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Consejitos para los nuevos líderes



Y todo gratis

Con Esto de leer uno se da cuenta de muchas cosas, señoras y señores. Hace poco estuvimos leyendo Brave New World, de Aldous Huxley, y ya en las primeras líneas el autor mencionaba algunas cosas, secretos, tips diríamos, que podrían utilizar nuestros políticos, que como tienen mucho tiempo libre pueden experimentar a gusto y paladar. Aquí van algunos tips, entonces, así que agarren papel y lápiz y a copiar como buenos niños.
Para conseguir una sociedad mansa, poco pensante y satisfecha, al menos en la superficie, deberían:
Pasar grabaciones sobre lo que quieren que pensemos y creamos, especialmente en horarios de la noche, durante el sueño. ¿Cómo hacemos esto? Muy fácil, podrían invertir un millón de dólares en mensajes que alaben la reforma jubilatoria, la política de endeudarnos hasta el cuello y las subas de las tarifas de hasta un mil por ciento. Se podría elegir voces femeninas, sexis, y contratar a tantos locutores y periodistas que de repente aparecen como amigos del gobierno de turno. Un kit de CD, audífonos y la foto del político de turno estaría bien, para regalar a amigos, compañeros, pero especialmente a enemigos que critican por criticar una u otra medida. Por el dinero no se preocupen, total siempre hay una partida que se puede desviar de las fondos de educación, salud o vivienda y hasta que descubran el faltante ya todos van a estar jubilados, o como senadores de la nación con todos los fueros para protegerlos de cualquier investigación.

Repartir drogas que tranquilicen, duerman o anestesien los sentidos. El reparto se podría hacer voluntario, alabando los beneficios de no saber, ni escuchar ni entender nada, o de manera secreta. Aquí tendrían que usar la imaginación. Un ejemplo, sin costo alguno, es el de servir café a los invitados con agua en la que disolvimos la correspondiente sustancia. Diputados, senadores y ministros podrían votar para sugerir infinitas formas más, como lo hizo un diputado respecto de la agresión a un periodista por parte de manifestantes porque “trabajaba en un medio vendido y sucio”. Se ve que nuestros políticos tienen mucha imaginación y capacidad así que en esto estarían súper rápidos.
Crear a niños artificialmente, de diversas castas, que nos sirvan para nuestros propósitos: trabajar en negro, votar lo que se les diga, aplaudir cualquier boludez, etcétera. Esta es una de las inversiones claves en las que realmente debería hacerse hincapié. ¡Qué mejor que tener un ejército de aplaudidores que no saben para qué están y sonríen complacidos por cualquier comentario de su líder!
Y por último, y esto es fundamental, hacer que se odie la lectura. Quemar las rodillas y las manos de los bebés cuando vean un libro, de forma de que salgan despavoridos cada vez que tengan que leer y no puedan abrir sus mentes a otras ideas. Hacer montañas de libros en todas las plazas del país y quemarlas, como lo hacía Hitler en su época, para que no incomoden con ideas raras, de libertad y reflexión. Perseguir a los autores que vaya a saber de dónde aprendieron estas estupideces de libertad, igualdad y fraternidad. ¡A qué tanta abstracción para leer un Frankensteino un Dubliners!
Ya lo había mencionado en un artículo anterior: mi mujer sería una excelente asesora en el equipo económico de Macri, y, como ella siempre me está buscando trabajo, yo podría sugerir todas estas ideas estrafalarias, tipo Jaime Durán Barba, en la mesa chica del presi, con la mitad del sueldo del ecuatoriano. Una biyuya.

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Para leer, Bailén, de Benito Pérez Galdós: “Sentíamos ya en las espaldas aquel fuego que más tarde habría de hacernos el efecto de tener por medula espinal una barra de metal fundido. No habíamos probado cosa alguna desde la noche anterior, y una parte del ejército ni aun en la noche anterior había comido nada. Pero este malestar era insignificante comparado con otro que desde la mañana principió a atormentarnos: la sed… “








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