencia vigente, a la que señalaron como responsable de reducir los obstáculos al crecimiento demográfico.

A su turno y desde una perspectiva histórica Marx enunciaría que todo modo de producción tiene sus propias leyes de población y que en la fase industrial del capitalismo regiría la ley del relativo excedente poblacional, como consecuencia de alteraciones cualitativas en la composición orgánica del capital.

Tras los enunciados marxistas seguiría una etapa de prolongado silencio respecto a la faceta poblacional de la especulación económica. Este coincidió con la persistente pérdida de interés de los economistas en el tratamiento de los problemas nacionales y el paralelo surgimiento del marginalismo, verdadera economía de escritorio que se adentró en la discusión de la asignación eficiente de recursos en un momento determinado, desdeñando la consideración de temas como el demográfico, que implicaban el tratamiento de aspectos de dinámica del sistema.

Se tendrá que esperar hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial para asistir al resurgimiento de la atención hacia los asuntos poblacionales en los círculos económicos. Ellos aparecieron dentro de la discusión de los problemas que envuelve el desarrollo de los países atrasados.

Sin embargo, las cíclicas convulsiones de la economía mundial durante el última cuarto del siglo XX hicieron pasar a segundo plano las discusiones sobre modelos de crecimiento y los debates sobre transformación estructural. Su lugar fue ocupado por la formulación de políticas de estabilización y ajuste en las que el manejo de la oferta monetaria, tipo de interés, tasa de cambio, tasa de salarios y gasto fiscal resultó prioritario. El cambio demográfico y las políticas de población acentuaron su ausencia en el discurso profesional de los economistas. Una vez más, el falso dilema de si priorizar las demandas del corto o las del largo plazo indujo a la economía a incurrir en seria falencia.


II

En el Perú los temas demográficos no han atraído en forma significativa la atención de los economistas. Quizás esa sea la razón por la que el presente artículo pretende convertirse en una invitación dirigida especialmente a los estudiantes de Economía, para que ponderando el ejemplo de ilustres antecesores no se pierda de vista el análisis de la problemática poblacional dentro del quehacer de la profesión. Asimismo, las líneas que siguen intentaran justificar la necesidad de implementar en el país una política demográfica activa, dentro de los marcos de la planificación del desarrollo.

El primer capítulo busca delimitar una imagen genérica de los patrones y constantes demográficos del país, a pesar de reconocer que no se debe esperar que este modelo se observe de manera idéntica en todas sus clases sociales, regiones o áreas geográficas. Se examina en él las pautas de crecimiento de la población peruana y el comportamiento de sus determinantes fundamentales: la fecundidad, la mortalidad y la migración internacional. Se presenta también una breve descripción de la estructura demográfica por edades y de la distribución espacial de la población.

El segundo capítulo revisa de manera sintética las condiciones de vida de la población peruana. Se examina la situación del empleo en el país y el reto que implica afrontar la solución de la desocupación y subocupación vigentes en la actualidad. Se considera las dificultades que traen para la población la subsistencia de escenarios caracterizados por la reducida renta por habitante y la desigual distribución factorial, personal y regional del ingreso nacional. Termina este capítulo con la enunciación de algunas consideraciones respecto de la satisfacción de las necesidades de alimentación, vivienda, salud y educación de la población peruana.

El tercer capítulo discute la posibilidad de planificar con racionalidad y eficacia el desenvolvimiento poblacional del Perú, a fin de elevar las condiciones de vida de sus habitantes, mejorar los niveles de producción y productividad, acrecentar las oportunidades de empleo y distribuir de manera más equitativa la riqueza y el ingreso.

III

Esta nota introductoria se cierra con las mismas palabras con las que comenzó. Es cierto, la verdadera fuerza de una colectividad reside en su gente.

En su gente adecuadamente empleada, sin la amenaza del subempleo o la desocupación ni la afrenta de la persistencia del trabajo infantil.

En su gente disfrutando de un apropiado ingreso, distribuido con equidad.

En su gente consumiendo la cantidad y calidad de alimentos que proporcionen los mínimos de ingesta de calorías y proteínas recomendados por los organismos especializados, sin malnutrición generalizada ni desnutrición infantil.

En su gente viviendo en condiciones habitacionales dignas de seres humanos, con la infraestructura básica y de servicios propia del avance de los tiempos.

En su gente saludable, por la sustantiva reducción de la morbilidad atribuible a enfermedades infecciosas y la disminución radical de la mortalidad infantil y materna.

En su gente instruida y culta, donde las insuficiencias de atención, la mala calidad de la educación y el analfabetismo sean sólo recuerdos de situaciones ya superadas.

En esa gente radica la verdadera fuerza de una nación.

Obras citadas

Botero, Juan. 1593. Diez libros de la razón de estado. Con tres libros de las causas de la grandeza y magnificencia de las ciudades. Traducido del italiano al castellano por Antonio de Herrera. Madrid: Luis Sánchez.

© César Vásquez Bazán, 1987, 2016
Todos los derechos reservados
Junio 10, 2016


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