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Puerto Rico 1980


La Historia de los pueblos no puede desaparecer en el olvido
¿Olvidar.., quién olvida? — Julio Cortázar

Con un comienzo electoral que se convirtió en un duelo a muerte, repleto de irregularidades. Desde Valencia hasta el Coliseo Roberto Clemente, cuando en la madrugada del 5 de noviembre, pude presenciar al candidato a la gobernación por el Partido Popular Democrático, Rafael Hernández Colón gritarle a este país: “a las trincheras de la lucha”, a pesar que no mucho después se retractó de esas expresiones.

Una década en que murió el político más importante del siglo: Luis Muñoz Marín. Aquellos de nosotros que estuvimos presentes para ver la caravana de carros fúnebres, no podíamos creer la magnitud de miles de seres humanos, arrojados en el Expreso Las Américas (ahora Luis A. Ferré), como espectadores de la partida de una de las personas de mayor trascendencia en Puerto Rico.

Unos años en que contingentes de policías se dieron a la tarea de exponernos ante una violencia que jamás habíamos presenciado y que nos era ajena totalmente a nuestra cultura. De pronto, la policía se convirtió en un espectro, similar a esos procesos de operaciones tácticas e encubiertas  como pasa y ha pasado en Suramérica, donde el poder del estado reside en la falta de libertad y la opresión policiaca o militar.

La muerte de Doña Adolfina Villanueva representó a principios de los 80’s, al menos para mí, en un despertar de conciencia y un abrir de ojos. Para los efectos, como puertorriqueños, supimos desde aquel instante tenebroso, que aquellos que se supone protegerían el bien común de nuestros ciudadanos, nos podían matar en cualquier momento y en cualquier esquina.

1980, representa una época en donde el pensamiento político dejó de ser infantil. De pronto y sin saberlo directamente, algo cambió nuestro rumbo; nuestro modo de pensar jamás sería el mismo. En mi caso particular, hubiese sido imposible permanecer conforme y callado ante la tragedia histórica de circunstancias y hechos políticos que nos han llevado de la mano a procesos de una evidente decadencia. Que es precisamente donde estamos ahora.

Nuestra memoria colectiva no se puede perder en un espacio cultural difícil de descifrar o con el esfuerzo fútil de una doctrina extranjera, que no es parte de nuestra cultura. No se puede perder en el desvanecimiento transcultural de un proceso que comenzó hace siglos. No puede desaparecer en la conciencia de generaciones que han vivido durante años el acoso de  persecución por ideas o relaciones radicales.

Nuestro pasado tiene que estar latente, inscrito y vivo en la conciencia de miles de seres humanos, que como yo, despertaron del sueño colonial para darse cuenta que Puerto Rico no es lo que se nos vendió en un momento dado.

El principio de nueva era

Licdo. Rafael Hernández Colón, Candidato a Gobernador por el Partido Popular Democrático
El miércoles, 5 de noviembre de 1980, una multitud invadió los predios del Coliseo Roberto Clemente, dirigidos por el candidato del principal partido de oposición política, Rafael Hernández Colón.

Luego de las 3:00 de la madrugada, esa misma multitud se colocó en frente a la entrada del mismo Coliseo, justo detrás del portón que da acceso a esas facilidades, teniendo cara a cara el escuadrón de la fuerza de choque de la Policía de Puerto Rico.

Incluso, el Lcdo. Juan Mari Brás, candidato por el Partido Socialista, llegó a los predios del Coliseo indignado por la forma y manejo de los cómputos hasta esa hora.

El Representante de la Cámara para esa misma época, Severo Colberg y el Comisionado Electoral del Partido Popular Democrático, Héctor Luis Acevedo, se vieron obligados a hacer uso de altoparlantes para dirigirse al gentío que había recibido un llamado horas antes por el presidente y principal opositor del Partido Nuevo Progresista.

A esa misma hora, 3:00 de la madrugada, Hernández Colón acusó a Carlos Romero Barceló de ser un “dictador latinoamericano” y de haber dado un “golpe de estado a la democracia puertorriqueña”. Ante los ojos de miles de personas que habían ejercido su derecho al voto y ante los medios del país que en ese momento se arremolinaban en los cuarteles centrales de dicho partido, ese mismo candidato le hizo un llamado revolucionario a sus seguidores: “¡Populares, a las trincheras de la lucha!”.

En el Comité Central del Partido Popular, miles de partidarios gritaban “Romero y Somoza son la misma cosa”, al momento en que llegó Rafael Hernández Colón. El candidato por el Partido Popular afirmó que esa declaración de victoria del Lcdo. Carlos Romero Barceló lo colocaba a él en el mismo nivel de Trujillo y Somoza, dictadores de Santo Domingo y Nicaragua respectivamente.

En el edificio Valencia, donde en principio se habían trasladado el conteo de los votos, el sistema computadorizado sufrió presuntamente un colapso. A las ocho de la noche un Oficial de la Comisión Estatal de las Elecciones le dijo a este pueblo  que “había fallas en el sistema de impresión por las computadoras y que se estaba trabajando el sistema para ponerlo al día”. “La anomalía es una falla electrónica” dijo Gerineldo Barreto, Jefe de la Agencia.

Cuatro semanas después, y con una ventaja de 1,936 votos, el Lcdo. Carlos Romero Barceló obtuvo el triunfo como gobernador de Puerto Rico. Esto, y a pesar de recuentos voto a voto e impugnaciones que llegarían hasta el más alto foro judicial: El Tribunal Supremo. La decisión no se hizo esperar, el poder ejecutivo quedaría en manos del Partido Nuevo Progresista. En el Senado prevaleció como Presidente de ese Cuerpo el Lcdo. Miguel Hernández Agosto y en la Cámara de Representantes, los dos primeros años del cuatrienio estarían bajo la presidencia de Severo Colberg.

Así las cosas, comenzó esta década. Una nueva era que estuvo plagada de serias irregularidades desde sus inicios. Con un ambiente político, cuyo gobierno electo habría de cargar para siempre el estigma de un sistema fraudulento que provocó la derrota del partido opositor.

Con un gobierno cuyo resultado electoral estaba en entredicho y cuyos resultados oficiales no se verían hasta semanas después. Con un cuerpo legislativo dividido y un sistema de fuerza y un orden policíaco matizado desde mucho antes por actos de brutalidad e injusticia ciudadana, así dio comienzo la década de 1980, aquí, en Puerto Rico.

Asesinos en uniforme

NOTA: La División de Operaciones Tácticas (DOT) nació en el año 1962 bajo el nombre de la Unidad de Reserva Especializada. Su propósito principal era intervenir en situaciones de alto riesgo que pusieran en peligro la vida de la ciudadanía y la de los policías.

El pasado 6 de febrero de 2010 se cumplieron más de 30 años de la muerte de Adolfina Villanueva en Medianía Alta, Playa Tocones en Loiza. La mujer que vivía en una casa de madera junto con sus hijos y esposo resultó muerta en el operativo en que 6 alguaciles y 16 agentes de la policía ayudaban a ejecutar una orden de desahucio.

Doña Adolfina Villanueva fue alcanzada por un tiro de escopeta por parte de uno de los agentes de la “fuerza de choque”, en otras palabras de la Unidad de Operaciones Tácticas de la Policía de Puerto Rico. También resultó con heridas de cuidado, su esposo Agustín, quien todavía vivo decidió permanecer en el suelo inmóvil para que los agentes no continuaran disparándole.

Marta Villanueva, hermana menor de Adolfina relató el incidente y expresó que si su cuñado no se hubiera hecho el muerto, lo habrían acribillado a tiros también. Dado de alta posteriormente, Agustín identificó al agente Víctor Estrella como el que le disparó a su esposa y quien resultó absuelto de los cargos posteriormente, en el juicio.

Doña Marta afirmó también en su declaración que no se pudo probar la premeditación y que la demolición de la estructura de madera destruyó la evidencia física sobre la procedencia de los proyectiles por parte de los agentes.

Este caso conmovió al pueblo de Puerto Rico y se convirtió desde entonces en un símbolo de lucha en contra del desarrollo desmedido y la lucha de clases entre los pobres y aquellos que tienen más.
Ante el recordatorio de la muerte de Doña Adolfina, retumbaba el eco profundo de una pregunta sin respuesta que truena contra los más altos intereses económicos del estado:

“¿por qué tenían que matarla?”, preguntaba uno de los vecinos durante la recordación.

Este incidente, fue el segundo detonante de una época de violencia social, policial y política en contra de personas pertenecientes a una clase social específica. Los pensamientos políticos opuestos no habrían de tener cabida bajo un sistema opresor en esta década, cuyo desenlace veríamos más adelante y sobre el cual se desarrollaría el evento cumbre de ese estado político policial evidente: los famosos Sucesos sobre los Asesinatos en el Cerro Maravilla. 

“Ha muerto el último de los próceres”

Don Luis Muñoz Marín
El 30 de abril de 1980 murió a sus 82 años, Don Luis Muñoz Marín. El duelo nacional en que se sumió Puerto Rico no tiene precedentes en su historia.

El periódico Nuevo Día detuvo sus prensas a las 3:15 de la madrugada para cambiar su portada así como la información editorial de 5 de sus principales páginas en el interior del periódico. De hecho, El Nuevo Día fue el único periódico que reseñó la noticia de su fallecimiento.

La solemnidad de los actos en ocasión de su muerte estuvieron presididos por Don ‘Pepe’ Figueres, ex presidente de Costa Rica y Don Rómulo Betancourt, ex presidente de Venezuela, respectivamente. El féretro salió del Capitolio en manos del pueblo y la inmensa procesión fúnebre de San Juan a Barranquitas duró 12 horas y constituyó el entierro más concurrido en la historia puertorriqueña.

La muerte de Muñoz Marín abrió para siempre una puerta generacional sobre la cual otros líderes se aprovecharon y encontraron el camino abierto para sus aspiraciones políticas. Su muerte aceleró también cuestionamientos directos sobre su vida y obra; tan es así que muchos de los análisis políticos contemporáneos colocan la obra de Muñoz como parte de un acuerdo que jamás llegaría a ser propio sino parte de aquellos que se imponen en contra de los territorios que similar a una colonia, sus decisiones le pertenecen a otra nación extranjera.

La idea de un nuevo estatus político y los acuerdos de ley, para eliminar elementos racistas y discriminatorios que prevalecieron como elementos constitucionales desde la invasión norteamericana, le dieron a Muñoz un apoyo colectivo y masivo que ningún otro líder de cualquier partido político ha tenido en nuestra historia reciente.

A pesar de tener todo esto a su favor, la persecución, apresamiento y las torturas efectuadas durante su mandato contra Pedro Albizu Campos prevalecen como una nube negra que nunca habrá de disiparse para aquellos de nosotros que no tapamos el cielo con la mano.

“Heridos en el motín en UPR, estudiantes y policías”

Asamblea Universidad de Puerto Rico, Río Piedras
La prensa desplegaba los incidentes en la Huelga de la UPR
El 26 de noviembre de 1981, la primera plana del periódico El Vocero de Puerto Rico desplegaba con fuerza una fotografía de los enfrentamientos entre policías y estudiantes en la Avenida Ponce de León, frente por frente a la Universidad de Puerto Rico.

Un camión de arrastre que le servía a Alejandro y a sus dirigentes como tarima para expresión pública fue objeto en un atentado violento en contra del estudiantado. No bastó el esfuerzo de Michael Godreau, profesor de la UPR y el Lcdo. Víctor García San Inocencio para mediar entre los estudiantes y la policía para que éstos multaran a los vehículos, incluyendo el camión de arrastre que utilizaba el liderato estudiantil.

El Coronel Juan E. Pedrero se mantuvo firme en sacar la plataforma del lugar. El Comandante de la Policía, Juan Rosa Castro le dio instrucciones tajantes a los estudiantes, para que no tan sólo sacaran a los vehículos estacionados allí, sino que sacaran del medio al camión de arrastre.

Los estudiantes procedieron a pedirle al Comandante que les diera las infracciones de tránsito pero el Comandante Rosa Castro le respondió a los estudiantes que “NO”. –“Si no los sacan, los vamos a sacar en grúa-“ afirmó. Acto seguido y mientras la Asamblea seguía su curso, la fuerza de choque llegó al lugar y se apostó cerca del portón que da al Museo. Uno de los estudiantes le indicó a los suyos por medio del micrófono la orden del comandante para desalojar los vehículos, sobre todo el camión de arrastre.

A las 12:35 del mediodía la fuerza de choque estaba lista para actuar. Los estudiantes comenzaron a moverse hacia el camión para realizar un cordón humano alrededor de la plataforma respondiendo así al llamado urgente de su dirigente. Minutos después comenzó el enfrentamiento. Unos 15 miembros de la fuerza de choque, dos esgrimiendo armas largas y los demás apuntando con revólveres y macanas iniciaron el operativo “limpieza” contra los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico.

Cientos de estudiantes fueron desalojados a la fuerza mientras que los periodistas fueron forzados por esta misma fuerza policíaca a mantenerse a la distancia.Por otra parte, la esquina de la Gándara y la Ave. Ponce de León estuvo “caliente” al ser escenario de dos grandes tiroteos al enfrentar una lluvia de piedras en los violentos sucesos  entre estudiantes universitarios y la fuerza de choque.

Varios de los agentes que llegaron al lugar se desmontaron de sus vehículos disparando a diestra y siniestra. Dos de ellos corrieron unos 20 pies cuando de pronto en medio de la gritería, uno de los agentes con guayabera amarilla dijo haber visto un estudiante con una “magnum” en su poder.

Entre tanto, el Gobernador de Puerto Rico, Carlos Romero Barceló expresó como parte de sus declaraciones que “el pueblo de Puerto Rico tiene la garantía de que no se permitirá que grupos que atentan contra nuestra libertad y clima democrático, se impongan en nuestro pueblo”.


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