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La explosión del mondo

¿Te quedas prendido en NatGeo cuando haciendo zapping te topas con programas como “Tabú”, “Segundos catastróficos” o “Autopsia animal”? ¿Cuándo eras chibolo te juntabas con tus patas para ver un VHS, borroso de tanto ser copiado, de la infame “Caras de la muerte”? Entonces quizá te preguntes en qué momento el documental se volvió un doloroso placer para los ojos y un reto para tu estómago. ¿Quienes comenzaron haciendo focus en la cochinada?

Principios de los 60. La tranquilidad del público estaba asegurada. Eran tiempos en los que el Cine pasaba por el ojo cortante de la censura. Todavía lejano quedaba el mundo digital y sus interconexiones planetarias, así que tu mundo bien podía terminar al final de la cuadra. Los periódicos te decían que sucedía “allá fuera” y la televisión te adormecía un poco antes de irte a la cama. Mientras tanto, en Italia, Franco Prosperi, un introvertido biólogo que descubrió que los documentales sobre la naturaleza daban mucha más plata que los estudios científicos, y Gualtiero Jacopetti, un periodista que vio en el cine un medio para llamar la atención con sus comentarios sobre la sociedad humana, fundaron sin proponérselo un género documental: el “mondo”.


Shock en 35 mm
Jacopetti y Prosperi concibieron un proyecto de “periodismo naturalista” con el que viajaron por el mundo registrando peculiaridades de la vida humana, algunas sórdidamente graciosas, unas pocas edificantes y otras repugnantes para el espectador occidental de la época. El resultado fue “Mondo Cane” (Este perro mundo, 1962), un éxito total. Era un nuevo tipo de documental mucho menos acomedido en conservar sereno a su público y cuya cámara pretendía actuar como un honesto reportero gráfico de la naturaleza.

El menú de “Mondo Cane” consistía en un desfile de secuencias, captadas con excelente fotografía y acompañadas con espléndida música (ganó un Oscar a mejor canción). Por ejemplo: una tribu africana que concluye su ayuno ritual de cinco años sacrificando (a garrotazos) a todos sus jabalíes para almorzárselos en un sólo día; episodios sobre exquisiteces culinarias como culebras, cocodrilos, huevos de mariposa, y, por supuesto, perro; una aldea de Malasia que vive en constante venganza contra los tiburones que han mutilado a todos sus habitantes; jóvenes italianos que en Viernes Santo esparcen su propia sangre para señalar el camino a la procesión; una tribu de Oceanía que rinde culto a los aviones.

En una época en que la gente era mucho menos consciente de la diversidad, “Mondo Cane” sorprendió con su alegre paseo por la variedad humana con ejemplos visualmente espectaculares. Jacopetti era el narrador en off que aderezaba las imágenes con irónicas y seudo-antropológicas reflexiones. Sin embargo, algunos objetaron que varias secuencias habían sido teatralizadas y los directores admitieron que, por aquí o allá, algo de eso también había. Pero la semilla del show de la realidad ya había sido plantada.


It's a Sick, Sick, Sick World
Frente a “Mondo Cane” la indiferencia era imposible. Espectadores atacados por taquicardias y arcadas, la despreciaron con pasión. Muchos otros quedaron culposamente fascinados ante la extrañeza que desafiaba a sus ojos. Pensando en estos últimos, muchos directores oportunistas cultivaron el género “mondo”, la rama más torcida brotada del cine. Así surgieron documentales que presumían de mostrar material particularmente chocante y verídico. Ofrecían al espectador la posibilidad de adentrarse en “mondos” inhóspitos: una tribu caníbal, una sala de autopsias, una ejecución en un país del Tercer Mundo, una favela, un night-club o un barrio de junkies.

"¡Atrévete a ver esto!", decían los afiches de películas como “It's a Sick, Sick, Sick World” (1965), “Mondo Freudo” (1966) o “Shocking Asia” (1976). Sin embargo, el “mondo” no heredó ni una pizca del sentido del humor y la reflexión, aunque retorica, de "Mondo Cane". Por el contrario eran producciones de pésima calidad que prometían mucho más de lo que mostraban, y cuyo material “verídico” era por lo general escenificado. Pero el género estaba lejos de morir. Como sucedió con la pornografía cuyos consumidores tampoco querían ser reconocidos a la salida del cine, el “mondo” encontró una gran oportunidad con la aparición del video. Bajo este formato, se especializó en filmaciones de accidentes fatales, torturas y muertes. Como la brutal serie “Faces of death” (iniciada en 1978) que, junto a muchas otras, alimentaron la leyenda de las “snuff movies”.

Hoy el “mondo”, llámalo “reality show” o portada de diario chicha, está más vivo que nunca. Hay un público creciente que gusta de altas dosis de realismo y está en demanda más, pues así perciben que se les está mostrando las cosas tal como son. Apartar la cámara, el corte, son intentos de ocultar la realidad. Para aquellos, los medios se esmeran en producir programas con verdades visuales cada vez más detalladas. ¿Te gusta aquel programa en el que le drenan la grasa a la gordita y luego queda regia? ¿O cuándo encuentras un video de un asalto o un choque no lo reenvías al toque a todos tus contactos?


Postales africanas
Pero volvamos a los pioneros. Gualtiero Jacopetti y Franco Prosperi luego de la excelente respuesta de su primera película, emprendieron un proyecto más peligroso. Por aquel tiempo, las últimas autoridades coloniales zarpaban del continente africano, Prosperi y Jacopetti viajaron para filmar lo que dejaban a sus espaldas. Luego de un periplo de tres años reunieron material suficiente para “África Addio” (Adiós África, 1966), un film desolador que mostró que las masacres étnicas, el tráfico de marfil y las tiranías sanguinarias serían las postales africanas de ahora en adelante.

“Africa Addio” es una pesadilla con bella fotografía. Largas secuencias de matanza de animales están entre las más impresionantes de esta película. Cazadores disparando a elefantes desde helicópteros y decenas de nativos matando a punta de lanza a ciervos, elefantes e hipopótamos. Es arduo matar a un animal de gran tamaño sin armas de fuego, “Africa Addio” nos lo demuestra. La cacería de hombres no se hace esperar. Desde las alturas vemos a toda una población en espera del genocidio, mientras los cadáveres se van amontonando en fosas. Más ejecuciones, guerrillas, linchamientos. La cámara se infiltra en las revueltas y se mancha de sangre.

Antes del estreno de “Africa Addio”, los realizadores fueron acusados de haber coordinado con mercenarios africanos la ejecución de un rebelde para las cámaras. La denuncia llegó a las instancias más altas en Italia y los obligó a regresar en busca de pruebas de inocencia. Pero el hecho afectó las posibilidades de la película por lo que fue un total fracaso. Aunque con momentos de brillantez, en conjunto se trataba de material demasiado chocante. En Estados Unidos se exhibió totalmente modificada para el mercado explotation como “Africa, blood and guts”.


Documental de época
Además del fracaso económico con su anterior proyecto, Prosperi y Jacopetti fueron acusados de racistas. Picados por esta crítica, se propusieron hacer una película “anti-racista” y esta vez totalmente teatralizada pero no por ello menos sobrecogedora. Esta vez viajaron a otro tiempo. Hicieron un “documental de época” sobre la trata de esclavos negros en el Sur estadounidense del siglo XIX. “Addio zio Tom” (Adiós, tío Tom, 1971) es una recreación “realista” del transporte, domesticación y manutención de esclavos. Tomándose la licencia de la existencia de cámaras de cine en esa época.

Pero también sufrió de un pésimo recibimiento y muchos cortes. En Estados Unidos la ira ocasionada por los asesinatos de Malcom X y Martin Luther King todavía no se había disipado. Conseguir la igualdad de derechos entre negros y blancos era un objetivo para el cual no se descartaba el uso de la violencia armada. Ese era la consecuencia del pasado que Prosperi y Jacopetti pretendían representar en “Addio zio Tom”: millones de negros habían llegado en calidad de ganado a Estados Unidos y habían sido obligados a romperse el lomo en plantaciones de algodón. Traer ese antecedente fue entendido como una justificación para la “venganza” de los negros. Además quienes los habían acusado de racistas ahora lo hacían con más ganas.

El fracaso de “Addio zio Tom”, y alguna discrepancia económica, terminó para siempre la colaboración del dúo de documentalista. Sus películas quedaron en el olvido y haber sido iniciadores del “mondo”, género del que siempre renegaron, fue lo único que se sabría de ellos por mucho tiempo. Pero desde hace unos años sus películas han sido relanzadas en versiones completas que revelan el espíritu aventurero de sus realizadores. Pagaron el precio por pasarse de la raya, pero su producto siempre tuvo una factura impecable y mucho ánimo de polemizar. Quisieron darle una cachetada al espectador, hacer un cine que dejara llagas en la mente.

"La Tetona de Fellini" husmea entre cintas curiosas, clásicos recónditos, films perseguidos. El cine nos cuenta historias, aquí contamos las historias del cine.


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