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El terror y ciencia ficción: la última frontera por Jaume Vicent

Jaume Vicent es un escritor y bloguero, dueño y señor de uno de los grandes reductos para el Terror en castellano: Excentrya. Ha escrito numerosos relatos (la mayoría de ellos disponibles en la página de la Editorial Pulpture). Además ha escrito y publicado un libro de terror llamado Blackwood: Piel y Huesos (también disponible en Pulpture) y colabora en varias revistas como Argonautas, MoonMagazine, La Piedra de Sísifo o realiza reseñas para Universo La Maga.

Cuando le dije a David que le iba a escribir un artículo sobre  terror y ciencia ficción, donde la línea de separación es más delgada de lo que parece, tardé un par de minutos en darme cuenta del berenjenal en el que acababa de meterme.

Casi con toda seguridad es uno de los temas más complicados que uno se pueda encontrar; ¿cómo separamos el terror y Ciencia ficción? ¿Dónde está el límite entre una y la otra? Estas son dos buenas preguntas, porque el límite muchas veces es difuso, otras veces, ni siquiera existe. Los elementos de uno y otro género convergen muchas veces, terror y ciencia ficción, se parecen tanto que, si quisieran, podrían pasar por hermanos gemelos (y sí, uno de ellos sería siniestro y maligno).

La primera novela de terror moderna, la primera de ciencia ficción

Terror y ciencia ficción son dos géneros que convergen y que se camuflan con mucha facilidad. Como he dicho arriba, los elementos que debería diferenciar a cada uno, cambian de bando y lo que en una historia de terror puede resultar terrible, es usado en las de ciencia ficción como un elemento más dentro de la historia.

Por ponerte un ejemplo, Frankenstein o el Moderno Prometeo es considerado por todos como uno de los exponentes clásicos del terror, sin embargo, para mí es el primer libro de ciencia ficción especulativa de la historia. ¿Por qué? Porque Mary Shelley trabaja sobre la idea de que la ciencia es capaz de recuperar un ser humano de lo muerte a través de una ciencia que en aquella época era experimental, el galvanismo. Una ciencia que mezcla terror y ciencia ficción (que ella misma acababa de crear).

Frankenstein terror y ciencia ficcion

Y es que terror y ciencia ficción son como la nata y el chocolate: pocas veces encontrarás dos sabores que se complementen tan bien (tal vez la nata con la fresa, pero de terror y fantasía hablaré en otro momento y otro lugar).

Consideramos terror a toda obra que se basa en el miedo como elemento central de la trama, mientras que la ciencia ficción trata de especular sobre el futuro, el espacio y lo todo lo que contiene o sobre elementos extraños, realidades paralelas, futuros distópicos y todo tipo de What if. Ahora bien, ¿qué puede dar más miedo que el futuro incierto o el negro abismo cósmico? Claro, siendo así, las líneas se diluyen bastante, ¿verdad?

En Frankenstein tenemos el primer ejemplo de esto. Personalmente me resulta muy complicado reducir la novela a uno entre terror y ciencia ficción, aunque si debo hacerlo diré que es ciencia ficción. ¿Por qué? Porque la novela no habla sobre el miedo que el monstruo provoca en los habitantes de Ginebra, tampoco sobre sus asesinatos. Todo esto no es más que una consecuencia directa de los actos del doctor Frankenstein. La novela trata de las implicaciones morales y éticas de los experimentos de nctor Frankenstein y creo que no hay nada más parecido a la ficción especulativa que eso.

En este sentido, el cine ha dado buena cuenta de este mito moderno. Terminator, por ejemplo, no es tan diferente de Frankenstein. Una forma de vida creada por el hombre trata de destruirnos y nosotros, desesperados y diezmados, luchamos por sobreponernos y ganar la batalla o perder. Todo por jugar a ser Dios. Antes eran cadáveres resucitados mediante galvanismo, hoy sabemos que eso no es posible, pero tememos que las Inteligencias Artificiales puedan desarrollar una conciencia propia.

¿Consideras que Terminator es una película de terror? Seguramente no, pues en realidad es una película de ciencia ficción. Sin embargo, ¿no es terrorífico el futuro que se nos presenta, con las máquinas dominando el mundo y los humanos diezmados por Skynet? Claro que lo es, sin embargo, no es el exterminio o el terror producido por las máquinas el eje sobre el que se sostiene la trama y quizá por eso, no consideremos Terminator una película de terror. Sino una película de terror en la ciencia ficción.

La gran broma

A partir de Frankenstein la ciencia ficción y el terror siempre fueron de la mano. Desde el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde* hasta las modernas películas y videojuegos. Los dos géneros han estado condenados a entenderse y, por suerte, lo han hecho de maravilla.

No puedo escribir este artículo sin detenerme en H.G Wells. Su obra La Guerra de los Mundos es otro ejemplo genial de lo que sucede cuando se unen terror y ciencia ficción. Aunque en este caso la obra está considerada también solo como ciencia ficción, la realidad es que podemos incluirla dentro de ese abanico de obras sin una frontera definida.

La guerra de los mundos terror y ciencia ficcion¿Qué puede haber peor que una invasión alienígena? Pues pocas cosas… ¿verdad? Bueno, quizá un director de cine con un sentido del humor macabro. Un tipo brillante que dio vida a la obra a través de la radio y logró que una nación entera creyera que los marcianos habían aterrizado en la tierra y que la estaban invadiendo.

Aquel programa provocó un verdadero caos en la deprimida sociedad americana de finales de los 30. La gente llegó a suicidarse creyendo de verdad que el mundo estaba abocado a su fin. ¿Es o no es terrorífico? Claro que lo es.

Y ¿qué pasa con la línea que separa La Guerra de los Mundos de Señales o Alien? Es tan fina que apenas podemos llegar a verla. Sin embargo, nadie dirá que se trata de una novela de terror.

Alien - terror y ciencia ficción 2

Orson Wells tuvo que pedir disculpas públicamente tras su famosa dramatización. Y yo estoy seguro de que lo hizo, pero lo hizo con una sonrisa en la cara.

El espacio y el terror

La Guerra de los Mundos fue la primera obra que nos habló de una invasión alienígena a gran escala. Una raza extraterrestre nos declaraba la guerra y esto nos abrió un mundo de posibilidades nuevas para la ciencia ficción o, más bien, para terror y ciencia ficción unidos.

Un poco más tarde un tal H. P. Lovecraft miró a las estrellas y en ellas imaginó una raza alienígena capaz de someter a la humanidad y al universo entero a su voluntad. Unos seres ciclópeos y más antiguos que el tiempo y que dominaron el universo en una época muy lejana. Seres que ahora duermen un sueño intranquilo bajo las aguas de nuestro planeta, conspirando, soñando y lanzando sus terribles pensamientos a la superficie. Buscando tocar las conciencias básicas de los seres humanos para utilizarlos en sus perversos planes. Esperando el momento en que las estrellas estén dispuestas para liberarse y recuperar su dominio sobre los hombres.

¿No son acaso los Primigenios de Lovecraft invasores del espacio exterior? Claro que sí. Y en este caso, lo que es un elemento más de la ciencia ficción, se convierte en la base de la literatura y del cine de terror.

Las invasiones alienígenas serían un filón, sobre todo para el cine. Todo lo que provenía del espacio era terrorífico. La película de The Blob, esa especie de chicle gigante que devora todo lo que encuentra a su paso, fue uno de los primeros intentos de Hollywood de meternos el miedo en el cuerpo. La masa informe llegaba a la tierra en el interior de un meteorito y, una vez suelta, nada podía detenerla.

Con el tiempo este terror se fue refinando y nos terminamos encontrando con algunos clásicos como Alien o Depredador, donde los seres humanos pasamos a ser meras presas para unos cazadores increíblemente avanzados. El miedo a la invasión, a la caza, sigue siendo el mismo, solo cambia su forma. La forma en la que el terror se escurre en el interior de la ciencia ficción.

La Bomba Nuclear y los felices años 50

La guerra fría fue especialmente dura en los Estados Unidos. En su libro Danza Macabra, Stephen King cuenta como un buen día, en el cine, uno de los acomodadores entró y les dijo que los rusos habían enviado un hombre al espacio. La reacción de los niños, los jóvenes y los mayores fue echarse a llorar. Así era la sociedad WASP (White Anglosaxon Protestant) de la época.

En los años 50 el miedo a un desastre nuclear flotaba sobre la población americana. En esa época la literatura y el cine se quedan encasillados en ese lugar extraño que forman terror y ciencia ficción. Se la llama la época dorada de la ciencia ficción. Y realmente lo fue, cualquier película de ciencia ficción de los años 50 es una verdadera obra de arte.

Pero si hay dos novelas que muestren la realidad de esa época son: El Increíble Hombre Menguante de Richard Matheson y La Invasión de los Ladrones de Cuerpos, de Jack Finney. El miedo a lo nuclear y a una invasión comunista se deja ver en todas las obras de la década, siendo estas dos las que más fielmente reflejan los temores de esa sociedad tan peculiar.

la invasion de los ladrones de cuerpos

En el cine la cosa va por el mismo camino. Por una parte encontramos muchísimas obras centradas en la temática del miedo nuclear. Them!, por ejemplo, nos habla de hormigas mutantes gigantes, originadas tras las pruebas atómicas en los desiertos de Nevada.

En esta década tampoco se libran de las invasiones alienígenas, Ultimatum a la Tierra (que es, junto con Planeta Prohibido, una de las películas más influyentes de la época dorada del cine de ciencia ficción americana) habla sobre una invasión desde un punto de vista pacifista, algo que no gustó mucho en la época.

Otras películas de la época manifestaban el miedo a la invasión roja. Películas como La Tierra contra los platillos volantes o La Invasión de los ladrones de cuerpos, sirvieron para transmitir un mensaje de miedo contra el enemigo soviético, transformando la amenaza comunista en seres del espacio.

El miedo y la ciencia ficción se unían en el cine, como ya lo habían hecho en la literatura, tomando un camino que ya no abandonarían jamás.

El fin del mundo

Por otra parte y sin abandonar la década de los 50, otro miedo flotaba en el ambiente. Un miedo que se ha mantenido desde que el hombre es hombre.

Me refiero al fin de los tiempos.

Richard Matheson supo retratar este miedo como nadie. En su novela Soy Leyenda resucitaba el mito del vampiro. Aunque esta vez mostrando unos monstruos muy diferentes, vampiros modernos creados por la mano del hombre.

soy leyenda terror y ciencia ficcion

Esto, que a día de hoy hemos visto tantas veces en la literatura y en el cine, en su día fue un verdadero revulsivo, cambiando por completo terror y ciencia ficción. De la idea de Matheson, llegarían más tarde otras obras maestras de monstruos creados por el hombre como los zombis infectados de 28 días después.

Otro fin de los tiempos, mucho más moderno, pero digno de mención es La Carretera, de Cormac McCarthy. Un trabajo sencillo, pero muy crudo. Una novela que especula con un final de partida gris, un libro que no se puede considerar ciencia ficción, ni terror, pero que no deja de ser un poco de ambos.

Lo que viene de las estrellas

El miedo a lo desconocido es la base de ese género doble de terror y ciencia ficción. Es por eso que las invasiones alienígenas, ya sean mediante un ataque calculado como en La guerra de los mundos o mediante «cosas» sin forma que aterrizan en la Tierra, como en The Blob, forman la base de este cruce de géneros.

Siguiendo con el cine, en los años 80 el terror que venía del espacio tomó una nueva forma, o mejor dicho, perdió su forma y aprendió a mimetizarse entre nosotros. ¿Cómo distingues al monstruo cuando este tiene tu misma cara? Películas como La Cosa de John Carpenter nos mostraban un alienígena sin forma definida, una forma de vida perfecta capaz de copiar y mimetizarse entre nosotros.

la cosa terror y ciencia ficcionEse miedo rara vez nos abandona, pues susurra a lo más hondo de nuestro ser. El monstruo ya no es fácil de identificar, no lleva máscara, no es una hormiga gigante. Es como tú y como yo, anda como nosotros, habla como nosotros y, a veces, incluso siente como nosotros. Species, sin ir más lejos, toca esa misma cuerda desde un punto de visto distinto.

De nuevo Prometeo

Revolviendo, una vez más, el mito de Prometeo. De la misma forma que Shelley nos advirtió de los peligros del hombre creando a otro hombre por su propia mano, en Prometheus nos encontramos con el mismo dilema aunque con una vuelta más de tuerca.

¿Qué pasa cuando somos nosotros los monstruos y nuestros creadores han decidido que están hartos de nosotros? Esa es la base de Prometheus, y no es tan distinta de cualquier narración cósmica de estilo lovecraftiano, donde el hombre no tiene ningún papel en el universo, no es más que un peón, una mota de polvo. Nosotros como raza no somos nada frente a los tremendos poderes que pueblan ese cosmos infinito.

¿Tiene poder el creador para destruir su creación? ¿Hemos sido creados por una raza superior que nos observa? En ese caso, ¿qué deben pensar de nosotros? Todas estas preguntas, disparan directas al corazón de toda fe humana. Esa es la base de toda religión, de toda creencia. Y a día de hoy sigue funcionando como miedo.

Y para terminar…

Si habéis logrado llegar hasta aquí os tengo que dar la enhorabuena, desde luego es que os gusta este género. No me quiero despedir sin daros las gracias a todos en primer lugar y sin ofreceros un pequeño regalo para todos los amantes de este género mixto de terror y ciencia ficción: una pequeña lista con varios títulos —películas y libros— que se asientan en esa frontera lejana y terrorífica.

Espero que os gusten.


Escrito por Jaume Vicent para el blog El Rincón de Cabal.

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