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Los amos de la energía, ganar dinero su único objetivo


Ramiro Pinto, persona sobradamente conocida en la provincia de León por su compromiso con el medio ambiente, reflexiona en su blog sobre las consecuencias del terremoto de Japón y el maremoto devastador que asoló a continuación a las poblaciones cercanas a las costa. ¿Necesitamos toda la energía que producimos? ¿Es racional su uso? ¿Es justo que una pequeña minoría sea dueña del monopolio eléctrico? ¿Podemos tener casas, pueblos y ciudades abastecidos únicamente con las renovables? ¿Puede un hogar generar su propia energía sin depender de la red? Estas son algunas de las cuestiones que nos plantea el autor en este interesante artículo.

Paradigma energético, paradigma económico

Japón ha sufrido una tragedia anunciada. Son tremendos y devastadores el tsunami y el terremoto, pero a eso se ha añadido el peligro de las centrales nucleares, las cuales han multiplicado los efectos dañinos de la naturaleza. Lo que no se analiza es que han sido de tanta gravedad debido a la acción humana y sobre todo por la ambición y ceguera de los gobernantes de Japón y también de los países más ricos del planeta. ¿Se les pedirá responsabilidades?.

Unas semanas antes varios científicos alertaron en la ONU sobre el peligro de seguir emitiendo CO2 a la atmósfera, al ser causante del cambio climático. La subida de la temperatura absoluta de la tierra se debe en gran medida a la acción del CO2 en la atmósfera y su efecto más inmediato es que se derriten los polos, que ya han perdido una gran parte de su superficie de hielo, de manera que se convierte en agua líquida, que hace que sea más alto el nivel del mar, lo cual hace que que en caso de una ola gigante llegue más lejos y con más fuerza en su caída tierra adentro. Y este efecto se ha dicho muchas veces, lo mismo que la pérdida de costa, cada vez más en determinadas partes del planeta.

Siempre ha habido terremotos, muchos de ellos devastadores, y tsunamis, pero es la primera vez a lo largo de la historia de nuestra civilización que suceden con tanta frecuencia, y nunca han generado desastres en cadena como hoy en día poniendo en riesgo a todo el mundo, cuando se puede evitar en gran medida.

Cuando aumenta el nivel del mar al derretirse los polos la distribución de la masa de los océanos también cambia y aumenta el peso en unas zonas del planeta y es menor en otros, lugares, lo cual rompe el equilibrio geológico, al afectar el peso al subsuelo, al que las sociedades humanas y los ecosistemas naturales se han adaptado a lo largo de miles de años. Las transformaciones fruto de la acción humana no suceden de una manera lenta que permita un proceso evolutivo de adaptación, sino que se acelera cada vez más. Este cambio de peso afecta a las placas tectónicas e influye sobre los efectos de las olas gigantes que llegan mucho más tierra adentro y con más velocidad.

También se ha advertido sobre los peligros de las centrales nucleares ante este tipo de catástrofes previsibles, sobre las que se ha informado, pero no se ha hecho caso. En cuanto toca intereses económicos la ceguera de los poderosos, su codicia, hace que desprecien todas estas evidencias.

A quienes avisaron de que son posibles este tipo de catástrofes se les llamó catastrofistas. La de Japón es el principio de otras muchas si no se toman medidas, ya urgentes. A quienes defendieron otros modelos energéticos, que hoy cotizan en la Bolsa, se les llamó utópicos. A quienes advierten de peligros actuales se les llama alarmistas.


¿Y ahora qué?. En el año 2009 el informe Stem encargado por el gobierno británico describe perfectamente qué va a suceder. ¿Y qué se ha hecho para evitarlo?, nada. Y esto es lo grave del hecho. Por un lado catástrofes, por otro guerras por controlar las fuentes de energía.

Pero hay algo que es necesario recuperar, el discurso ecológico, que no sólo se basa en los hechos dramáticos de Japón. Lo cual no es más que un ejemplo de lo que puede pasar si seguimos en este camino que Naomi Klein define como el capitalismo del desastre.

Una cosa que hemos podido comprobar es la falta de escrúpulos de los grupos de presión. Nos enfrentamos a mafias que sólo piensan en su dinero, en sus fortunas, sin importarles lo más mínimo las personas. Para ellos el fin justifica los medios. Muchos “expertos” y “periodistas” han lanzado el mensaje del miedo, de la amenaza, en cuanto a que sin la energía nuclear nos quedaríamos sin electricidad. No es cierto, porque hay otras formas alternativas de energía que pueden cubrir las necesidades de consumo eléctrico. Como se puede consultar con datos concretos.

Sin embargo nada dicen de las casas a las que con energía nuclear funcionando han dejado sin electricidad, sin poder usar la calefacción con temperaturas de 5ºC bajo cero, sin poder utilizar la cocina, sin poder vivir porque se han quedado en paro y no han podido pagarlo. Lo que impide el uso de la electricidad no es la ausencia de centrales nucleares, sino su precio, lo que hace que la una parte de la sociedad carezca de sus recursos básicos para vivir no es que no haya centrales nucleares sino no implantar una base universal gratuita de recursos energéticos como un mínimo de electricidad y agua para todas las personas.

Lo cual nos lleva a ver la relación del paradigma energético con el paradigma económico. Lo que hacen los dueños de la energía es ganar dinero con su consumo, que es el objetivo de su negocio. También el control de la población. Y esto es importante analizarlo.

La energía que se produce se pierde si no se consume. Una vez que está en la red eléctrica. En cuyo trayecto se pierde mucha de ella por culpa de un modelo ineficiente. Un 30% desaparece durante su transporte. ¿Por qué sucede esto?. Porque se ha diseñado un modelo centralizado energético, que controlan unas pocas multinacionales y no permiten el desarrollo de otros modelos, que son posibles y necesarios, pero que para su expansión requieren otro modelo de gestión, un modelo descentralizado.

La energía solar o eólica pueden abastecer a pueblos y ciudades colindantes a sus fuentes de producción. Lo mismo en los edificios, a nivel particular, que podrían autoabastecerse con placas solares tanto térmicas como fotovoltaicas. Pero toda la energía que se produce tiene que ir al tendido eléctrico general, que lo pagan, pero de esta manera tienen el control de la energía, hacen que se encarezca y en lugar de que haya muchas fuentes de energía distribuidas entre la población y que la riqueza de sus explotaciones sea repartida, sucede que son unos pocos capitales quienes se benefician de toda la energía que se produce.

Por otra parte no es posible mantener un modelo económico de crecimiento indefinido para que funcione, y que cuando no crece entra en crisis, porque los recursos son limitados y su desaparición afecta al desarrollo sostenible. Cada vez se necesita más energía, más consumo, más materias primas, más trabajo para que funcione el sistema económico actual, hasta que se esquilme el planeta y destruyamos el medio ambiente.La escasez de recursos energéticos hace que se quieran adquirir por la fuerza mediante guerras, hoy llamadas “humanitarias”.

Por eso cuando se pregunta ¿hasta dónde y cuándo el crecimiento económico?, no hay respuesta en el modelo clásico de la economía depredadora de la naturaleza. Parece infinito y funciona como tal. Pero llegará un momento en que no quede nada qué consumir. Desde hace años hay una teoría que responde a esta pregunta: El crecimiento económico es factible hasta que sea posible implantar la Renta Básica. En los países desarrollados ya desde hace mucho se ha podido realizar.

Es en este aspecto donde está el fondo de la cuestión. El paradigma de nuevo modelo energético debe ir acompañado de un nuevo modelo económico y viceversa. Tal es la lucha que se debe emprender. No basta denunciar la catástrofe, hay que enfocar nuevos objetivos a los que dirigir la náusea de lo que está sucediendo y abrir nuevos caminos. Otro mundo es posible, con las energías renovables y la Renta Básica.

Ramiro Pinto


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