Get Even More Visitors To Your Blog, Upgrade To A Business Listing >>

La defraudación tributaria de Lelio Nelson Balarezo Young

Prófugo Lelio Nelson Balarezo Young, segundo vicepresidente de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales (CONFIEP) y Presidente de la Cámara Peruana de la Construcción (CAPECO) en el período 2003-2015. En 2016 fue condenado por la justicia peruana a cinco años de prisión efectiva por el delito de defraudación tributaria.

La tarde del 19 de abril de 2015, dos días después de que se ordenara su captura, el entonces presidente de la mara Peruana de la Construcción (CAPECO), Lelio Balarezo Young, visitó su lugar favorito: el Hipódromo de Monterrico. Una breve nota aparecida en la revista digital de los socios de este exclusivo centro deportivo revela que aquel domingo el empresario constructor y dueño de uno de los criaderos de caballos de carrera más grandes del Perú, se ubicó en el palco de honor como uno de los líderes de la temporada por su récord de apuestas ganadas. Hasta entonces, el fallo de la Corte Suprema que lo condenó a cinco años de cárcel por un millonario fraude tributario había sido manejado con discreción por las propias autoridades, pero no pasó mucho tiempo para que su foto saltara de las páginas de hípica y negocios a la galería de delincuentes prófugos más buscados por la policía.

Durante más de quince años, el empresario cajamarquino Lelio Balarezo, quien llegó a ocupar también la segunda vicepresidencia de la poderosa Confederación Nacional de Instituciones Empresariales (CONFIEP), intentó impedir el avance de su proceso judicial con varias estrategias legales. El caso empezó en 1998, cuando la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (Sunat) detectó que su compañía constructora, Balarezo Contratistas Generales S. A. (Bacongesa), evadió el pago de más de seis millones de soles (más de 2 millones de dólares) en impuestos a través de sucesivas adulteraciones y falsificaciones de 176 facturas emitidas entre los años 1995 y 1997. Ahora, la deuda asciende a más de veinte millones de soles (más de seis millones de dólares) por los intereses y el tiempo transcurrido, según la Sunat.  

Los documentos contables que sustentaron el dictamen acusatorio de la Tercera Fiscalía Superior Nacional evidenciaron que la compañía de Balarezo infló facturas, falsificó otras y hasta contrató a proveedores fantasmas para no pagar el Impuesto a la Renta. “Mi principal función como gerente era participar en las licitaciones de obras públicas, pero no tenía injerencia en el área contable. En todo caso, eso estaba a cargo de mi hermano Jaime [Jaime Eduardo Balarezo Young], quien era el administrador general, y del contador”, dijo Lelio Balarezo en su defensa durante el juicio oral, según la transcripción de su declaración que figura en el expediente del caso. Sin embargo, su argumento se quedó sin piso cuando la fiscalía mostró que su firma aparecía en las declaraciones juradas de la empresa entregadas a la Sunat, ya que Balarezo no solo era el gerente y accionista mayoritario de Bacongesa, sino también su representante legal y tenía acceso a toda la información del negocio.

En el 2010, ante la contundencia de las pruebas, Balarezo intentó impedir la investigación fiscal con una acción de Habeas Corpus que cuestionó la denuncia por supuesta falta de motivación. Esta llegó al Tribunal Constitucional y fue declarada improcedente al año siguiente. El caso siguió su curso, pero siempre al lento ritmo judicial peruano. Dos años después, la Sala Penal de la Corte Superior de Justicia de Lima sentenció al empresario con una pena benigna que lo libraba de la prisión, pero la fiscalía apeló el fallo amparada en que no era proporcional con el daño causado al Estado. Así, tras doce años de iniciado el proceso judicial, la Corte Suprema dictó una sentencia definitiva y ordenó cinco años de cárcel efectiva para Lelio Balarezo.

Durante el juicio, la fiscalía determinó que el esquema de evasión fiscal de Bacongesa involucró por lo menos a catorce personas, entre empleados y proveedores de la empresa, pero el fallo solo alcanzó a Lelio Balarezo y a su contador Edmundo Acosta Santa Cruz, condenado a cuatro años de prisión como cómplice del delito. El resto de los acusados se acogió a la prescripción. Entre ellos figura Patricia Li Sotelo, gerente de las empresas Negociaciones Aries, System Pomen Service y Star Service Internacional, que facilitaron facturas en blanco a la constructora de Balarezo para que fueran llenadas con cifras maquilladas y falsos proveedores.

Lelio Balarezo no fue el primer empresario sentenciado por defraudación tributaria en el Perú, donde seis de cada diez empresas son informales, pero su condena representó un fuerte golpe a la reputación del gremios de las grandes corporaciones del país. La cúpula de Capeco, que lo mantuvo en la presidencia de su consejo directivo desde el 2003 hasta el 2015, no se ha pronunciado hasta la fecha por este caso. Mientras, el presidente de la Confiep, Martín Pérez, dio tras insistencia de la prensa unas tibias declaraciones sobre el caso: “Estamos muy mortificados, pero es importante que todos entendamos que uno es el comportamiento de las instituciones y otro es el comportamiento de los individuos”.

Hasta antes de su condena, Lelio Balarezo, un ingeniero civil de 70 años, era reconocido por los empresarios de su sector como uno de los principales promotores del último boom inmobiliario de viviendas en Lima. Su empresa Bacongesa, fundada en 1979, se había convertido en una importante proveedora del Estado y especializado en la instalación y montaje de torres de alta tensión. Los reportes oficiales de contrataciones públicas entre los años 2006 y 2013 revelan que la compañía ganó más de 150 millones de soles en licitaciones y tuvo entre sus clientes al Ministerio de Energía y Minas y empresas de electricidad de Ucayali y Puno.  

Si bien Bacongesa fue su principal negocio, Lelio Balarezo también incursionó en la industria de medios de comunicación con la compra de Antena 1, una estación de radio informativa que nunca logró alcanzar altos índices de sintonía. En 1995, en un intento por revertir su declive por falta de anunciantes, despidió a los periodistas y reemplazó sus espacios por programas de salsa sin buenos resultados. Un año después, vendió la radio al empresario pesquero Isaac Galsky Yacher, quien creó Cadena Peruana de Noticias (CPN).

El negocio en el que Balarezo prefirió apostar su dinero fueron los caballos de carrera. Con seis yeguas importadas de Argentina fundó uno de los criaderos de ejemplares purasangre que a mediados de los noventa se convirtió en uno de los más grandes del país. En el 2014, su finca Gina – Santa Rosa [Haras Santa Rosa, S. A.] poseía 37 caballos, varios de los cuales le permitieron liderar las temporadas de carreras en el hipódromo. Desde que el empresario pasó a la clandestinidad para evitar la prisión, su hijo Ray se ha hecho cargo de sus caballos.

El registro migratorio de Lelio Balarezo indica que no ha salido del país. La policía ofrece una recompensa de treinta mil soles para quien ofrezca datos de su paradero.

Todos los derechos reservados por PersonadeInterés.org

Septiembre 4, 2017


This post first appeared on César Vásquez PERÚ: Política, Economía, Histo, please read the originial post: here

Share the post

La defraudación tributaria de Lelio Nelson Balarezo Young

×

Subscribe to César Vásquez PerÚ: Política, Economía, Histo

Get updates delivered right to your inbox!

Thank you for your subscription

×