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3246. Jueves, 8 febrero, 2018

Capítulo Tresmilésimo ducentésimo cuadragésimo sexto: " Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral” (José Ortega y Gasset 1883-1955; filósofo español).

Por más mala prensa que tenga, la cárcel no es tan mala como algunos se empeñan en pintarla. No hace falta pensar mucho para descubrir sus numerosas, evidentes e innegables ventajas.

Como el tiempo. Todos los días nos quejamos de que no tenemos tiempo y siempre andamos con prisa. En la cárcel, si para algo no encuentras tiempo, seguro es porque no tienes ganas. ¿Quieres aprender a tocar la guitarra? Tienes tiempo. ¿Escribir un libro? También te va a dar tiempo. ¿Aprender a pintar? Seguro que puedes. Uno tiene tiempo para casi todo.

Es un paraíso para recuperar la salud. Tienes disponible un equipo médico a cualquier hora y hacer ejercicio es fácil algo que siempre es salud, baja el nivel de estrés, uno duerme mejor y relaja la desesperación. Además, nada de comer patatas fritas, chocolatinas o galletas, ahí no hay más que la “deliciosa” comida que te dan tres veces al día o la que de vez en cuando te llevan las visitas. O sea, comes menos y a tus horas.

Fomenta la autorrealización. Encontrarse a sí mismo no es tarea fácil y estar encerrado te obliga a forjar tu carácter, conocerte, detectar tus fortalezas y debilidades, y a enfrentarte contigo mismo. Pocos tienen la oportunidad de saber qué y cuánto pueden aguantar. Además, aprendes a esperar y trabajar para mantenerte cuerdo, no perder el camino y sobrellevar las circunstancias en vez de ser víctima de ellas. Y puedes leer. Leer te da un escape de la realidad y te conecta con el mundo exterior. Descubres un gran lugar para ayudar a alguien. Tienes que aprender a reírte en circunstancias adversas. Valoras y respetas mucho más el tiempo, el tuyo y el de los demás. Desarrollas paciencia, enfoque y perseverancia. Conoces a tus verdaderos amigos, a los que están contigo en las buenas y en las malas.

Y no hay que perder de vista el ahorro. Fuera es un chorreo de dinero, aunque solo sea por pagar los recibos de las cosas que te obligan a tener: hipoteca, renta, tele, teléfono, internet, gas, agua, luz, etc. En la cárcel no pagas servicios, ¡ni impuestos! Tienes comida y casa incluida con todo y vigilancia las 24 horas con sistema de circuito cerrado y alarmas de todo tipo, aparte de una exhaustiva revisión a quienes te visitan y hasta alguien que te avise que te buscan.

Luego está el asunto ecologista. Nada de mil envases vacíos al final de día en la papelera, ni de dejar corre media hora el agua caliente de la ducha. Cuidar el agua es una prioridad y uno aprende lo valiosa que es. Además, te dejas de preocupar por el espacio. Aquí casi todos tienen una casa del mismo tamaño y, sobre todo tampoco vas a necesitar más. Aprendes a vivir con poco y valoras lo que tienes.

Resulta un excelente espacio para desarrollar la imaginación y la creatividad ¿Lavar las zapatillas con un cepillo de dientes y jabón en polvo? ¿Fabricar una antena de TV con un pedazo de alambre?¿Inventar una ventilador para el verano? Cuando te enfrentas a necesidades que no habías tenido y debes resolver con los recursos que tienes a la mano, aprendes porque aprendes.

Y así podría seguir hasta el infinito y más allá pero el post está empezando a ser demasiado largo... Pero es que son taaaaaaaaantas las ventajas, que es normal que tantos políticos hagan méritos para poder entrar en ellas.


... quechuas.


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3246. Jueves, 8 febrero, 2018

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