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Un niño que quiere crecer

El alumno aplicado de la clase, como dicen acá, el mateo; un poco mamerto, un poco tramposo y bribón pero aplicado y prolijo. Sabiéndose así, potencia su autoestima separándose con cierta impertinencia de sus compañeros, que a su vez lo aislan. Se siente sólo y distinto. Tan arregladito está que se siente mejor que el resto. Los resultados y las notas de la escuela lo validan pero su actitud lo deprime, quiere ser feliz pero no se anima, quiere sentirse libre pero la presión de ser mateo y hacer la tarea es, para él, más importante.

Antaño tuvo un padre, un poco inútil que se inmoló estampando su presencia para siempre, luego vino otro padrastro bastardo, ignorante, malvado y traidor que lo maltrató pero antes de irse dejó toda la casa perfectamente ordenada: claro está, atornillando al piso las sillas, las mesas y los demás muebles. Un orden sin vida pero funcional, especialmente para las visitas que contemplan la casa desde la ventana y se maravillan de tan pulida escenificación. Para ese niño que mora entre esos muebles, la casa se puso triste, aburrida, deprimente. Convertido en el gran alumno ante la mirada de ese Gran Otro llamado mercado… prefiere por un tiempo sostenerse ahí a intentar explorar lo nuevo.

Pero ese niño solitario quiere pensarse adulto y, por eso, decide avanzar (aunque sea tímidamente) hacia lo desconocido. En ese breve caminar, de repente, encuentra algunas llaves y con ellas, inquieto comienza a intentar abrir algunas puertas. Avanza con cierta timidez pero avanza. Sin embargo, de repente, sin más, se abre una de par en par. Ohh sorpresa!! Súbitamente, ve a sus referentes en una fiesta desbocada. Atónito los ve en actitudes non sanctas, coqueteando grotezcamente con la sensualidad de lo oscuro y poderoso. Sufre un shock, queda impactado. ¿Será que la pubertad está cerca? Cómo le duele ver lo que ve!!! Lo que más le choca es esa sensación que lo embriaga, esa tentación libidinal que le incita cierta seducción pero que lo confronta, también, con la miseria de lo humano, de su propia humanidad!!! ¿Eso es crecer? él sabe que sí, pero no quiere aceptar verse a sí mismo a través de la actitud que ve en sus referentes. Algo se rompe en él. Ese niño solitario tal vez podía imaginar lo que vio, pero verlo ante sus propios ojos lo deja estupecfacto, conmovido. Horrorizado, va en busca de otro padre pues todavía se asume un niño indefenso. Llega pues Richard Lakes que vendrá a reestablecer el orden, a aquietar las aguas y dejar todo intacto. Para este niño temeroso, aquella salida a lo desconocido será una tentativa que no se repetirá por años. Recuperada la tranquilidad ya en el espacio dócil, el niño sabe que algún día tendrá que crecer y volver a abrir las puertas, tantas como se puedan pero para ello deberá bancarse el cambio, el cambio real, ese que lo confronta con lo impredecible por que queda claro que todo cambio empieza pero no se sabe cómo termina.


Archivado en: Conciencia Integral Tagged: Cuento


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