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El ahijado, la madrina… y la más reciente farsa contra Cuba

José LLamos Camejo.─ Luis Manuel Otero Alcántara, con un diagnóstico de inanición voluntaria referida, arribó en transporte sanitario, en estado consciente y deambulando sin dificultad. 

La mirada inocente asomó extrañada, como el tono que había en la expresión: «¡Teleclases de primaria a esta hora!». La frase, empero, no es atribuible a los diez años de quien la dijo.

Similar a la de María Carla, sería la reacción de cualquier adulto que no estuviera frente al televisor, cuando este amplificaba aquella voz con una explicación tan masticadita: «Mira, algo importante, cuando cuentes uno, dos, tres, con los dedos, comienza».

A ese grado de detalle llegan las instrucciones que, desde el exterior, reciben en Cuba las marionetas asalariadas para crear o simular, en nuestro país, desórdenes y caos, y con ello dar crédito a las calumnias insustentables, con las cuales se intenta justificar todo género de agresiones.

La «maestra» que escuchó María Carla, en el Noticiero de la Televisión, era nada menos que Carla Velázquez, venezolana residente en México, experta en proyectos y jefa del Programa Cuba, del Instituto Nacional Demócrata (ndi, por su sigla en inglés).

El NDI es una agencia no gubernamental de Estados Unidos que financia a grupos de personas para que ejecuten planes subversivos y desestabilizadores de países progresistas, y que en estos tiempos fija su atención, de manera especial, contra Cuba y Nicaragua. 

La voz de la susodicha fue presentada en nuestra televisión como prueba –otra más– de qué y quiénes están detrás de los comediantes de San Isidro, disfrazados de disidentes políticos.

Resulta que en la citada «clase», la señora Carla Velázquez tenía del lado de acá del teléfono a una compinche del «artista» Luis Manuel Otero Alcántara, su «ahijado» para montar farsas, y le detallaba orientaciones para que se las hiciera llegar al sujeto, a nombre de «La madrina, porque así también él me dice, y la policía no lo sabe».

Una breve pincelada conceptual, tomada del manual de guerra no convencional del ejército de EE.UU., acerca de lo que es, el cómo y el para qué una huelga de hambre, y cómo filmarla con teléfonos celulares, antecedió a las órdenes de la Jefa para su marioneta –digo, para su ahijado, o subordinado–, a quien le recordó que «yo te dirijo».

Sus palabras textuales fueron: «Lo primero es que una huelga de hambre tiene peticiones, es un método que puede ser exitoso si uno lo hace bien. Para hacerlo bien uno tiene que tener unas peticiones; la primera tiene que ser la más fácil de cumplir. ¿Para qué?, para que no te mueras de hambre, porque tú no te quieres morir. Entonces las tres solicitudes se las paso escritas a Afrik (Africa Reina en redes sociales, nombre de la contrarevolucionaria Yenicelis Borroto Vega), para que las puedas decir».

El material y los argumentos presentados a los televidentes cubanos, por el periodista Humberto López, incluye otras imágenes y audios, los cuales no dejan dudas, si es que alguien las tenía, acerca de la componenda anticubana, que no es desconocida ni nueva, pero que sigue en marcha, aunque de fracaso en fracaso.

Otero Alcántara anda muy lejos de ser el artista que pretende. El arte, al margen de ideologías, es respetuoso y auténtico, y es arte; componentes de los que adolece la obra de este personaje.

Él ha protagonizado un «performance» de los más ofensivos y grotescos, para el cual no vaciló en ultrajar  nuestra bandera. No es la única obscenidad de la que, en nombre del arte, ha sido autor en sitios públicos.

A finales de noviembre, en compañía de otros de su estirpe, simuló una primera «huelga de hambre»; de mentiritas, casi de inmediato se supo, pues salieron a la luz sus facturas de alimentos a través del apk TuEnvío.

Para la nueva «huelga», iniciada a finales del mes pasado, previas indicaciones de «La madrina», ha contado con los siempre dispuestos voceros de medios privadas, al servicio de los enemigos de la Revolución Cubana.

En torno al nuevo capítulo de la farsa se levantó, el pasado 30 de abril –denunció el ntv–, un grupito de diez delincuentes provocadores, con disfraces de disidentes, que montaron otro espectáculo, esta vez en la calle Obispo, en La Habana.

La televisión denunció que los maleantes escogieron un lugar concurrido, una cola, buscando visibilidad mediática. Planteaban llegar a la casa de Otero Alcántara, aunque su verdadero interés no era este sino complacer a sus mentores, y recibir las recompensadoras migajas monetarias. Paso a paso van siguiendo al detalle el manual de guerra no convencional de 2019, del ejército estadounidense, como la acción 29 de ese documento, la cual contempla actos simbólicos, y la 166: mezclarse en el público para crear confusión.

El cabecilla de esta última provocación, Esteban Rodríguez López, sin vínculo laboral, reside en La Habana Vieja, acumula una «brillante trayectoria» como delincuente. Conocida es su relación con elementos antisociales; fue procesado, entre otros delitos, por actividad económica ilícita, receptación, hurto, apropiación indebida, robo con violencia, , lesiones, alteración del orden público, y resistencia.

El NTV también presentó el audio del momento en que un individuo de origen cubano residente en Texas, EE.UU., confesó que estaba recogiendo dinero para enviarlo a los suyos en Cuba. Dijo que Esteban ya había recibido dólares, y que gente de allá actuaba junto a este último, aquí.

Sin embargo, qué distinta resulta la Cuba que venden, contra la que no escatiman calumnias y falsedades, y que montan, como obra de teatro, y la Cuba que, en el acostumbrado derroche de humanidad que caracteriza a su sistema de Salud, no discrimina a las personas que requieran atención médica, como la que se ofreció, en el hospital capitalino Calixto García, desde la mañana de este 2 de mayo, a uno de los cabecillas del llamado Movimiento San Isidro: el mismísimo Luis Manuel Otero Alcántara.

Las informaciones que emitieron las autoridades de Salud hablan por sí mismas.

La primera detalló que, en horas del amanecer del día 2 de mayo de 2021, se recibió, en el Centro de Urgencias del Hospital Universitario General Calixto García, al ciudadano Luis Manuel Otero Alcántara, con un diagnóstico de inanición voluntaria referida, el cual arribó en transporte sanitario, en estado consciente, y deambulando sin dificultad.

«Al examen físico no se constatan signos de desnutrición, con presencia de parámetros clínicos y bioquímicos normales. Como establece el protocolo de atención médica para la covid-19, se le realizó test de antígeno, con resultado negativo, y se le tomaron muestras de pcr, pendiente de resultado».

Esa primera nota concluyó que, desde su arribo a la institución, y durante todo el proceso, se mantuvo cooperativo con el personal de Salud que lo atiende, que su evolución fue estable, y que continuaban las acciones médicas correspondientes, por el colectivo de especialistas. El mensaje aclaró que el paciente se mantuvo en observación a partir de los motivos referidos que lo hicieron arribar a la institución.

Sin embargo, una comunicación posterior, más detallada, luego de realizarle exámenes clínicos de laboratorio, dan cuenta de parámetros normales en el ciudadano Luis Manuel Otero Alcántara; evidencia clara de que los indicadores del paciente no se corresponden con los de una persona que manifieste inanición, lo que revela que existía alimentación e hidratación:

Hemoglobina 16.8

Glicemia 5.6

Ácido úrico en 9.71

Ph en sangre 7.15

Hematocritos 0.51

Plaquetas 300

Leucocitos 7.8, con diferencial rango normal

Eritro en 5, con sedimentación y creatinina normal

¿Hacen falta mejores argumentos? Los artificios del montaje contrarrevolucionario se declaran falsos, tanto a simple vista como bajo el foco de un microscopio. No hay argumento creíble en las tramas que se inventan, una tras otra. El ahijado, la madrina y sus padrinos, se exponen otra vez al papelazo.

Con razón, tales puestas en escena generan –del lado de los sensatos, de los revolucionarios que no se creen el cuento de aquellos, los pobres diablos que venden su país al precio de cualquier limosna en dólares– comentarios contundentes, como el que, como un puñetazo, escribió el comunicador Omar Rafael García Lazo:

«No hay mercenario serio que tenga una balanza distinta a la que prioriza la vida propia. Obrero como es del cinismo, para el mercenario su salario es lo más importante, no la causa, mucho menos las ideas. Ayer se nos moría el “artista”. Hoy entró caminando y sin signos de desnutrición al hospital. Por eso nadie les cree. (…) Pero el show debe continuar. La verdad ya ni es secundaria. Seguro dirán que el “artista” fue obligado. Seguro sigue su “huelga” en el hospital, como aquel trasquilado personaje del cual ya nadie se acuerda, campeón de las huelgas asistidas en hospitales, a costa del erario público. Menuda contradicción.

«Lo más patético de la secuencia no es el “huelguista” en buen estado de salud, ni sus porristas en la calle Obispo, ni la prensa desenfocada, ni los yanquis clamando por su títere, no. Eso es ya parte del paisaje.

«Lo más patético es ver a unos cuantos pensantes cubanos apostar su intelecto al desenlace político de una farsa anunciada. Que si el diálogo, que si las causas del fenómeno, que si el racismo subyacente, que si una ponina de argumentos e ideas para mediar, que si el futuro y la democracia...Todo ahora metido en una vieja olla que no agarra presión por más asesores que le metan. De ahí no saldrá nada que se parezca a nuestro auténtico ajiaco, porque sencillamente, la plata nunca ha sido, en el caso cubano, catalizador de transformaciones. Nunca en nuestra historia».



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