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Ilda Urízar Peroni: Un recuerdo y un homenaje.- Una líder revolucionaria en un Partido hoy frecuentado por calabacitas y pacientes de cirugía plástica.- La cachetada física y moral de Ilda a Mercedes Cabanillas.- Los militantes apristas olvidados de los años 70.- Escribe: Jesús Guzmán Gallardo

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Ilda Urízar Peroni
Un recuerdo y un homenaje…

Hace mucho tiempo que deseaba escribir sobre Ilda y su vida ejemplar, como testimonio de gratitud e imperecedera amistad, a la vez que los más jóvenes –antes que se hagan más viejos espiritualmente– conozcan lo que es ser un verdadero exponente de la consecuencia y lealtad con las ideas y valores que se aprendieron a temprana edad y le dieron una personalidad de transparencia, lozanía y frescura  que el tiempo nunca pudo marchitar y olvidar. En el fondo, esperaba que alguien con mejores títulos que yo lo hiciera, porque así lo consideré en razón del respeto y veneración por su memoria.

Sin embargo, al observar cómo la prensa hablada y escrita, que representa y financia el conservadurismo apátrida, en su afán de cumplir con sus asquerosos cometidos de apoyo interesado, dan tribuna a una serie de personajes, hombres y mujeres, sin ningún mérito que signifique docencia en el quehacer político, tomé la decisión de escribir sobre ella, para rendirle sincero homenaje y como necesario contraste para desmitificar a quienes no pasan el nivel de sinvergüenzas y oportunistas que se enriquecieron con el poder político que les otorgara su mecenas. Me refiero al traidor y apóstata Alan García Pérez.

Decía, que era imperativo que los jóvenes conocieran de primera mano que existen y deben existir ineluctablemente quienes –aunque sean pocos– son los motores del cambio y la limpieza en la política, que en todas partes se enturbia peligrosamente convirtiéndose en mafias cuyas historias son tenebrosas y asociadas con el crimen. Lo que a continuación expongo es fruto de mi afecto y recuerdo, a los que agrego mi indignación y desprecio justo por la clase política claudicante y prevaricadora. Es menester agregar que es un deber de conciencia insoslayable y sin temor a nada ni a nadie que me acobarde, pues  sólo le temo a Dios. No es bravuconada; es mi convicción y cariño por Ilda, que son más fuertes que el miedo que a muchos silencia.

Hacer política es vocación, es tener ganas de luchar contra todo tipo de injusticias a pesar de la incomprensión y la amenaza que acarrea sufrimiento en un océano de frustraciones y decepciones, es como el amor, en todas sus formas, entrega total y sin condiciones; es buscar el bienestar del ser humano, es darlo todo a cambio de nada. Ella lo vivió y lo hizo así.

Ilda ingresó muy joven a las lides políticas, provista de una estirpe de compromiso por la justicia social y de padecimiento por el ideal que fue su blasón. Ella sabía, pues, de lo que he querido definir en el párrafo anterior, es decir lo vivió en casa de una fuente directa que fue su madre, una heroína de las muchas que fueron anónimas y luego olvidadas. No anidaba ningún resentimiento y lo denunciaba así su sonrisa fresca y transparente; sus ojos eran claros, diáfanos y expresivos, trasuntaban sentimientos nobles y honestos, así como su entusiasmo y optimismo en la acción. Su trato era cortés y pícaro, fluía mucha simpatía innata y era sumamente atractiva. Puede que el tiempo idealice mi descripción, como las cosas que a uno lo impactan en la vida, pero así la recuerdo.

Eran los primeros tiempos de la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado cuando la conocí. Yo estaba dejando la dirección del comando departamental de la Juventud Aprista de Lima para hacer mis pininos en el Comando Universitario y pude, por lo tanto, observar su convicción revolucionaria como estudiante de medicina de la Universidad Villarreal, a la cual acababa de ingresar. Ella como toda la Juventud Aprista de  entonces, se enfrentó a la dictadura militar conocedora de los riesgos que implicaba. Sin embargo lo realizó exhibiendo una valentía que servía de acicate para los demás cuando dudaban. Eran momentos durante los cuales muchos perdieron la fe, algunos abandonando cargos y militancia por la seducción de la prédica y otros, numerosos, por el dinero, expresado en jugosos sueldos. Recuerdo cómo ex dirigentes juveniles nos visitaban a hurtadillas y hasta suplicaban que abandonáramos el Partido, despotricando de Haya de la Torre, recibiendo una negativa contundente de parte nuestra y no volvimos a verlos hasta después que muriera nuestro jefe, invitados por Armando Villanueva y el anti-Haya bipolar. Hoy en día, convertidos en alanistas, son entrevistados como si fueran los mejores exponentes de consecuencia, luego de haber ostentado responsabilidades como parlamentarios, funcionarios y ministros de García.

Inmediatamente Ilda fue detenida y recluida en la cárcel de Chorrillos por hacer propaganda con pintas y afiches contra el gobierno usurpador, fruto de una delación efectuada por un traidor de nuestras filas. Soportó con estoicismo y coraje este hecho, que no cambió en nada su carácter. Por el contrario, lo templó como el acero sin perder un ápice su fe y entusiasmo que se imprimieron en su espíritu como un común denominador a lo largo de su vida. Me gustaría saber de algo similar en la conducta sinuosa de sus coetáneos, entregados a la derecha y por ende al placer, la comodidad y la cursilería con que barnizan sus temores.

Los que han destrozado ideológica y moralmente al partido de Haya de la Torre, deben recordar todavía y sentir cómo se retuercen sus conciencias cuando al comenzar la década de los setenta los estudiantes del Comando Universitario decidimos tomar la Universidad Villarreal para frustrar la elección de la comisión estatutaria digitada por la dictadura militar. Los estudiantes fueron repelidos por matones con armas de fuego, resultando varios de ellos heridos de bala y atendidos por Ilda y sus compañeros de la Facultad de Medicina. Haya de la Torre se indignó al tomar conocimiento de los hechos, expresando su solidaridad y solicitando que se fortaleciera el Comando Universitario para la lucha frontal contra el gobierno militar y sus adláteres cómplices en la regimentación de las universidades.

Se reconoció así a la Alianza Revolucionaria Estudiantil (ARE) como el único movimiento universitario de los estudiantes apristas. Pero allí no quedaron las cosas; posteriormente para la elección del Rector de dicha universidad los estudiantes y profesores apristas delegados a la Asamblea Universitaria, y por ende mayoritaria, decidieron por unanimidad elegir a Luis Heysen Incháustegui (uno de los hombres de oro como los solía llamar Víctor Raúl). El fraude y la traición ya estaban montados y resultó nominado Humberto Espinoza Uriarte. Esa misma noche Haya convocó al Comité Ejecutivo Nacional de urgencia y se tomó el acuerdo por unanimidad de expulsar de las filas del partido a los proditores que vendieron su voto y sus conciencias y se encargó al c. Obando que llevara inmediatamente el acuerdo a la imprenta de La Tribuna y se publicara en la edición de la mañana.

La reacción de la “Moña” (sinónimo de mafia) como denominábamos entonces a la agrupación de estudiantes apristas corrompidos y traidores, no se hizo esperar y en la noche siguiente una comisión de los expulsados –en el colmo de la audacia propia de caraduras– se atrevió a ingresar al despacho de Víctor Raúl e intentar dar explicaciones. Cuando con el dedo amenazador de Mercedes Cabanillas quiso dirigirse a él, éste poniéndose de pie como un resorte, en actitud rápida y dura, les espetó las siguientes frases: “Yo no tengo nada que hablar con ustedes”, y volviendo el rostro a nosotros nos dijo: “Acompáñenlos hasta la salida que esta gente se va del Partido”. Como es lógico suponer, los jóvenes que allí nos encontrábamos, prestos y raudos, los llevamos con mucho gusto hasta la puerta del local de Alfonso Ugarte.

Esta anécdota histórica tiene una razón fundamental y es el correlato de la misma, ya que explica el perfil de los traidores de siempre y cómo en dicha circunstancia –que muchos prefieren ocultar por las tres razones del oidor– ya en el umbral de la salida, con lenguaje coprolálico, la Cabanillas se detuvo para insultar a Víctor Raúl y al Partido. En gesto desafiante, Ilda le asestó una bofetada que hasta ahora debe dolerle pero permitió que corriera cobardemente y se alejara con el rabo entre las piernas. Ilda expresó con su actitud la síntesis del sentimiento noble, limpio, decidido y valiente de la juventud aprista de ese momento.

Ilda Urízar pertenecía a esa pléyade de jóvenes contestatarios, que desde la caída del régimen constitucional luchó no sólo contra los golpistas sino también al interior del Partido Aprista contra la moña que desde mucho tiempo atrás había desvirtuado el movimiento juvenil aprista poniéndola al servicio de oscuros intereses contrarios a la ideología del frente único de clases explotadas, sirviendo a la embajada norteamericana sin escrúpulos de ninguna clase. Es de esta manera como integró la Nueva Actitud, que sumó a los muchachos que con coraje dieron la pelea, consiguiendo desenmascarar a los apóstatas confinados en lo que se llamaba en la Universidad Villarreal Fraternidad Estudiantil, refugio de aprendices de corruptos, traidores, abusivos y traficantes de ingresos a la universidad.

Los resultados llegaron cuando se eligió como Presidente de la Federación de Estudiantes a uno de sus más conspicuos representantes: Estuardo Muñiz, quien ganó abrumadoramente. En esa misma línea, Ilda pasó luego a formar parte de los cuadros del ARE del cual fue una de sus más connotadas representantes. Es propicio afirmar que el ARE siempre fue la contraparte de  aquel mamotreto que se llamó Izquierda Democrática Estudiantil (IDE) que crearan sin éxito Carlos Roca, Mauricio Mulder, Barba Caballero y Manuel García con aproximaciones a la CTP entregada al imperialismo, y con afanes de destruir al ARE.

En tiempos difíciles, Ilda fue ungida como secretaria de asuntos femeninos en el Comité Ejecutivo Nacional y tuvo un desempeño que siguió la impronta indeleble de Magda Portal, Mary de Soldi y Wila Abad de Castillo, entre muchas mujeres de fuste, en los albores de una lucha de género que todavía se recuerda y que no ha sido superada. Gozó en mérito a su labor, de la confianza y afecto, nunca empañada, de Víctor Raúl quien solicitaba siempre fuera oradora en muchos actos y ceremonias e inclusive en el Día de la Fraternidad ante miles de espectadores, cuando ocupar el proscenio, donde Haya hacía uso de la palabra, sólo lo hacían los fieles a la doctrina, que podían ostentar un currículum vitae impecable y de gran nivel; no como ahora, cuando lo profanan, sin vergüenza alguna, los traidores e ignaros.

Aún suenan los ecos de la Cantata del 7 de Julio de 1932, cuando siendo muy jóvenes nos lanzamos a la aventura de hacer un canto que sea un homenaje a los héroes y mártires de esa épica revolucionaria que admiramos siempre. Habíamos percibido que una corriente interna no era partidaria de recordar y rendir homenaje a esa gesta para no molestar a los militares, y en nuestra transparente rebeldía decidimos crearla y ejecutarla. Nos reuníamos siempre en casa de Fernando Arias, quien más tarde fue su esposo. Ilda fue el motor e hizo los versos y unos amigos la música. La presentamos dos veces en el Aula Magna, con la complacencia y entusiasmo del Jefe del Partido. Lamentablemente cuando preparábamos una presentación para el Día de la Fraternidad algunos líderes presionaron para no hacerlo con el mismo argumento de no ofender a los militares, que no era oportuno, y lo consiguieron, lo cual hizo que el grupo se perdiera de vista. Ella fue el alma de la presentación y deslumbró con su vena poética. Escribía muy bien y muchas veces nos sorprendía con sus hermosos poemas. Bien dicen que el poema es la música del alma y la de Ilda expresaba sentimientos, valores y honestidad traduciendo arte, armonía y limpieza de corazón.

Cuando muchos se fabrican un pasado heroico y hasta se hacen escribir un libro para pasar a la historia, no hacen sino seguir los pasos del embaucador mayor que nos tiene acostumbrados a publicaciones  que nunca escribió y eso que no reparo, por el momento, en los disparates que encierran. Y lo traigo a colación, porque lo auténtico, lo real, de lo que muchos pueden dar fe se produce naturalmente y requiere de cualidades que los farsantes no tienen. Es mi deber desmitificarlos por la salud revolucionaria y reivindicar hechos como los que se dieron cuando el Partido se vio amenazado y su militancia peleaba en las calles; y aquí recuerdo con admiración cómo Ilda organizaba a los estudiantes de medicina para atender a los heridos por la represión, utilizando las instalaciones de la Clínica Dental en Alfonso Ugarte como un improvisado hospital para cumplir con su cometido en jornadas largas y agotadoras. Quiero destacar cómo efectuaba las curaciones el equipo que dirigía ella con diligencia, dedicación y fraternidad verdadera. Lo hacía con dedicación absoluta, insuflando ánimo y afecto en quienes estaban a su cuidado. Los jóvenes odontólogos apristas le prestaban gran apoyo por la entrega que irradiaba y se sumaban a esa hermosa tarea de atender a quienes lo requerían, forjándose una gran amistad con ella, como lo testimonia otro héroe anónimo que es el compañero odontólogo Augusto Luna Chávez, que nunca le pidió nada al Partido de su querencia, siempre lo dio todo padeciendo también prisión injusta por sus ideales.

Párrafo aparte, es imprescindible mencionar un hecho importante. Después de una razzia de la policía fueron detenidos, apresados y enjuiciados, en aquellos momentos, una veintena de estudiantes que soportaron por más de un año carcelería por razón de sus ideas. La injusticia se hizo presente una vez más en nuestra historia y se extendió  hasta su final, llegando a detener, en su nefasto interregno, a Héctor Alva Narváez por delación de una supuesta periodista infiltrada en nuestro movimiento y cuyo afán amarillista lo involucró en un atentado y que publicó en un artículo de la revista Caretas. Todos los jóvenes apresados se mantuvieron enhiestos y en actitud estoica hasta que llegó la absolución de todos los cargos  que les imputaba la dictadura. ¡Cómo no recordar y rendir homenaje a esa pléyade de muchachos valientes y honestos! Ilda, conjuntamente con las estudiantes y japistas recolectaban libros, vituallas y alimentos que solíamos llevarles todos los domingos a la prisión de Lurigancho; y aquí viene a mi memoria el cariño y la solidaridad con que lo hacían, de la misma forma cómo nos acompañaban en primera fila en las marchas y mítines, no autorizados, contra el gobierno militar. Recuerdo, entre muchas, a Sofía Romero que con Ilda hicieron gala de coraje y entrega, porque además de ser grandes compañeras, eran nuestras mejores amigas y hermanas en la lucha.

Cuando fue elegida secretaria general colegiada y le tocó el turno de hacerse cargo del Partido inició una investigación inmediata sobre malos manejos en la publicidad de la campaña electoral entre los que se encontraba Alfonso Salcedo de pasado velasquista y colaborador de la dictadura. Al día siguiente del anuncio, Armando Villanueva regresó para tomar la dirección de la organización y anuló el proceso iniciado. Ilda al no tener el apoyo que se merecía se alejó de la dirección con entereza y propietaria de su dignidad. Ahora ya no es un secreto que su salida fue orquestada por el apóstata García desde su cubículo en Palacio. Muchos de nosotros nos enteramos de los detalles varios años después, como de muchos casos similares en los cuales desarrolló el anti-Haya maniaco-depresivo el cinismo que hoy ostenta.

Para lavar su conciencia, más tarde García nombró a Ilda Ministra de Salud; designación que todos saludamos y que al poco tiempo fue saboteada curiosamente por apristas que hoy son convictos alanistas. Cuando se enfrentó a la mafia de los laboratorios farmacéuticos, se produjo una sospechosa alianza con el sindicato del ministerio de esa época que se declaró en huelga, y paralelamente es acosada por un diario llamado “El Nacional”, que financiaron Luis Alva Castro y Alan García. Este diario era dirigido por José Olaya Correa, corrupto calumniador profesional, que se vendió tiempo después a la dictadura fujimorista lo que le costó prisión efectiva, en razón directa de sus latrocinios. Sin escrúpulo alguno, Olaya emprendió una campaña de desprestigio en contra de Ilda, tratando infructuosamente de hacerla responsable por un brote de sarampión en una lejana localidad, magnificando el hecho y mintiendo. Nuevamente, ella al ver que el propio presidente García no la apoyó, decidió renunciar a la cartera que se le había encomendado, prefiriendo dedicarse a su labor parlamentaria. Ilda fue considerada peligrosa por la mafia, la que tuvo que procurar su salida, habida cuenta de su probada honradez y posición irreductible de no satisfacer sus demandas.

Fue parlamentaria en dos períodos y en su desempeño fue combativa, sencilla, austera y de probidad comprobada. Numerosos proyectos de ley que se sancionaron son de su autoría y están constreñidos a concretar la justicia social que tanto amó. Basta remitirse al diario de debates para observar los argumentos y la oratoria con que consiguió hacerlos aprobar. Nunca tuvo afecto por los trajes caros ni las cirugías plásticas para hacer sentir su autoridad moral y belleza; nunca concilió con lo que Vargas Llosa llama la civilización del espectáculo, que seduce a los corrompidos, frívolos, ignorantes y calabacitas auspiciadas por la gran minería.

Al hojear los libros que me obsequiara tantas veces y al releer las dedicatorias que con tanto afecto y hermosa redacción me dedicara, revivo su imagen cautivadora y muchos momentos que juntos con Fernando Arias, Juan Carlos Cristóbal, Juan José Uchuya y algún visitante ocasional, comentábamos libros, leíamos poemas, escuchábamos música clásica, música popular y música revolucionaria prohibida. Nunca olvidaré cómo en aquellas tertulias de amanecida conjugábamos nuestros sueños, querencias y críticas a nuestro entorno social a la luz de libros aurorales de Haya de la Torre y las obras de los gurúes de aquel tiempo como Althuser, Barbusse, Marcuse y futuristas como Toffler; descubiertos en los tesoros de los comercios de libros usados, a los cuales hacíamos visitas de exploración en búsqueda de ejemplares valiosos y acordes con nuestra elemental economía de jóvenes ansiosos por entender el mundo que vivíamos, a la par que prepararnos para el debate que por aquellos días era intenso.

Epifonema inevitable es concluir esta nota sobre Ilda Urízar Peroni remarcando lo que significa una vida útil y ejemplar como la que acabo de describir en pincelada modesta pero necesaria, porque la gente suele olvidar con facilidad que existieron personas como ella y creen en lo que una vitrina insulsa nos muestra con destellos de pobreza ética, moral e intelectual. Y de paso, señalar categóricamente que en el APRA se forjaron hombres y mujeres honestos, dignos, preparados y consecuentes que siempre rechazaron, hasta el final de sus días la tentación del dinero, la fama y el poder y prefirieron la lealtad, la transparencia y la verdad, a pesar que el costo fuera elevado; sin perder de vista el entusiasmo y optimismo sinceros como antítesis de lo que provee el resentimiento fruto de traumas no superados en muchos. Ilda tuvo que enfrentar a los adversarios egoístas y envidiosos, de adentro y afuera, sin abjurar de sus convicciones y de la alegría que le imprimió a sus actos, que la hicieron especial, querida y recordada por los que la conocieron.

Ilda, te debía este recuerdo y homenaje que te pido me perdones si mi poca habilidad de escribidor me lleva a lo abstruso. Pero, como aquel 19 de marzo del año 1996 que tuve el honor de hablar en tus exequias y sobreponiéndome al dolor de tu ausencia y con la voz entrecortada pude decir como ahora, que fuiste una gran compañera y hermana en el ideal, gran amiga y gran luchadora social que a pesar que pudiste tenerlo todo en virtud de tu calidad humana e inteligencia, preferiste el duro y hermoso camino del sufrimiento creador por tus ideas y de la pobreza digna de una vida honesta al servicio de los más desposeídos. Incomparable e incontrastable legado para tus hijos y para quienes te quisimos y te queremos a pesar del tiempo y tu partida.

¡Hasta siempre, compañera Ilda Urízar Peroni!


Mayo 27, 2012


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Ilda Urízar Peroni: Un recuerdo y un homenaje.- Una líder revolucionaria en un Partido hoy frecuentado por calabacitas y pacientes de cirugía plástica.- La cachetada física y moral de Ilda a Mercedes Cabanillas.- Los militantes apristas olvidados de los años 70.- Escribe: Jesús Guzmán Gallardo

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