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La tortilla corredora



Cuidado al preparar tortillas.
A veces saltan.
Abren puertas con  destreza.
Hablan con ancianos y policías.
Gallos y pajaritos.
Patos del estanque.
El  gigante  que lee Condorito.

Son tortillas gimnastas.
Marcan músculos en sus estómagos.
Practican garrocha y salto alto.
Huelen a mantequilla y huevos.
Calzan zapatillas de clavo.
Bailan tango desnudas.
Beben Pepsi y agua de pozo.

En todas partes dejan su aroma
y su color dorado.
Hachas y cuchillos las persiguen.
Irritan  hambriento.
Terminan siempre calentitas
y en mi boca.



La tortilla corredora
Autor Anónimo
Versión de Educar Chile


Había una vez una familia formada por el papá, la mamá y siete niños, todos de muy buen apetito. Un día la mamá preparó una rica tortilla con harina, huevos, mantequilla, leche y azúcar. Cuando tuvo la masa lista, la puso en el horno. Al sentir en el aire un rico olor, los niños dijeron: - Mamita querida, ¿nos das un pedacito de tortilla? - Todavía no –dijo la mamá-, tenemos que esperar que esté crujiente y dorada. Cuando la tortilla vio aquellas bocas abiertas y aquellos ojos que la miraban con tanta hambre, se asustó muchísimo. ¡No quería que se la comieran! Cuando la mamá abrió la puerta del horno, la tortilla dio un gran salto, rodó hasta la puerta y salió corriendo a la calle lo más rápido que pudo. - ¿Adónde vas? –gritó la mamá. Y tomando una cuchara de palo, salió persiguiendo a la tortilla. Su marido y sus hijos corrieron tras ella, gritando a la gente que pasaba por la calle: - ¡Paren a esa tortilla! ¡Paren a esa tortilla! Pero la tortilla corría tan rápido que muy pronto quedaron atrás. Volvieron a su casa muy tristes y esa noche sólo comieron pan duro. A poco rodar, la tortilla se encontró con un anciano, que le dijo: - ¿Adónde vas tan rápido? Para y deja que te coma un pedacito. ¡Tengo mucha hambre! - ¡Oh, no! –dijo la tortilla-. Acabo de escaparme de una mamá, un papá y siete hijos, todos con hambre. ¿Y quieres que me deje comer por ti? Y siguió rodando. Poco después le salió al encuentro un hermoso gallo. - ¿Adónde vas tan rápido? –dijo el gallo-. Para un poco y deja que te coma un pedacito. ¡Tengo mucha hambre! - ¡Oh, no! –dijo la tortilla-. Acabo de escaparme de una mamá, un papá, siete hijos y un anciano, todos con mucha hambre. ¿Y quieres que me deje comer por ti?

Y echó a correr a toda velocidad. Rueda que te rueda, tropezó con una gorda gallina que estaba al lado del camino. - ¿Por qué corres así? –dijo la gallina-. Para un poco y deja que te coma un pedacito. ¡Tengo mucha hambre! - ¡Oh, no! –dijo la tortilla-. Acabo de escaparme de una mamá, un papá, siete hijos, un anciano y un gallo, todos hambrientos. ¿Y quieres que me deje comer por ti? Y siguió corriendo lo más rápido que podía, cada vez más enojada porque hubiera tanta gente que quisiera comerla. Rodando, rodando, llegó a una laguna y se encontró con un pato. - ¿Adónde vas, tortilla? –dijo éste-. Para un poco y deja que te coma un pedacito. ¡Tengo mucha hambre! - ¡Oh, no! –dijo la tortilla-. Me he escapado de una mamá, un papá, siete niños, un viejo, un gallo y una gallina… ¿Y quieres que me deje comer por ti? La tortilla estaba empezando a cansarse… Pero siguió rodando lo más rápido que pudo. Un poco más allá, le salió al paso un inmenso ganso. - ¿Por qué corres tan rápido? –le dijo el ganso-. Para un momento y deja que te coma un pedacito. ¡Tengo mucha hambre! - ¡Oh, no! –dijo la tortilla-. He corrido mucho. Me he escapado de una mamá, un papá, siete niños, un viejo, un gallo, una gallina y un pato. ¿Y quieres que me deje comer por ti? El ganso se abalanzó sobre ella pero no logró atraparla. La tortilla corría y corría y estuvo a punto de tropezar con un gordo cerdo que dormía al sol. - Buenos días, tortilla- dijo el cerdo, abriendo un solo ojo.

- Buenos días, cerdo- respondió la tortilla sin detenerse. - ¿Por qué tan apurada? - Para que no me comas. - ¿Yo? No te preocupes. No me gustan las tortillas. Te convido a dar una vueltecita por ahí. Como la tortilla estaba muy cansada, le pareció una buena idea dar un paseíto con el cerdo. Caminaron y caminaron hasta que llegaron a un río. - Ahora la cruzaremos y seguiremos andando al otro lado –dijo el chancho. - Yo no podré –dijo la tortilla-. Si me mojo y me empapo, me voy al fondo. - Tienes razón. Entonces súbete a mi lomo. Yo te pasaré a la otra orilla –dijo el cerdo amablemente. - ¡Gracias! ¡Qué amable eres! Y diciendo esto, saltó la tortilla al lomo del cerdo. Este torció entonces el cuello, abrió la boca y, de un bocado, se la comió. Y aquí termina el cuento, porque si ya no hay tortilla, ¿cómo va a seguir?


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