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Dictador Leguía vendió Arica a Chile por seis millones de dólares.- El Tratado de Lima del 3 de junio de 1929 firmado por el régimen del oncenio mutiló el territorio peruano en vergonzosa transacción con el enemigo chileno.- Tras la caída de Leguía, Sánchez Cerro declaró que nadie sabía dónde estaban los seis millones.- Chile, país ladrón, robó 59 mil kilómetros cuadrados de territorio peruano entre Tarapacá, Arica y parte de Tacna.- Ahora intenta apoderarse de los 37,610 metros cuadrados d

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Escribe: César Vásquez Bazán
El New York Times informó el 4 de junio de 1929 sobre la venta de Arica al enemigo chileno por seis millones de dólares. La operación fue hecha por el vendepatria Augusto B. Leguía y se formalizó a través del tratado con Chile firmado el 3 de junio de 1929.

 Augusto Bernardino Leguía y Salcedo, dictador del Perú entre 1919 y 1930
Sus aduladores lo llamaron el Gigante del Pacífico, el Viracocha de la Patria Nueva y el Júpiter PresidenteFue el principal responsable de la entrega de Arica al enemigo chileno, tras hacer firmar a su Ministro de Relaciones Exteriores el denominado Tratado de Lima el 3 de junio de 1929.

El vendepatria Leguía y su cambiante posición en cuanto a las provincias cautivas

A petición del presidente Leguía, la Asamblea Nacional de 1919 (Constituyente) declaró por unanimidad en Lima, el 27 de diciembre de 1919, la caducidad del vergonzoso documento denominado Tratado de Ancón por el incumplimiento chileno de la esencial cláusula tercera de dicho papel referente al Plebiscito sobre Tacna y Arica (Basadre 1968-70, XIII: 105). La declaración de la Asamblea Nacional de 1919 fue la siguiente (Bromley y Belaúnde 1920, 129-130):

La Asamblea Nacional de 1919, el único cuerpo constituyente reunido después de la guerra con Chile y que ha aprobado el tratado de paz mundial y la Liga de las Naciones, antes de clausurarse, considera deber ineludible declarar ante la América y ante el mundo, en nombre del Perú, cuya soberanía imprescriptible representa:

1.- Que la desmembración del departamento de Tarapacá, el territorio más rico de América, constituye una conquista llevada a cabo entre naciones que no eran limítrofes, y por eso es un acto de iniquidad y de fuerza que no tiene precedente en la historia moderna del mundo.

2.- Que el Tratado de Ancón ha sido violado por el conquistador, negándose a cumplir la cláusula que establece la celebración de un plebiscito en las provincias de Tacna y Arica en 1893.

3.- Que en esta virtud Chile no solamente ha conquistado con la agresión durante la guerra, sino que pretende conquistar con la retención violenta durante la paz.

Confía en que el patriotismo del Congreso y del actual Gobierno pondrán como hasta ahora todo su empeño para que la Liga de las Naciones y la acción de las potencias que se interesen por la justicia amparen las justas, legítimas e imprescriptibles reivindicaciones del Perú”.

* * * * * 

“De las razones contenidas en esta exposición se desprende clara y definitivamente:

Primero.− Que el Tratado de Paz suscrito entre el Perú y Chile, el 10 de octubre de 1883, debe ser revisado y devuelta al Perú, incondicionalmente, la provincia de Tarapacá;

Segundo.− Que deben igualmente ser devueltas al Perú las provincias de Tacna y Arica, sin plebiscito y sin género de indemnización o pago por su parte”.

Libro Blanco de Augusto B. Leguía
(Leguía y Salcedo 1921, 53)

Tened confianza: Seréis peruanos
Para Arica y los ariqueños este cartel de propaganda del Gobierno de Leguía fue una mentira más de las tantas que pronuncian los políticos vendepatria. Con el Tratado de Lima de 1929, el iluminado dictador Augusto Bernardino Leguía y Salcedo entregó Arica al enemigo chileno, violando la Constitución de 1920 que prescribió que la Nación no podía “celebrar pacto que se oponga a su independencia o integridad o que afecte de algún modo su soberanía”.

* * * * *

Le propongo en definitiva lo siguiente: ...La entrega [por parte de Chile] de seis millones en vez de dos millones de dólares”.

Propuesta del presidente Leguía al embajador enemigo Emiliano Figueroa formulada durante las conversaciones sobre la entrega de Arica a Chile 
Palacio de Gobierno, Lima, 16 de abril de 1929
(Ríos Gallardo 1959, 308)

* * * * *

“El Gobierno de Chile entregará al del Perú, simultáneamente al Canje de las Ratificaciones, seis millones de dólares...”

Tratado de Lima, artículo sexto
Lima, 3 de junio de 1929


* * * * *

“Después [Sánchez Cerro], hablándome siempre con marcada locuacidad y ba­jando la voz para adquirir el tono de la confidencia íntima, me agrega:

«Lo único que me desagrada en el tratado con Chile son esos seis millones de dólares, que todavía no sé dónde están».

«Señor Presidente –respondo−, esos seis millones le puedo asegurar fueron cancelados y si le molestan demasiado mi gobierno es­tá dispuesto a recibirlos…»”


Conversación de Luis M. Sánchez Cerro, presidente de la junta militar de gobierno, con Conrado Ríos Gallardo, embajador de Chile en el Perú
Lima, 16 de septiembre de 1930
(Ríos Gallardo 1959, 410)

El robo chileno de las provincias cautivas

El departamento peruano de Tarapacá, desde noviembre de 1879, y las provincias peruanas de Arica y parte de Tacna, desde junio de 1880, son ocupadas militarmente por el enemigo chileno en lo que constituye una usurpación de 59 mil kilómetros cuadrados de territorio (aproximadamente la extensión del departamento de Arequipa).

El enemigo chileno ha proclamado su soberanía en esas circunscripciones y ha fundamentado su posición levantando la validez del “derecho de conquista”, tras haber vencido en la Guerra del Salitre, a pesar de saber que en América del Sur jamás se reconoció semejante derecho.

El enemigo chileno sostiene que el Perú entregó voluntariamente ambas circunscripciones a través de los Tratados de Ancón y de Lima. Lo que no dice es que el Tratado de Ancón fue firmado por el traidor Miguel Iglesias Pino de Arce, títere de Chile y cabecilla del protectorado promovido, organizado, financiado, dirigido y controlado por las fuerzas extranjeras de ocupación. Violando la Constitución del Perú que indicaba que el territorio de la Nación era inalienable, el Tratado de Ancón fue aprobado al caballazo por una autodenominada “Asamblea Constituyente”, cuyo nombramiento fue digitado por el enemigo chileno, sin que se permitiese en esa Asamblea la participación de representantes de Tacna, Arica y Tarapacá.

El dictador Augusto Bernardino Leguía y Salcedo, a su turno, violó la Constitución de 1920, vigente en 1929, que en su artículo segundo estableció la intangibilidad del territorio peruano. La Constitución prescribió que la Nación no podía “celebrar pacto que se oponga a su independencia o integridad o que afecte de algún modo su soberanía”.  Haciendo caso omiso de dicha norma, tras once meses de conversaciones estrictamente personales con Emiliano Figueroa, representante diplomático del Gobierno de Chile tratativas llevadas a cabo en el Palacio de Gobierno de Lima− Leguía entregó al enemigo chileno Arica y parte de Tacna. El 3 de junio de 1929, formalizó su servilismo hacia Chile haciendo suscribir a su Ministro de Relaciones Exteriores el Tratado de Lima, cumpliendo con las orientaciones de política exterior del Gobierno de Estados Unidos, al cual el dictador obedecía sin dudas ni murmuraciones. Ignorando la Constitución de 1920, Leguía hizo aprobar el regalo territorial al enemigo del Perú en un Congreso formado por representantes que manejaba a voluntad, y en el que tampoco estaban presentes representantes de las circunscripciones afectadas.

Embajador chileno en Lima delata el proceder de Leguía

En 1959, Conrado Ríos Gallardo, exembajador de Chile en el Perú en 1930, publicó el libro Chile y Perú. Los pactos de 1929, en el que describió con minuciosidad las conversaciones personales entre el representante diplomático de Chile en el Perú con el presidente Leguía que culminaron en la entrega de Arica a Chile. El documento es escasamente conocido en el Perú y pone en evidencia la política vendepatria de Leguía en cuanto a las provincias cautivas, explica cómo fue manipulado por Chile, y cómo quiso hacer aparecer la entrega de Arica a Chile cual si fuera el resultado de la presión de la política exterior de Estados Unidos sobre el Perú. De la obra de Ríos Gallardo publicamos los siguientes textos: 


IV
La liquidación del problema [de Tacna y Arica]
(Ríos Gallardo 1959, 306-309)

En la mañana del 16 de abril de 1929 −la fecha es muy digna de anotarse− el Presidente Leguía recibía, con su habitual sencillez, al embajador [chileno Emiliano] Figueroa en una audiencia de responsabilidad y de afirmaciones históricas. Siem­pre fueron las entrevistas entre ambos personajes cordiales; se pro­fesaban una mutua estimación, hablaban en lo posible sin reservas mentales, razón por la cual la persona del representante de Chile en el Perú era insustituible en el afecto y en la confianza del gobernante.

En esta conferencia se pasó revista cuidadosa a cada uno de los puntos en que ya existía acuerdo, se precisaron algunos de ellos, pa­ra llegar una vez más a la brasa ardiente: la construcción del puer­to en Las Yaradas, cuya ubicación ya había sido aceptada en principio. El embajador Figueroa, de acuerdo con instrucciones impar­tidas, llevaba consigo un memorándum, especialmente redactado, en el cual se consignaban los puntos transmitidos en cablegrama confi­dencial No. 80, y, además, se le había dicho días después: “Indispensable resolver hoy mismo si Presidente Leguía busca al constructor y nosotros entregamos los seis millones de dólares o el Presidente Ibáñez busca la firma que garantice el puerto y proceda a su ejecución” (11). Después de dar lectura al Primer Mandatario del me­morándum, destacando las referencias al puerto en Las Yaradas, éste reiteró al respecto anteriores observaciones, en el sentido de que seguía teniendo sus dudas sobre su seguridad en la ubicación referida, presentándolo como un peligro para las futuras relaciones con Chile, porque él tenía la convicción, después del informe del vice­presidente de la Frederick Snare Corporation, ingeniero señor Jorge Seeley, que dicho puerto en ese sitio, a la corta o a [la] larga, sería un fracaso y si ello ocurriera vendrían las recriminaciones, peligro que había el deber de evitar aunque sólo fuera una posibilidad lejana. El embajador Figueroa, sorprendido por estas observaciones un tanto tar­días, le contestó que podía desechar esos temores, porque si una firma constructora de solvencia reconocida y de competencia indiscutida garantizaba la obra, esas dudas pasaban a ser infundadas. El Mandatario replicó, seco y breve: “Así será, pero yo las abrigo siempre” (12). Después de esta respuesta inesperada, porque la ubi­cación del puerto, como he dicho, estaba en principio aceptada por él [el presidente Leguía] en la conferencia que habían sostenido cinco días antes, el embajador Figueroa reaccionó con nervio expresándole que le hablara “con entera franqueza, única manera que podemos entendernos” en un problema que tiene cansado[s] a los dos pueblos, que es necesario se resuelva de alguna manera, y a continuación, dando vigor a sus acentos, añadió:

“Mi gobierno me exige que le comunique hoy mismo su reso­lución y yo debo hacerlo, así es que apelo a la benevolencia que Ud. me ha dispensado siempre para rogarle me la dé en definitiva. Por encargo de mi gobierno le he hecho varias proposiciones de solución y cuando creíamos que ya aceptaba una de ellas, Ud. vuelve a ma­nifestarse indeciso. Es de urgente necesidad que alguna vez me ex­ponga su pensamiento definitivo”.

El Presidente Leguía, requerido en términos tan perentorios, aceptó sin vacilar la formal invitación que se le hacía, porque tam­poco era hombre de vacilaciones para afrontar las responsabilidades, y prestamente respondió:

“Como no estoy de acuerdo con Ud. sobre la posibilidad de construir un puerto eficiente y seguro en Las Yaradas, y tomando en consideración la observación que Ud. me ha hecho sobre la desproporción que existe entre el costo de ese puerto y su rendimiento, he creído más conveniente volver sobre una de las proposiciones que Ud. me ha hecho en el curso de esta negociación y le propongo en definitiva lo siguiente: acepto lo contenido en la proposición prime­ra del memorándum que Ud. me entregó en días pasados, o sea, la concesión al Perú, dentro de los 1,575 metros de la bahía de Arica, de un malecón, un edificio para su aduana y una estación para el Ferrocarril de Arica a Tacna, todo construido por cuenta de Chile, y donde gozaría de la más completa independencia dentro del más amplio puerto libre, y además, la entrega de seis millones en vez de dos millones de dólares”.

Estuvo, a continuación, en perfecto acuerdo en que la línea di­visoria partiera de un punto de la costa a diez kilómetros de Arica, en dirección paralela a la vía del ferrocarril a La Paz hasta el ki­lómetro 160, desde éste al 190 se estrecharía en forma que queda­ra en territorio peruano el curso de los canales Uchusuma, Aguada y Laguna Blanca, que forman parte de la dotación de agua de Tac­na. En relación con el compromiso de no construir nuevos ferrocarriles estimaba que si Tacna saldría por Arica era preferible no to­mar ese acuerdo que podría ser considerado como una limitación de soberanía, y respecto al compromiso de no ceder parte del territorio a otro país prefería que no se consignase en el tratado “para evitar suspicacias de Bolivia, pero que si nosotros insistíamos él lo aceptaría”. Propuso, después de estas observaciones, como condición indeclinable, que la fórmula de arreglo, como lo había insinuado en días pa­sados, viniese por conducto del gobierno de los Estados Unidos.

El embajador Figueroa informaba, además, que el Presidente Leguía se sentía un tanto desagradado por las publicaciones de pren­sa, las noticias cablegráficas, que no hacían sino perturbar la nego­ciación, que lo ponían en una situación molesta, “ya que daban por concluido un asunto que no lo estaba definitivamente”, y solicitó “encarecidamente que no se diera noticia alguna sobre el particular hasta que el arreglo estuviera completamente finiquitado”. Y, final­mente, comentando el resultado de la entrevista, agregaba: “Como se ve, Ud. estaba en lo cierto al venirme asegurando que el señor Le­guía no quería el puerto sino el dinero”, y terminaba solicitando instrucciones.

Aceptó el Presidente Leguía en esta memorable conferencia la división territorial en la forma que nuestro gobierno la propuso des­de que se inició la negociación directa, base de arreglo que el De­partamento de Estado no creyó que sería consentida por el Perú.

En la noche del mismo día de esta conferencia, cuyo resultado fue recibido con extraordinaria satisfacción por el gobierno, se des­pachó al embajador Figueroa el siguiente mensaje:

“Quiera Ud. aceptar de parte de S. E. el Presidente de la Re­pública [de Chile] y del suscrito felicitaciones por la forma brillante en que Ud. corona su misión en Lima. La solución alcanzada es honrosa y conveniente para Chile y constituye la aceptación de la fórmula perseguida por el gobierno del Excmo. señor Ibáñez desde un prin­cipio. Espero y confío poder enviar mañana, antes de las doce del día, el texto del acuerdo que someteremos al Presidente [de Estados Unidos Herbert] Hoover pa­ra que lo proponga, a su vez, a las partes”.



Notas



(11) Cablegrama confidencial No. 88, abril 15 de 1929.

(12) Cablegrama confidencial No. 90, abril 16 de 1929.

Víctor Andrés Belaúnde denunció la entrega de Arica por el vendepatria Leguía

En su libro de 1931 La realidad nacional, Víctor Andrés Belaúnde denunció la mutilación territorial y la venta de Arica a Chile por el dictador Leguía. Belaúnde afirmó que la transacción fue una muestra de la esclavitud política y económica en la que Leguía colocó al Perú respecto al imperialismo yanqui. Indicó que el servilismo político del dictador a Estados Unidos y su interés en la flotación de empréstitos en ese país −para lo cual necesitaba la aprobación del Departamento de Estado− llevó al dictador a aceptar la venta de Arica en lo que representaba una nueva afrenta a la soberanía nacional del Perú. Transcribimos a continuación el texto de Belaúnde:


El tratado con Chile
(Belaúnde 1931, 221-233)




La cuestión del “Triángulo Terrestre”

Se hace necesario recordar estos antecedentes históricos al tratar hoy qué nación debe ejercer la soberanía del llamado “Triángulo Terrestre”. Participamos de la corriente de opinión que defiende que dicho “Triángulo Terrestre” forma parte del Perú no sólo porque así se desprenda del [anticonstitucional y entreguista] Tratado de Lima sino porque integra el territorio original de Tacna, históricamente componente de la Nación peruana.


El Triángulo Terrestre es el nuevo objetivo de Chile, país conocido por sus vecinos como ladrón de territorio.


Mapa del sector inicial de la actual frontera terrestre entre Perú y Chile

Puede observarse que desde el Hito número 1, la línea divisoria entre ambos países sigue la dirección suroeste (hacia abajo y hacia la izquierda) y no el sentido del paralelo geográfico, como argumenta hoy el pendenciero enemigo chileno.

El mapa fue preparado y firmado por Enrique Brieba, delegado del enemigo chileno ante la Comisión Mixta de Demarcación de Límites entre Perú y Chile (1930) y aparece como Lámina IX en su Memoria sobre los límites entre Chile y Perú de acuerdo con el tratado del 3 de junio de 1929 presentada al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Instituto Geográfico Militar de Chile, 1931.

Mapa de Chile preparado en 1941 por el Instituto Geográfico Militar de Chile. En el inicio de la frontera con el Perú aparece el nombre CONCORDIA, punto que se ubica sobre el Oceáno Pacífico y no al interior de la zona terrestre.


Mapa actual de la XV Región de Arica y Parinacota preparado por el Instituto Geográfico Militar de Chile. A pesar de la escala, puede observarse que la línea de frontera con el Perú próxima al Oceáno Pacífico sigue  la dirección suroeste (hacia abajo y hacia la izquierda)

Canje de Ratificaciones del Tratado acordado por Leguía con el enemigo chileno
Santiago de Chile, 28 de julio de 1929
Aparecen el presidente chileno Carlos Ibañez del Campo, su Ministro de Relaciones Exteriores Conrado Ríos Gallardo y César A. Elguera, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Leguía en Chile.

Tratado de Lima
Congreso de la República del Perú
Este Tratado fue suscrito en la ciudad de Lima el 3 de junio de 1929.
Los Instrumentos de Ratificación fueron intercambiados en la ciudad de Santiago el 28 de julio de 1929. Fueron aprobados en el Perú por Resolución No. 6626 del 2 de julio de 1929 y en Chile por la Ley No. 1110 de 28 de julio de 1929. Fue publicado en el Diario Oficial de Chile del 6 de agosto de 1929.

Los Gobiernos de las Repúblicas del Perú y de Chile, deseosos de remover toda dificultad entre ambos países y de asegurar así su amistad y buena inteligencia, han resuelto celebrar un Tratado conforme a las bases que el Presidente de los Estados Unidos de América, en ejercicio de buenos oficios solicitados por las Partes, y guiándose por los arreglos directos concertados entre ellas, ha propuesto como bases finales para resolver el problema de Tacna y Arica, y al efecto han nombrado sus Plenipotenciarios, a saber: Su Excelencia el Presidente del Perú al Excelentísimo Señor Doctor don Pedro José Rada y Gamio, su Ministro de Relaciones Exteriores, y Su Excelencia el Presidente de la República de Chile, al Excelentísimo señor don Emiliano Figueroa Larraín, su Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en el Perú; quienes después de canjear sus Plenos Poderes y encontrándolos en debida forma, han convenido en los artículos siguientes:

Artículo primero.  Queda definitivamente resuelta la controversia originada por el artículo tercero del Tratado de Paz y Amistad del veinte de octubre de mil ochocientos ochenta y tres, que era la única dificultad pendiente entre los Gobiernos signatarios.

Art. 2.º  El territorio de Tacna y Arica será dividido en dos partes, Tacna para el Perú y Arica para Chile. La línea divisoria entre dichas dos partes y, en consecuencia, la frontera entre los dos territorios del Perú y de Chile, partirá de un punto de la costa que se denominará “Concordia”, distante diez kilómetros al norte del puente del río Lluta, para seguir hacia el oriente, paralela a la vía de la sección chilena del Ferrocarril de Arica a La Paz y distante diez kilómetros de ella, con las inflexiones necesarias para utilizar, en la demarcación, los accidentes geográficos cercanos que permitan dejar en territorio chileno las azufreras del Tacora y sus dependencias, pasando luego por el centro de la Laguna Blanca, en forma que una de sus partes quede en el Perú y la otra en Chile. Chile cede a perpetuidad a favor del Perú, todos sus derechos sobre los Canales del Uchusuma y del Mauri, llamado también Azucarero, sin perjuicio de la soberanía que le corresponderá ejercer sobre la parte de dichos acueductos que queden en territorio chileno después de trazada la línea divisoria a que se refiere el presente artículo. Respecto de ambos Canales, Chile constituye en la parte que atraviesan su territorio, el más amplio derecho de servidumbre a perpetuidad en favor del Perú. Tal servidumbre comprende el derecho de ampliar los Canales actuales, modificar el curso de ellos y recoger todas las aguas captables en su trayecto por territorio chileno, salvo las aguas que actualmente caen al río Lluta y las que sirven a las azufreras del Tacora.
 
Art. 3.º   La línea fronteriza a que se refiere el inciso primero del artículo segundo, será fijada y señalada en el territorio con hitos, por una comisión mixta compuesta por un miembro designado por cada uno de los Gobiernos signatarios, los que costearán, por mitad, los gastos comunes que esta operación requiera. Si se produjera algún desacuerdo en la Comisión, será resuelto con el voto dirimente de un tercer miembro designado por el Presidente de los Estados Unidos de América, cuyo fallo será inapelable.

Art. 4.º   El Gobierno de Chile entregará el Gobierno del Perú, treinta días después del Canje de las Ratificaciones del presente tratado, los territorios que, según él, deben quedar en poder del Perú. Se firmará por Plenipotenciarios de las citadas Partes Contratantes, una Acta de entrega que contendrá la relación detallada de la ubicación y características definitivas de los hitos fronterizos.

Art. 5.º   Para el servicio del Perú el Gobierno de Chile construirá a su costo, dentro de los mil quinientos setenta y cinco metros de la bahía de Arica, un malecón de atraque para vapores de calado, un edificio para la agencia aduanera peruana y una estación terminal para el Ferrocarril a Tacna, establecimientos y zonas donde el comercio de tránsito del Perú gozará de la independencia propia del más amplio puerto libre.

Art. 6.º   El Gobierno de Chile entregará al del Perú, simultáneamente al Canje de las Ratificaciones, seis millones de dólares, y además, sin costo alguno para éste último Gobierno, todas las obras públicas ya ejecutadas o en construcción y bienes raíces de propiedad fiscal ubicados en los territorios que, conforme al presente Tratado, quedarán bajo la soberanía peruana.
 
Art. 7.º   Los Gobiernos del Perú y de Chile respetarán los derechos privados legalmente adquiridos en los territorios que quedan bajo sus respectivas soberanías, entre los que figura la concesión otorgada por el Gobierno del Perú a la Empresa del Ferrocarril de Arica a Tacna en mil ochocientos cincuenta y dos, conforme a la cual, dicho ferrocarril, al término del contrato, pasará a ser propiedad del Perú. Sin perjuicio de la soberanía que le corresponde ejercer, Chile constituye a perpetuidad en la parte que la línea atraviesa su territorio el derecho m


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