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Capítulo 25: Por nuestro objetivo común




Salvador comenzó a pensar en lo que significaba lo que acaba de decir Carla y rápidamente lo relacionó con los hechos acontecidos en los últimos días alrededor del mundo, soldados de fuego en el vaticano e Israel al mando de un alemán, similares de hielo en Francia y España, finalmente ahora seres de viento en Arabia Saudita, en su análisis se dio cuenta que sólo faltaba un elemento, pero ya habían caído los tres anticristos predichos por Michel de Nôtre-Dame, en ese momento cayó en cuenta que quizás en ese mismo instante estaba ante el enviado definitivo de Lucifer.
-Tierra… ¿No es así Carla?
La Chica dio un par de pasos hacía el enviado, la rabia inundaba su ser ya que nada estaba saliendo como ella esperaba, y si estos desafortunados eventos continuaban el desenlace no sería nada agradable para ella.
-Realmente no estaba planificado que use esto hasta el día del juicio final, pero situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.
Dicho esto la joven dio un fuerte pisotón, con el que a los pocos segundos la tierra comenzó a temblar, el movimiento se convirtió en breve en un terremoto, la gente alrededor de escenario comenzó a correr alejándose de cualquier estructura que pudiera colapsar sobre ellos, la tierra se abrió desde el punto donde Carla había puesto su pie en dirección hacia Salvador, este al verlo salto hacía un costado evitando caer, luego comenzó a correr hacia la chica empuñado con fuerza la espada de Dios, dispuesto a terminar la pelea de un golpe.
-¡Necesitaras más que eso para evitar que te regrese al infierno!
La chica hizo una mueca de enojo y saltó hacía atrás un par de metros, al caer produjo otro movimiento sísmico, pero esta vez en lugar de abrirse una grieta del suelo brotó una pared de tierra de unos diez metros de largo  por unos siete de alto, que impidió que Salvador continuara avanzando e hizo que pierda de visto a su objetivo.
-¡Rayos!- Dijo molesto el enviado - ¡Por lo que veo vas a resistirte hasta el final!
Salvador comenzó a correr rodeando el muro, pero al llegar al otro lado ya no vio a su enemiga, mirando en todas las direcciones, logró ver que la joven estaba en la parte superior del muro de tierra observándolo, deduciendo que había utilizado su habilidades sobrehumanas para colocarse en esa posición el enviado, hizo algo similar, dando un gran salto logra llegar hasta la mitad de la estructura, luego con un segundo impulso logra estar a menos de un metro de la joven.
Al verlo tan cerca, Carla da un nuevo golpe con su pie sobre el muro, haciendo que de este surja de forma inmediata una estructura rectangular que golpea a Salvador haciéndolo perder altura, pero mientras cae el enviado logra clavar su espada en la estructura de tierra lo que provoca que esta se desintegre y vuelva a ser sólo polvo.
Ambos enviados caen, pero es Salvador quien recibe menos daño ya que logra aterrizar de pie, mientras que Carla cae doblándose el tobillo derecho y le dificulta ponerse de pie.
-¡Maldición! – Brama con desesperación la chica de rodillas, en el piso - ¡Esto no puede acabar así!
Un poco adolorido, pero en buen estado, Salvador camina hacia la chica confiado en que sólo tenía que dar el golpe final.
-Parece que tu transmutación sobre la tierra, tampoco es tan efectiva... Te has quedado sin opciones, ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Gritar para tratar de romperme los tímpanos?
-Yo… No puedo hacer eso… -Admitió Carla apretando los dientes con furia.
La joven se sentía acorralada, analizaba su situación, su movilidad estaba reducida por el daño de la caída, su fuego y transmutación se veían inútiles ante el arma que portaba su enemigo, su fuerza sobrehumana no le ayudaría mucho ya que si sólo rozara por descuido la espada sería lo último que haría sobre la faz de la tierra.
- ¡Allahu Ákbar!
El grito de guerra, cuyo significado literal en español es “Dios es el más grande” se escuchó a espaldas de Salvador el cual inmediatamente giró en estado de alerta y divisó a cientos de terroristas apuntándole con sus armas, vio como sus dedos comenzaban a presionar los gatillos, por lo que moviéndose a una velocidad mayor de la que el mismo se creía capaz logró evadir los disparos refugiándose en la parte de atrás del escenario.
Las balas corrían por encima de la cabeza de Salvador, por lo que el joven pasó de ser el cazador a la presa en solo cuestión de segundos “Están molestos por que vieron como terminé con la vida de su líder en frente de sus ojos, además que casi elimino a quien les prometió el fin de su guerra” pensó mientras que evaluaba sus opciones, sabía que no tenía suficiente energía y habilidad para eliminar a cientos de terroristas y aun si lo hiciera quedaría su imagen en el mundo como “El enemigo de Allah” o cuando menos de un genocida.
-No tengo otra opción.- Se dijo a sí mismo.
 Carla desde su posición pudo ver como un grupo de granadas eran lanzadas hacia el lugar donde se encontraba su enemigo, pero mientras estas viajaban hacia su objetivo una gran luz se pudo percibir en la parte de atrás del escenario, justo en el lugar donde cayeron los explosivos y dos segundos después detonaron.
La chica levantó la mano en señal de que cese el fuego, no tenía caso seguir. Salvador había escapado.
La rabia le hacía hervir la sangre a la chica, sus planes habían fracasado por lo que debía de tomar medidas drásticas, trató de pararse pero le era muy difícil, por lo que buscó a Leon con la mirada cuando lo encontró le hizo una seña para que se acerque a ella.
El americano al verla, corrió y ayudó a ponerse de pie a la chica, puso el brazo de ella alrededor se su cuello y la asistió en estabilizarse y aprovechó para preguntar:
-¿Quién era esa persona?... Carla Que está…
-Ayúdame a caminar hacia esa zona. –ordenó la chica sin prestarle atención a lo que decía el hombre que la ayudaba, señalando la parte donde estuvo el muro que ahora solo era un montón de arena.
Ambos se dirigieron sobre esa zona y Carla miró alrededor a todas las personas que la observaban fijamente, estas se estaban acercando lentamente, León pensó que estaba a punto de comenzar un discurso para explicar lo que había sucedido, pero vio como la chica daba un pisotón extremadamente fuerte sobre la arena.
Un terremoto aún más fuerte que los anteriores se inició, la tierra se abrió en distintas partes tragándose a absolutamente todos los presentes, soldados americanos, camarógrafos y terroristas, sólo quedaron de pie Carla y León, el cual vio con horror como cientos de personas murieron frente a sus ojos en segundos sin que él pueda hacer nada por ellos.
-Carla… ¿Que has hecho?... Has…
-¡ELIMINADO A LOS TERRORISTAS! ¡ESO HE HECHO!... ¡POR ESO VINIMOS! ¿YA SE TE OLVIDÓ?
El grito de la chica, su expresión de locura y odio en sus ojos hizo que el militar sintiera algo que hacía años no sentía… miedo, al verla hasta cierto punto envidió la suerte de sus compañeros pues en ese momento daría cualquier cosa por esta lejos de esa mujer.
-Ahora vamos de regreso a la casa blanca… Toma uno de nuestros vehículos y conduce con la mayor rapidez que puedas… No podemos perder tiempo.
Mientras tanto a miles de kilómetros al norte en el palacio del Kremlin en Rusia, el presidente Gavrel Zubkov, un joven de baja estatura, pelo claro, ojos celestes y contextura delgada ve tranquilamente la lluvia sobre el patio a través de un vitral en su oficina con la manos en la espalda, cuando de pronto una gran luz inunda la sala, la cual a los pocos segundos desaparece, luego de ello el mandatario calmadamente gira y pregunta al recién llegado.
-¿Cómo te fue?
-Logré acabar con el terrorista… Pero luego de eso fui atacado por sus seguidores y me vi forzado a retirarme. –Respondió Salvador algo apenado y mirando el piso.
-Haz caer a un líder y sus seguidores se saldrán de control…Si he oído eso antes, creo que es un proverbio chino.- Dijo Diana sentada en una sofá de madera en la parte de atrás.
-Eso quiere decir que el grupo no estaba preparado para actuar sin una figura que los dirija. – Razonó Emilio a su costado en el mismo mueble.
-Bueno, uno menos es mejor que nada. – Comentó el rabino Shentov, sentado en otro sofá similar cercano. – Lo has hecho bien.
-Pero aún queda nuestro principal problema… Carla- Ratificó el Iman Abdul al costado del judío.
-Debimos haber usado los misiles nucleares como sugerí- Agregó con algo de enojo Kang Yong-rim, de pie con los brazos cruzados apoyados sobre una pared, cerca de la puerta.
-Tranquilos, tranquilos…- Intervino Gavrel buscando mantener el orden – Lo importante es que no hemos tenido ninguna perdida en nuestro lado y ellos sí… Y el día en que todos nosotros estemos juntos unidos por un mismo objetivo… Ha llegado... ¿Estás de acuerdo conmigo… James?
Sentado en el escritorio del presidente de Rusia se encontraba James, tecleando y buscando información de lo que pasaba en su país y en el mundo, era consciente que ahora necesitaba la ayuda de todas las personas que estaban en ese despacho, pero se sentía muy incómodo con lo que se había enterado en los últimos días.
Primero, existía una forma de comunicación encriptada entre Corea del Norte y Rusia, que era el equivalente a un nuevo alfabeto morse, el cual utilizaron para comunicarse con el exterior mientras estaban en el palacio del Sol de Kumsusan, ya que había un pequeño grupo de esa nación alojado unos kilómetros de ellos, la limitante era que sólo podían comunicarse de noche ya que para evitar que su comunicación sean interferidas utilizabas luces que encendían y apagaban en diferentes grados de potencia y velocidad en la ventana más alta del edificio. Era una serie de códigos que no se utilizaban en ninguna otra parte del mundo por lo que a pesar de que alguien pudiera sospechar algo por ver luces parpadear de forma extraña no podía deducir cual era el significado de estas. Adicionalmente, luego de que el grupo abandonó el palacio en las noches se mantuvo esta actividad, pero encendiendo y apagando las luces sin sentido alguno para que en caso alguien haya deducido que existía un sistema de comunicación con el exterior,  se mantenga la idea de que James y Kang Yong-rim siguen en su interior.
Luego se enteró que existía un túnel de salida subterráneo en el edificio, el cual era de aproximadamente 30 kilómetros de largo, y él no tenía ni idea de su existencia. Por este camino, que el presidente dedujo les debió llevar al menos diez años de construir, pudieron escapar a la tumba del rey Tongmyong, y al igual que con la comunicación por luces fue necesario aprovechar la oscuridad de la noche para escapar hacia un puerto en la ciudad portuaria de Tanchon, tuvieron que hacerlo en un solo auto que a simple vista era un vehículo modesto y descuidado cuya apariencia era muy similar a un Volkswagen Kombi T2, pero realmente estaba hecho de material blindado y en su interior había suficiente armamento para hacerle frente a algún pequeño grupo de soldados que tratara de interceptarlos. Es esa huida participaron James, Diana, Emilio, Kang Yong-rim, Kim Chong y dos soldado de elite norcoreanos. El mandatario americano había hecho algo que jamás había pensado que sucedería, dejó a su preciada familia a cargo del personal del palacio de  Kumsusan, le había surgido una paranoia que donde quiera que fuera Carla lo encontraría y que mataría a todo el que esté cerca de él, y que Dios y su país lo perdonen ahora el líder asiático era una de las pocas personas en el mundo en quien podía confiar.
La última cuota de información, y la que más le sorprendió, fue saber que Gavrel Zubkov, el tranquilo, sereno y calculador líder Ruso tenía muy buenas relaciones con su enemigo norcoreano, a tal punto que había diseñado un plan de escape en caso Estados Unidos ataque el país asiático, plan que fue activado al poco tiempo que James entró a la residencia del supremo Líder y luego de un par de días de viaje por carretera y el mar de Japón y un vuelo comercial desde Nadojka, habían llegado al Kremlin en Rusia con una sorprendente discreción, casi se podía pensar que habían hecho esta rutina algunas veces antes.
Pero, el presidente estadounidense sabía que esta alianza, no podía limitarse a un simple plan de escape, tenía que haber más “¿Qué pensaría Leon si estuviera acá?” pensó “seguro que sospecharía que ambas naciones estaban preparando un ataque contra nosotros… pero dada las circunstancias yo también lo estoy comenzando a pensar?”
- ¿James?
La voz gentil pero firme de Gavrel lo sacó de sus pensamientos.
-¿He?… si…Todos juntos unidos por un mismo objetivo. –Respondió James con poco ánimo.
Luego de oírlo, Gavrel suspiró y comenzó a hablar.
-Para mí también fue difícil aceptar esta situación, cuando vi por primera vez a Carla, como la mayoría de presentes en esta sala, me di cuenta que había algo raro en ella, pero preferí mantenerme al margen de la situación, pues lo consideré como una “locura americana más”.
-Debo admitir que yo pensé lo mismo –Comenzó a hablar Shentov – Pero no fue hasta que vi un ejército de soldados del infierno enfrente de la sinagoga Hurva que me di cuenta que esto era algo que no podía haber sido hecho en este mundo.
-Coincido con ustedes – continuó Abdul – al momento que me enteré como el bueno y gentil clemente XV había sido asesinado, y que se encontraron cadáveres de doce exorcistas y judíos en el mismo Vaticano, supuse que el Yihad finalmente había comenzado… Y que aquellos que profesan un credo muy similar al nuestro… no son nuestros enemigos.
- Y fue por eso que volaste a Israel a ayudar a los judíos. –Razonó Emilio desde el otro lado de la habitación.
-En efecto – Respondió el Iman – Tratamos de llegar con la reina Victoria III, pero lastimosamente las cosas no salieron como esperábamos, por lo que decidimos venir personalmente a Moscú.
-Donde un ateo como yo no les creyó, absolutamente nada de lo que dijeron. –Continuó Gavrel – Pero la curiosidad de que era lo que tramaban y mi respeto por el adulto mayor me impulsó a seguirles la corriente un poco más, pero al saber que Kang había ido en persona a salvar a James de Carla y lo tenía bajo su protección eso era más de lo que mi cerebro podría comprender, así que solicite que vengan de inmediato aquí para ver la verdad con mis propios ojos.
-Y debo asumir que cuando me viste desaparecer fue lo único que necesitabas para terminar de convencerte. –Dedujo Salvador.
-Exacto –Respondió el Ruso – Disculpa que me sea difícil creer en libros cuestionados y traducidos a decenas de lenguas desde hace cientos de años, pero solo puedo creer en lo que veo, como el que todos nosotros estemos aquí enfrentando a un enemigo común y el hecho de que tú puedas desaparecer y aparecer a voluntad, es lo más cercano a lo que yo podría llamar “un milagro”.
-En ese caso… ¿Tenemos un plan? –Preguntó Diana.
-Sí, claro que lo tengo…Pero quizás la idea le cause aún más desagrado a James.
Al oír esto el mandatario americano tuvo un mal presentimiento y por primera vez pensó que la bomba atómica no era un arma tan devastadora después de todo, en especial si la comparaba con Carla.


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