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La vida no tiene CTRL+Z


[Imagen: una de las obras maestras del gran Leandro Barea]

(Nota aclaratoria: prometo que después de esta entrada dejo de escribir en plan "intensito" una temporada)


Hace un mes de tu último whatsapp, y un mes y cinco días de Aquella tarde-noche que solo sirvió para confundirme más.
Reconozco que las horas antes de quedar las pasé con el corazón en un puño y un enjambre de abejas velutinas en el estómago. Creo que nunca en mi vida había mirado tantas veces el reloj. Fui incapaz de concentrarme en nada, salvo en que quedaban tres horas para verte. Dos horas y media. Dos horas...
Un día de estos voy a mandarle una caja de algo rico e hipercalórico 
a la pobre compañera que tuvo que trabajar conmigo aquella tarde, 
porque reconozco que en esos momentos era poco matarme.
Recuerdo que pasé frío toda la tarde: fue un día extremadamente ventoso en Santiago a pesar de ser principios de septiembre y, en mi afán por demostrarle al mundo lo absurda que puedo llegar a ser, el vestido de gasa veraniega que me puse no era suficiente para lidiar con aquella ventolera cuasi siberiana.
Mis defensas se portaron y resistieron como jabatas, 
a pesar de que me tenía más que merecida una doble neumonía con tirabuzón 
por absurda e incosciente.
Salí. Te esperé. Avisaste de que llegabas tarde. Te seguí esperando.

Llegaste. 
Estabas guapísimo, de verdad.

Mentiría si dijera que no tenía ningún tipo de espectativa aquella tarde: mi cabeza había tenido muchas semanas de desempleo para divagar, para imaginar irrealidades de esas con las que paso mis días. En el peor de los casos, me dije sin escucharme, por lo menos Esa Noche quedaría claro si había lugar a algo más o no. Si realmente te interesaba o todo era una invención mía. Si habría un gran "Continuará" o todo acabaría con un fundido a negro como el final de Los Soprano.
A estas alturas esto ya no es un spoiler, ¿no?


Y fueron pasando las horas, y las cervezas, y los vinos. 
Y fueron pasando los temas de conversación. 
Y sacaste el tema de las relaciones amorosas, de lo difícil que es encontrar a alguien con el que ilusionarse. 
Y hablamos de relaciones pasadas, presentes y futuras. 
Y bebimos más cerveza, y más vino, a pesar de que era un jueves y el viernes tenías que entrar a trabajar a las ocho y no habíamos cenado y yo ya arrastraba un poco las erres al hablar. 
Y propusiste ir a tomar una copa.
Y al cogerte la cartera para que no pagaras tú me cogiste la mano y estuvimos así, agarrándonos las manos, como unos cinco minutos mientras la camarera nos miraba con cara de "dejaos de hostias y pagadme de una puta vez" "son doce euros, por favor".
Y me tocaste la espalda y la nuca varias veces.
Y te agarré un par de veces del brazo.
Y mientras hablábamos, nuestras manos no paraban de tocarse.
Y nuestras cabezas cada vez estaban más juntas.


Y, de repente, dijiste de irnos a casa.


Volví a oír el ruído del pub en el que estábamos y a ser consciente de la gente que nos rodeaba, del frío de aquella noche en Santiago y de la acidez que me había provocado la cerveza.

Nos despedimos, en medio de una plaza desierta, con los dos besos en las mejillas más lentos que me han dado en la vida y tu epitafio "cuando vuelvas a Santiago avisa".
Y me fui para casa con la cabeza hecha un lío.

Después de cinco pasos en direcciones opuestas, entendí que no habría un "¡Eh, espera! ¡Qué carallo, tomemos la última!"

Creo que esa noche la gente que paseaba por la calle de San Pedro 
flipó muy fuerte al ver pasar a una gorda semicongelada 
llorando sin explicación. 

Llevo un mes y cinco días dándole vueltas, y sigo sin entenderlo. Y creo que no lo entenderé nunca.

Lo único que sé es que si llego a saber que no volvería a tener contacto contigo, las cosas esa noche hubieran sido de otra manera. Te Hubiera besado, no sé muy bien si con la segunda ronda de cervezas o con la primera de vinos, pero te hubiera besado. Y habría salido por fin de dudas. Porque, aún poniéndonos en el peor de los casos (que es algo que me encanta y se me da de cine), la vergüenza que me hubiera podido ocasionar tu rechazo hubiera durado menos que esta sensación que me devora desde entonces.

Recuerdo un audio tuyo de antes de las vacaciones de verano en el que decías (y cito textualmente*) "ao final sempre [...] habemos cadrar seguro, que ao final a xente atópase. Iso é así"

Hace un mes que no sé nada más de ti. Así que parece que no, que no nos vamos a encontrar.


Querida Distracción con los Ojos Azules y Voz de Narrador©, ojalá todo hubiera sido de otra forma.

Hasta siempre.

***

(Pregunta seria: ¿qué tan mala idea sería coger, copiarle el link de esta entrada y mandársela así, sin más explicaciones?)

*Qué idea más mala esta de volver a escuchar tus audios...


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