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El elegido

Sin título - Łukasz Wierzbowski (2011)
Debo estar diciendo esto con un suspiro 
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, 
Yo tomé el menos transitado, 
El camino no elegido (Intervalos en la montaña, Robert Frost, 1916)

Me sacaba de quicio su seguridad, como si nunca hubiera tenido ni una duda en su cabeza. Siempre sabía que había que hacer, que era lo más conveniente y lo cierto es que acertaba en la mayor parte de los casos. Yo, que me lo cuestionaba todo, me causaba una gran admiración pero también un tremendo recelo. Lo cierto es que era el único que desconfiaba de su seguridad, ya que el resto se dirigía a él como si fuese el líder de una secta o un gurú bengalí. Vivía rodeado de tantos elogios hacia él y su forma de hacer las cosas, que estaba constantemente pendiente de sus aciertos y sus errores. Cuando fallaba, me encargaba de hacérselo saber para intentar minar esa autoconfianza de piedra, pero me miraba a la cara y siempre encontraba algo que lo justificase. No sé si era su infinita suerte o su talento natural, pero estaba tocado por la gracia. Debo confesar que incluso maniobré en su contra en alguna ocasión para dejarlo en evidencia. Sin embargo, ninguno de mis velados sabotajes hizo nunca mella en él. Siempre me dirigía a mí de forma exquisita, como trataba a todo el mundo. Y eso me irritaba aún más. ¿Por qué él era el elegido? ¿Por qué estaba iluminado por Dios? ¿Por qué la buena suerte le acompañaba incondicionalmente? Notaba como la envidia se apoderaba de mí, entraba en mi torrente sanguíneo y contagiaba cada una de mis células.  


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