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Una declaración de guerra cobarde y peligrosa


 

El acto de no ceder la presidencia e incitar a la violencia es lo más parecido a una declaración de guerra. 


Es un acto deliberado para perpetuarse a un poder que YA NO LE CORRESPONDE — Donald J. Trump perdió esta contienda.

 

Ayer precisamente, el líder de la mayoría republicana de mayor rango en el Senado, Mitch McConnell selló para siempre esta elección cuando felicitó a Joe Biden por su victoria como Presidente electo y Kamala Harris como la primera mujer vicepresidenta en la Nación.

 

Por increíble que parezca, el presidente lo pasó por alto.

 

Su mensaje inflamatorio dirigido a la médula de un público cautivo que ha dividido la nación norteamericana sigue sin mediar consecuencias. 

 

El ataque constante no cesa a través de sus mensajes en las redes sociales con acusaciones infundadas de Fraude o robo electoral, pretendiendo por el otro lado atribuirse y acreditarse el logro de una vacuna esperanzadora que está a punto de distribuirse. 

 

Joe Biden fue certificado oficialmente ayer en el conteo de votos electorales lo cual ratifica su victoria al igual que a la vicepresidente electa, Kamala Harris.

 

Acto seguido y frente a los micrófonos, Biden defendió a todos aquellos funcionarios y personal de todos los partidos que voluntariamente llevaron a cabo el conteo, refiriéndose a ellos como héroes. 

 

Le dejó saber a la Nación que más de 80 jueces han visto casos judiciales por parte del presidente y su grupo de aliados y una y otra vez, cada uno de esos intentos Han Sido resueltos sin méritos.

 

A pesar de ello, el presidente no le ha concedido la victoria al presidente electo. Por el contrario, ha propagado insinuaciones y malestar de propaganda de extrema derecha que naturalmente ha incendiado la conciencia de una tercera parte de la población.

Un discurso que ha puesto en riesgo todo el componente de una elección libre y democrática, con todo un manantial de odio y menosprecio diseñado a revertir los resultados en su contra y mancillar la reputación de aquellos que no se han prestado para ser partícipes de esa infamia.

 

No importa cuántas veces ha fracasado en los tribunales de justicia, no empece a los intentos descabellados en anular la intención de millones de votantes, al menos los jueces se han colocado como si fuesen un escudo impenetrable ante los disparos falsos de una supuesta elección fraudulenta.

 

Recientemente, hasta el Tribunal Supremo de Estados Unidos al igual que otros foros judiciales de menor rango, han rechazado sus demandas.

 

Ese grupo desleal integrado por congresistas y senadores republicanos han pretendido suprimir la intención de millones de votantes y se han aferrado al poder dentro de la sombra de un presidente que ha utilizado el podio y los micrófonos para suponer teorías de conspiración absurdas mientras instiga e insulta a funcionarios de su propio partido. 

 

Funcionarios que han sido acosados y acorralados con amenazas virtuales y quiénes valientemente han aceptado y protegido los resultados y no se han dejado intimidar por el presidente.

 

Utilizando tretas judiciales donde han buscado invalidar los resultados que no le favorecen, el equipo de abogados del presidente ha tenido que enfrentarse a innumerables derrotas y decisiones adversas a sus imputaciones.

 

Desde algoritmos impensables que intercambian votos hasta expresiones ridículas utilizando testimonios poco creíbles, este grupo republicano que le rinde culto al presidente ha perdido poco a poco todas sus municiones para invalidar el resultado de la elección presidencial.

 

Son los mismos que en las afueras, frente a ese consorcio derechista que los carga, hablan de fraude y de esa conspiración inaudita de países suramericanos que intervinieron en las votaciones, lo cual es falso mientras que en el campo de batalla que son la sala de los tribunales se allanan y la palabra fraude pasa a mejor vida.

 

Desafortunadamente ha habido un daño enorme a la credibilidad institucional de la nación. Prácticamente del grueso de votantes que favorecieron al presidente Trump, el 70% por ciento de ellos está convencidos que se robaron las elecciones.

 

Convencidos de ese supuesto fraude, grupos armados cuya filosofía extremista ha asechado hogares de funcionarios y amenazado consistentemente la paz ciudadana con actos multitudinarios, utilizan la violencia como su modo operacional.

 

Pero todo esto surge a raíz de las expresiones del primer mandatario que los alienta y continua sin concederle la victoria a su oponente.

 

El daño ha sido enorme. 

 

Aun cuando el tiempo es el mejor aliado de la verdad, la bondad y lo que es correcto, pasarán décadas para que las aguas comiencen a llegar a su nivel.



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