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XXIX - Viaje tranquilo

   De repente Snotling se levantó sobresaltado y se asomó a la ventana de la habitación de la posada. Vio que habia bastante jaleo en la calle, por lo que se dispuso a observar que ocurría. De repente ve pasar una bola de cañón por delante suya que va a parar al agua, parece que Trinquete está bajo ataque. Snotling gira la mirada en dirección hacia el origen del proyectil y ve en la colina cercana varios guardias goblins muertos y una avanzadilla de ataque jabaespín. Snotling piensa que eso es bastante raro, ya que suelen asaltar caravanas y a viajeros pero no suelen asaltar las ciudades y poblados y menos un puerto tan importante como es Trinquete; quiere salir a su encuentro pero algo en su interior le dice que no haga nada. En ese mismo instante oye cuernos de batalla y ve correr a los jabaespines en diferentes direcciones desbandados, al parecer han enviado desde El Cruce un destacamento de orcos montados en lobo. Una vez que el espectáculo ha finalizado, se vuelve a la cama y se tumba mientras deja que la mente se disperse en mil pensamientos aunque siempre se dirigen al mismo destino.

   Alguien toca a la puerta de la habitación y se escucha una voz que le dice que el barco hacia las Islas Abruptas ha llegado. Snotling se levanta, se asoma a la ventana y en efecto ve que el barco ha atracado y están descargando. Coge su ropa, se viste y mientras se pone la capucha un destello verde recorre sus ojos. Abre la puerta, recorre lentamente el pasillo y baja al salón de la posada en donde los viajeros beben, charlan y hasta se pelean. Sale de la posada y se dirige al muelle, observando el pasiaje e intentando detectar algo fuera de sitio. Al llegar al puerto, saca su billete y se lo entrega al personal del barco que se lo sella y le desea un buen viaje. Se queda en pie observando el viejo barco que le llevará a su destino, tiene una sensación desagradable pero no sabe a que es debido. A lo lejos una figura entre las sombras observa como Snotling se dirige al muelle y sube al barco y tras desaparecer de su vista se da la vuelta y desaparece.

   En Lunargenta, hay una reunión del consejo de gobierno de los elfos de sangre, han llegado a sus oidos que la Jefa de Guerra ha quemado el gran arbol de los elfos nocturnos y están preocupados. Siempre ha habido recelos y rivalidad entre ambas razas de elfos pero creen que la Jefa de Guerra ha ido demasiado lejos en estos momentos. Durante la reunión sale a colacción sobre ciertos asuntos del pasado con la posesión de un chaman orco y unos altercados con los hierro negro. Creen que deberian investigarlo y si es posible sacar provecho de ello ya que podrían investigarlo. En ese momento se acerca un viejo elfo de sangre paladín, da un puñetazo a la mesa y les dice a los presentes que ese orco ha muerto y que hay un elfo de la noche que deberia preocuparlos, un antiguo altonato. Al oir su nombre, los consejeros ponen cara de sorpresa, muchos saben de quien se trata y cuan peligroso es. Pero con los problemas actuales no pueden hacer mucho más ya que la Jefa de Guerra les pedirá ayuda en la guerra con la Alianza. El viejo paladín se da la vuelta y sonrie mientras se aleja por la ciudad hacia su casa, le ha dado tiempo y hecho un favor a su viejo amigo Snotling.
Mientras el viejo paladín se marcha, un mensajero de Orgrimmar entra en la reunión del consejo, Sylvanas solicita refuerzos en la Costa Oscura, los elfos de la noche se están vengando y necesita a todas las tropas necesarias.



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